Clave Digital
SANTIAGO.-La
Oficina de Desarrollo Humano del PNUD en República Dominicana, en su
informe correspondiente al 2005 concluía, de forma categórica y
aleccionadora, que el reducido nivel de desarrollo humano en la
sociedad dominicana no era el resultado de la falta de recursos, sino
el fruto de un liderazgo nacional no comprometido con el desarrollo y
el fortalecimiento institucional, así como por el bajo nivel de
empoderamiento de los sectores mayoritarios excluidos de las
capacidades y oportunidades que debería ofrecer un verdadero estado
social de derecho.
En esa ocasión se resaltó el hecho de que la economía dominicana en
las últimas décadas había experimentado un importante nivel de
crecimiento. Sin embargo, este crecimiento no se tradujo en Desarrollo
Humano, sino por el contrario ha creado un estado social de
desigualdad que condena a las mayorías a la pobreza y a una minoría
privilegiada a concentrar las riquezas generadas por el crecimiento. Se destacó la debilidad institucional del Estado como factor causal
de ese desequilibrio. El país ha sido regido por “un estilo de
crecimiento económico y de ordenamiento institucional que crea riqueza
reproduciendo miseria”, dice el Informe. El Informe de Desarrollo Humano del PNUD para el 2008, nos presenta
un laborioso estudio y análisis que describe y recorre la anatomía del
desarrollo desigual que caracteriza la vida dominicana. En esta oportunidad el PNUD nos trae como conclusión general que el
Desarrollo Humano es una cuestión o asunto de poder, sentenciando que
“la posibilidad de lograr desarrollo humano en el país depende de que
se alteren las relaciones de poder que aseguren el pleno estado de
derecho.” A manera de conclusión el informe plantea las siguientes proposiciones: · La desigualdad que se da en la distribución de las
capacidades y oportunidades según provincias, también se observa al
interior de éstas, así como entre barrios, grupos y personas. En el
país hay provincias con grandes privaciones para su gente y otras que
están mejor situadas. · En República Dominicana el acceso a la educación, la salud,
el empleo de calidad, así como otras capacidades esenciales para el
Desarrollo Humano, no esta garantizado por el Estado de forma
equitativa. Este acceso depende de la zona en la que viva la gente, la clase
social a la que pertenezca, el sexo o la capacidad de incidencia
política que posea. · Hasta ahora, las estructuras de poder no han generado
desarrollo humano. La estructura de poder ha fallado en la construcción
de una sociedad que garantice el desarrollo humano de la gente. También
han fallado los partidos políticos por su inclinación y apego al
patrimonialismo y al clientelismo. · Sin una modificación de las relaciones de poder será muy
difícil que las personas tengan acceso equitativo a las capacidades y
oportunidades. Por eso hay que propiciar un proceso de movilización
colectiva que empodere a las masas para que se abran espacios de
participación a nivel local, provincial y nacional. Derivado del amplio y detallado análisis del informe, se definen los
elementos de una estrategia de transformación de las relaciones de
poder, basada en el empoderamiento de la población, la
descentralización y la desconcentración de los recursos que circulan en
la relación Estado, Poder Local y Ciudadanía. De ese modo se busca
superar la deficiente institucionalidad actual que provoca el bajo
nivel de Desarrollo Humano en nuestro país. Estas conclusiones son pertinentes para referirnos a dos aspectos
que surgen de la reflexión sobre el denso contenido del informe del
PNUD. En primer lugar, la complejidad de la metodología desarrollada y el
abundante banco de datos requerido para la preparación del informe, nos
lleva a reconocer, tal como lo hacen sus autores, las grandes
dificultades y debilidades que se dan en nuestro país para disponer de
los datos e informaciones exigidos. Estas debilidades se dan por el escaso desarrollo de los sistemas de
generación de información dentro de las dependencias públicas y la
incapacidad de estas para proveer informaciones validas, coherentes y
en serie, segregadas a nivel nacional, provincial y local. Estas debilidades, sin embargo, no fueron graves obstáculos para que
los investigadores pudieran presentarnos una interpretación enriquecida
sobre nuestros niveles de inequidades sociales, económicas e
institucionales. La debilidad en la base de datos institucionales exige grandes
esfuerzos a fin de que las autoridades dispongan de sistemas de
generación de informaciones instalados y funcionando, de manera tal que
el país pueda estar dotado de un banco de datos con informaciones
creíbles y validas que faciliten la reflexión comprensible sobre
nuestra realidad social. En segundo lugar, la penetración en las interioridades de la red de
los índices de empoderamiento humano puede llevar a la tentación de
fundir y confundir los efectos, reveladores de las desigualdades, con
los factores causales de la mala distribución de un poder, que hasta
ahora asume una forma asimétrica en su distribución. Es decir, que el poder (político, económico y social) lo concentra,
lo acumula y lo ejerce una minoría, mientras que la gran mayoría
resulta excluida y empobrecida al quedar marginada de los beneficios
económicos del crecimiento. La confusión entre los efectos y las causas nos podría conducir a
una especie de tautología con graves y serias consecuencias al momento
de aplicar la estrategia de acción encaminada a superar el déficit
expresado en el bajo nivel del índice de empoderamiento humano. Para evitar esta distorsión interpretativa es imprescindible
complementar el análisis del poder, a partir de un modelo que conecte
los procesos económicos, tecnológicos, culturales y psicosociales que
determinan las modalidades del poder. En nuestra sociedad, caracterizada por un capitalismo atrasado, y
manejado a través de una institucionalidad informal y primaria (cuasi –
familiar), con algunas apariencias de modernidad que con frecuencia
sirven más para fortalecer y consolidar patrones económicos y políticos
de la tradicionalidad, las actividades económicas se dan a través de
unidades productivas y de servicio cuya dinámica no facilita con
fluidez y coherencia la asimilación de la tecnología y sus
innovaciones, de manera que las funciones de producción, distribución y
consumo no se operan con el dinamismo que se observa en las economías
avanzadas. Por tales razones no hay precios de mercados, hay precios y sistemas
de intercambio administrados oligarquicamente. Pero esta lógica también
se reproduce en la política. No tiene gran valor legitimador el voto
popular como fuente de distribución del poder político en teoría
democrática. Lo que se da es una transferencia y afirmación del poder a favor de
aquellos grupos o agentes políticos con capacidad financiera para
persuadir a los electores y así agenciarse los votos del “soberano”.
Así el poder también se afirma oligarquicamente. Ese poder asimétrico no solo nace del sistema económico, tecnológico
y cultural, sino que se interioriza en el psiquismo colectivo e
individual en la forma de un programa autoritario que reproduce un
comportamiento pasional y arbitrario, cuya manifestación de
inteligencia se confunde por lo general con la “brutalidad”. De esta manera se completa y se cierra el círculo vicioso del poder
desigual en una sociedad como la nuestra, cuya evolución aun transita
por un capitalismo atrasado. Estas reflexiones vienen a propósito de que es inevitable distinguir
los factores y procesos que determinan el poder y su formato de
distribución, para luego entender porqué los efectos y condiciones que
integran el índice de empoderamiento, asumen los valores nacionales,
regionales y provinciales que el Informe de Desarrollo Humano nos ha
presentado con lujos de detalles. También valen estas consideraciones para ponderar con justicia y
validez, las líneas de acción estratégicas que intentan conectar el
contenido del diagnostico sobre Desarrollo Humano con las políticas y
mecanismos que se habrán de poner en marcha para superar las barreras
que impiden un desarrollo económico y social con mayores niveles de
equidad y efectividad. Estamos de acuerdo con el énfasis del PNUD, en el sentido de que el
empoderamiento de la población, para un desarrollo humano más
equilibrado, exige como condición la movilización política. Pero esta
tiene que estimularse y orientarse sobre la base de un ideario político
fundamentado en un modelo de explicación e intervención que conecte los
procesos y políticas económicas a implementar, con los requerimientos
tecnológicos, culturales y psicosociales que promuevan un sujeto
nacional que sustente el desarrollo. Hasta ahora el sujeto dominicano, tan cargado de ignorancia y
emotividad, así como de valores y actitudes producido en el contexto de
un orden social fundamentado en la legitimidad de las diferencias y las
desigualdades, no sustenta el desarrollo humano postmoderno. Finalmente, reconocemos el valor teórico y metodológico del informe
sobre el desarrollo humano y exhortamos al PNUD a que prosiga por esta
línea de conceptualizacion, hasta que la cuestión del desarrollo humano
deje de ser en nuestro país un asunto de poder y llegue a ser una
realidad garantizada por un Estado Social de Derecho. (*) Comentario sobre el informe del PNUD.
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