Corrientes Noticias
Liliana De Riz, coordinadora del equipo de Desarrollo Humano-Argentina
Mano a Mano: El 15 de diciembre salió a la luz el Informe de Desarrollo
Humano Argentina 2005. En esta ocasión, el informe conserva el enfoque
territorial adoptado en el informe de 2002 y explora las creencias y
aspiraciones de los argentinos y argentinas. Liliana de Riz comenta los
principales hallazgos de este INDH en la siguiente entrevista.
¿Cuál es el tema central del IDH Argentina 2005? ¿Cómo se estructura?
El Informe de Desarrollo Humano 2005 “Argentina después de la crisis.
Un tiempo de oportunidades” mantiene continuidad con el que elaboramos
en 2002. Conserva un enfoque territorial, que nos parece muy importante
para mirar un país que es tan diverso, pero a la vez, también analiza
creencias y aspiraciones de los argentinos y argentinas. Pusimos el
énfasis en el compromiso con la vida pública, la obediencia a la ley,
la confianza en las instituciones, pilares todos de la democracia. Del
mismo modo, analizamos la solidaridad, la asociatividad, la capacidad
de generar capital social, que son motores del desarrollo.
En este informe tomamos la región Norte de Argentina, la zona crítica,
donde realmente la pobreza estructural es un rasgo identificatorio.
Hicimos este análisis con el telón de fondo de la situación del país:
una Argentina que sale de la crisis, que ha torcido el rumbo de la
decadencia y que muestra una sorprendente transformación en la
tendencia de los indicadores económicos y sociales.
El informe señala que para convertir las oportunidades que hemos
observado en la economía, en la sociedad y en la política, es necesario
promover políticas que cultiven actitudes cívicas. Virtudes como la
responsabilidad y la solidaridad son una condición necesaria para
enfrentar desafíos como la pobreza que la Argentina hoy tiene, que como
ya se decía en el informe del 2002, no va a desaparecer de la noche a
la mañana.
Tampoco va a cambiar de un día para otro la destrucción del aparato
productivo que se produjo en la década de los noventa; fenómeno que se
traduce en que no todas las economías regionales pueden aprovechar las
oportunidades que hoy el mundo le ofrece a la Argentina. Por ejemplo,
el Norte ha de crear condiciones que hoy por hoy no tiene.
Se necesita una variedad de políticas para ir resolviendo los problemas
de pobreza y desigualdad del ingreso que incluyen, entre otras:
inversiones en capital humano (educación, capacitación, salud); en
infraestructura; en ciencia y tecnología; en democratizar el acceso al
crédito y a los servicios financieros; en microcrédito y asistencia
tecnológica para el desarrollo productivo local; en mecanismos de
transferencia de ingreso para grupos vulnerables y fortalecimiento de
las familias; en mejoras en la participación, transparencia y calidad
institucional de la gestión de gobierno.
Estamos convencidos de que las creencias y las aspiraciones de las
personas cuentan tanto como las instituciones o el mercado para
encaminar al país en el rumbo de un desarrollo humano. Por eso mismo,
no es caprichoso el doble modo de encarar este informe tanto desde el
punto de vista de la dimensión subjetiva de las acciones sociales,
cuanto desde el punto de vista de las condiciones sociales de vida.
¿Cómo fue su proceso de elaboración? ¿Quiénes participaron?
Seguimos una metodología que ya habíamos puesto en práctica para
preparar el informe 2002. Se conformó un comité asesor integrado por
distinguidas personalidades del mundo académico, político, empresarial,
del periodismo y de las organizaciones de la sociedad civil y se
realizaron reuniones de las que participaron intelectuales, académicos,
miembros de organizaciones de la sociedad civil, políticos y
periodistas. Con ellos y ellas discutimos las principales hipótesis, la
estrategia de trabajo y los hallazgos. Fue un proceso sumamente
enriquecedor, que hace que el informe sea el fruto del intercambio de
ideas y por tanto, de un esfuerzo colectivo.
¿Se desprende del Informe que el gran desafío de los argentinos pasa por superar una crisis de valores?
Realmente, el gran desafío pasa por vencer creencias muy tenaces en los
argentinos. Cuando digo creencias tenaces, me refiero a la convicción,
nacida de la experiencia cíclica, de que las cosas buenas duran poco y
que si estamos bien es porque pronto vamos a estar mal. En nuestra
investigación, como se verá cuando lancemos el informe, hemos
descubierto una gran apertura en esta dimensión subjetiva de las
creencias. Pensamos que hay una oportunidad para quebrar creencias
tenaces, para apostar a que se puede sostener un rumbo de progreso
social.
¿Cuáles son los otros desafíos y sugerencias finales que plantea el informe?
Un gran desafío es cultivar virtudes cívicas como la responsabilidad,
la solidaridad, la confianza en los demás y en las instituciones. El
informe enfatiza que no basta con predicar las virtudes cívicas para la
clase política y constatar que pocos políticos las tienen, sino que son
también virtudes que debe tener cualquier un ciudadano. Los argentinos
quieren transparencia en la gestión de lo público y quieren una
sociedad más justa para todos.
La argentina convive con una pobreza estructural que requiere políticas
de mediano y largo plazo porque de esta situación no se sale de un día
para otro. Hay que tener políticas asistenciales, son indispensables,
pero hay que pensar en el mediano y largo plazo. Argentina está
avanzando en esta dirección. El propósito es contribuir a encontrar
respuestas que construyan un país bien unido, donde no haya los
contrastes que hoy existen entre regiones, ni la desigualdad que se
registra entre sus habitantes.
Nosotros elegimos el Norte, no sólo porque hay pobreza extrema, que
también la hay en el Gran Buenos Aires o en otras regiones del país,
sino porque hay limitaciones que se reflejan en los más bajos niveles
del índice de desarrollo humano. Debemos promover tramas productivas,
agregar valor a nuestros recursos, capacitar, innovar en tecnología. La
Mesopotamia, por ejemplo, puede ser un gran complejo maderero-
industrial. La idea es dar prioridad a los grupos y a las regiones más
vulnerables.
Tendremos que dejar atrás los enclaves locales para crear redes
productivas que generen riqueza y trabajo En la zona norte del país
encontramos mucha gente joven beneficiaria de los planes jefes y jefas
del hogar. Se trata de romper el ciclo de pobreza intergeneracional.
Si comparamos el mapa del desarrollo humano de la Argentina en el 2002
y en el 2005 ¿qué conclusiones se pueden obtener teniendo en cuenta que
el IDH 2002 describe un país en crisis, y el IDH 2005 caracteriza un
país saliendo de la crisis y en crecimiento?
El índice de desarrollo humano es una medida compuesta de datos tales
como logros educativos, vida larga y saludable y nivel de vida digno.
Es útil, sobre todo para comparar a los países en términos de los
progresos realizados. No es una medida sensible para las diferencias
dentro de cada país como tampoco lo es al impacto de las coyunturas
críticas. ¿Por qué? Porque la educación y la salud cambian muy
lentamente y los efectos de las condiciones de vida están neutralizados
en parte por tratarse de promedios familiares. Resumiendo, el índice de
desarrollo humano no es una medida que sea sensible a cambios de corto
plazo. De todas maneras, hay una leve mejoría entre 2002 y 2004.
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