La Republica
Por Alberto Couriel |*|
El "Informe sobre desarrollo humano en Uruguay 2008. Política, políticas y desarrollo humano" del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo bajo la coordinación general de Constanza Moreira es un excelente trabajo con aportes importantes al conocimiento económico, social, político y cultural del país. Realiza un aporte relevante sobre la cultura política de los uruguayos a través de una encuesta de opinión pública diseñada a dichos efectos.
"Los uruguayos se sienten mayoritariamente orgullosos de su nacionalidad y este orgullo, aun cuando comprende grados diversos, abarca a más de ocho de cada diez personas: más de la mitad (55,3%) dicen sentirse muy orgullosos de ser uruguayos y más de un cuarto adicional (28,2%) bastante orgulloso." "El principal motivo de orgullo refiere a la cultura, la idiosincrasia y la forma de ser nacional (23,6%) y en segundo lugar a cosas tales como la seguridad, tranquilidad y paz (14,2%) y una cuestión que podría denominarse las raíces, que alude a cosas tales como el lugar de nacimiento y las relaciones sociales que en él se generan (13,9%)". Los que estuvimos en el exilio valoramos enormemente de Uruguay la igualdad en las relaciones personales y tenemos muchos recuerdos de solidaridad y de acciones colectivas y, sobre todo, revalorizamos la democracia como un estilo de vida, como un fin en sí mismo, por el respeto y la tolerancia al otro, el de otros valores, otras culturas, otras religiones y su ética de equidad e igualdad. Por supuesto además de nuestras comidas y nuestras costumbres.
"Uno de los rasgos claramente distintivos de la cultura política uruguaya es el nivel de apoyo público a la democracia, que puede considerarse alto, extendido y homogéneo, especialmente si se lo considera con América Latina y el Cono Sur. El análisis sugiere que las diferencias entre Uruguay y esos dos contextos no se deben a las disparidades sociales, de evaluación política coyuntural o de posturas ideológicas, y ello permite postular la existencia de una cultura política democrática particular y con raíces históricas relativamente profundas." Una proporción muy importante de los votantes (36,7%) justifica su elección en aspectos programáticos y el 22% menciona al partido, en cambio sólo el 12,9% se inclina por el factor personal mencionando al candidato o líder partidario. El Informe del PNUD elabora un índice de la democracia que varía desde 1 el mínimo apoyo público a la democracia hasta 4, que indica el máximo apoyo público a la democracia. El índice para Uruguay alcanza a 3,1, mientras que el conjunto de los países de América latina obtienen un índice de 2,7. Los índices por encima del promedio corresponden a Montevideo, al sexo masculino, a los de más de treinta años, a los de nivel educativo terciario, a los de nivel socioeconómico medio y alto y a los de centro izquierda. Es muy significativo el apoyo a las instituciones políticas que manifiestan los uruguayos. El 79% cree que sin Parlamento no puede haber democracia y este dato alcanza al 59% para los latinoamericanos. El 77% cree que sin partidos políticos no puede haber democracia mientras que para América Latina lo hace el 55%. La cultura democrática de los uruguayos es muy relevante. Es una sociedad muy informada, que le gusta votar. En realidad el día de las elecciones es un día de fiesta nacional. En mi experiencia política pude constatar que en cualquier radio de Uruguay, y a cualquier hora, si se abren los micrófonos a la participación de los oyentes, surgen inmediatamente preguntas, cuestionamientos, ideas que marcan la cultura política de los uruguayos. Como parte de esta cultura se muestra una preocupación importante por la desigualdad que se percibe como un obstáculo para el desarrollo. En nuestra estadía en la Nicaragua sandinista de principios de los ochenta, los simpatizantes de Robelo, un empresario que había renunciado a su cargo en el Ejecutivo inicial del proceso revolucionario, quisieron realizar un acto público como demostración de apoyo. El gobierno discutió si se les permitía realizarlo, y luego si se podía realizar en local abierto o cerrado. Se resolvió en local cerrado, pero surgieron una serie de manifestantes que impidieron que se efectivizara la reunión pública. Los partidarios de Robelo quisieron realizar la denuncia en el Parlamento de la época, pero no pudieron porque no estaba en el orden del día. Es una anécdota demostrativa de la inexistencia de una cultura política afectada por décadas de dictadura somocista.
Importa destacar "el estatismo uruguayo, es decir, el aprecio por una intervención importante del Estado en la vida económica, que sigue siendo distintivo y es, sin duda, una herencia de la cultura batllista recogida por la cultura de la izquierda." "Se inclinan claramente por una fuerte participación estatal en la economía y porque en sus manos esté la mayoría de las actividades estratégicas; una cuestión que más allá de matices, abarca a todos los grupos de la población." Relevantes políticos y analistas chilenos como el senador Carlos Ominami y Manuel Antonio Garretón, explicitan que el Estado chileno no puede atender las demandas de la población sobre los problemas y dificultades que ocasionan los servicios públicos porque estos son privados, o muy deficitarios cuando se encuentran en manos del Estado.
"La cultura política de los uruguayos sigue revelándose como un soporte importante del sistema... La sociedad parece encontrarse en un momento particular, en el que ha moderado el ya clásico escepticismo sobre la situación económica y su futuro. Si bien existen quejas sobre el presente, el horizonte se ve de manera bastante más auspiciosa que en diferentes momentos a lo largo de la misma década. Los problemas del país vinculados a la economía siguen siendo considerados los más importantes (lo que revela la angustia existencial de los uruguayos con el desarrollo), pero se constata una mayor preocupación por temas tales como las condiciones de trabajo, los niveles de ingreso o la pobreza y la marginalidad, es decir, una mayor preocupación por la cuestión social."
En esencia, un excelente trabajo del PNUD que muestra una sociedad muy politizada, con muy fuerte apoyo a la democracia y sus instituciones políticas, con mayor optimismo sobre la economía desde la llegada al poder político del Frente Amplio, lo que diferencia a Uruguay muy positivamente con respecto al resto de los países latinoamericanos.
|*| Senador por la 609-FA, economista
Return to the list <<<<<