Diario CoLatino
Francisco Martínez
Lic. en Contaduría Pública
Este 7 de
octubre de 2008, se desarrollará la Jornada Mundial de Acción para el
Trabajo Decente, convocado por la Central Sindical Mundial, el cual
brinda un marco oportuno para reflexionar sobre las condiciones del
Mercado de Trabajo Salvadoreño, particularmente las condiciones de los
trabajadores.
En primer lugar, es importante señalar que en 1999
el Director General de la Organización Internacional del Trabajo (OIT),
Juan Somavia, en su informe a la Conferencia Internacional del Trabajo
expresó “…una globalización justa, empleos que reduzcan la pobreza y la
promoción del desarrollo a través del acceso al trabajo decente, son
pilares de la estabilidad mundial..” proclamó como objetivo prioritario
la promoción del trabajo decente, definido este como “trabajo
productivo en condiciones de libertad, equidad, seguridad y dignidad,
en el cual los derechos son respetados y cuenta con remuneración
adecuada y protección social”.
Entonces al referirnos a esta
Jornada Mundial hay que reflexionar que en un país, para que se goce de
pleno un trabajo decente, se debe asumir éste como un derecho humano
fundamental, de hecho en nuestra Constitución en su Artículo 2 se
reconoce al trabajo como un derecho y en el Artículo 37 cn. Se reconoce
que el trabajo es una función social, que goza de la protección del
Estado, y no se considera artículo de comercio. Además en ese mismo
Artículo, se le confiere al Estado (por ende a sus funcionarios), la
responsabilidad de emplear todos los recursos que estén a su alcance
para proporcionar ocupación al trabajador, manual o intelectual, y para
asegurar a él y a su familia las condiciones económicas de vida digna.
En ese contexto, la existencia de trabajo decente, precisa de:
*
La promoción de los derechos fundamentales de los trabajadores,
relativos estos a la mejora continua de las condiciones de trabajo, a
la libertad de sindicalización y a la libertad de contratación
colectiva.
* Además, se requiere de una política de acceso a
trabajo productivo, o sea promoción de empleo de calidad tanto en sus
formas como en sus condiciones, que se de en igualdad de oportunidades
para hombres y mujeres independiente de sus edades y credos; así como
que promueva y facilite el desarrollo de competencias laborales.
*
Es importante que se asegure la calidad humana del trabajador, para
ello se debe tener políticas previsionales que promuevan la Seguridad
social, en lo relativo a la salud, los riesgos laborales, la cesantía y
la perdida de los medios de subsistencia de los trabajadores.
*
También, debe ser promovido el Diálogo Social, que haga a los
trabajadores y sus organizaciones sujetos del desarrollo, que les
asegure su autonomía frente a otros actores sociales, sean estos
políticos o económicos, que les de participación activa y reconozca su
interlocución en el trato de los problemas que los aquejan y la
búsqueda concertada de soluciones.
Ahora bien, siendo el trabajo
decente un derecho humano y social, reconocido por nuestra Constitución
y por los Convenios de la OIT, y otros foros, este, no se puede
desarrollar si no existen condiciones de LIBERTAD, tanto de
organización como de contratación, sin que las reglas del juego estén
determinadas, en el mercado de trabajo salvadoreño, por el capital.
Se
requiere igualmente, que exista EQUIDAD, en lo salarial, justa
remuneración, incrementar la productividad y acceder a una mayor
participación de los trabajadores en la distribución de los beneficios.
Es preciso que haya SEGURIDAD, en lo económico, lo social y lo
jurídico, para poder tener sostenibilidad del desarrollo. Se debe
contar con un marco que asegure la DIGNIDAD de los trabajadores,
eliminando las prácticas inhumanas de trabajo, promoviendo valores de
equidad, solidaridad y responsabilidad.
En síntesis se requiere impulsar el trabajo decente, para que los seres humanos se realicen socialmente.
El
trabajo decente, en El Salvador, es materia pendiente, falta una
política pública de empleo, que respete la libertad de los
trabajadores, que el empleo se promueva en igualdad de oportunidades
con justa remuneración para hombre y mujeres, con seguridad social;
y, la procuración del mejoramiento continuo de las condiciones de
trabajo.
Por tanto, no basta con declaraciones, se requiere
mayor compromiso y voluntad política de cumplir con la demanda
insatisfecha de miles de ciudadanos salvadoreños que sobreviven con
ingresos menores a un salario mínimo, ya que según el Informe sobre
Desarrollo Humano El Salvador-2007-2008, presentado recientemente por
el PNUD, el 43% de la Población Económicamente Activa, cerca de un
millón trescientos mil salvadoreños, padecen esta situación en
condiciones de subempleo, con mayor impacto en mujeres y jóvenes.
Para
cambiar esta situación, es preciso el involucramiento de los sectores
empresariales, el Estado en sus diferentes expresiones institucionales,
los trabajadores, los actores de la sociedad civil y de la sociedad
política, y juntos asumir el mandato constitucional en el que se abra
espacio a una sociedad justa y solidaria con trabajo decente para una
vida digna.
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