
Hace dos décadas el mundo venía saliendo de un período de deuda, ajuste y austeridad y las transformaciones políticas se sucedían, una tras otra, en diversos puntos del planeta. Con gran elocuencia y humanidad, el primer Informe hizo un llamado a abordar la economía y el desarrollo desde una perspectiva diferente: una centrada en la gente. Esta nueva visión nace de la mirada apasionada de Mahbub ul Haq, autor principal de los primeros Informes, y del innovador trabajo de Amartya Sen.
En esta vigésima edición, reafirmamos que el enfoque de desarrollo humano conserva su vigencia. Podemos demostrar que dicho enfoque ha podido anticiparse a los hechos, ya que sus conceptos, mediciones y propuestas han arrojado importantes luces sobre patrones de progreso y han señalado el rumbo para un desarrollo centrado en las personas.
El Informe de 1990 define desarrollo humano como un proceso que “ofrece a las personas mayores oportunidades” y que pone énfasis en la libertad del ser humano para tener salud, educación y disfrutar de condiciones de vida dignas. Pero también hace hincapié en que el desarrollo y el bienestar humano son mucho más que la suma de esas dimensiones y que se traducen en un abanico más amplio de capacidades, que incluyen la libertad política, los derechos humanos y, como dijo Adam Smith, “la capacidad de interactuar con otros sin sentirse avergonzado de aparecer en público”. Gobiernos, sociedad civil, investigadores y medios de comunicación recibieron el primer Informe con gran entusiasmo, lo que demostró la gran importancia de este nuevo enfoque en la comunidad del desarrollo y en el mundo.
La definición es fundamental, pero no basta. El desarrollo humano trata de sostener los logros obtenidos en el tiempo, de luchar contra los procesos que empobrecen a la gente y de frenar la opresión y la injusticia estructural. Para ello, son esenciales los principios pluralistas de equidad, sustentabilidad y respeto por los derechos humanos.
Otra característica inherente al enfoque de desarrollo es su naturaleza dinámica. Por lo tanto, proponemos una reformulación coherente con el ejercicio práctico del desarrollo y con la literatura académica sobre desarrollo humano y capacidades:
El desarrollo humano supone la expresión de la libertad de las personas para vivir una vida prolongada, saludable y creativa; perseguir objetivos que ellas mismas consideren valorables; y participar activamente en el desarrollo sostenible y equitativo del planeta que comparten. Las personas son los beneficiarios e impulsores del desarrollo humano, ya sea como individuos o en grupo.
Esta reafirmación pone de relieve los fundamentos básicos del desarrollo humano: su naturaleza sustentable, equitativa y empoderadora y su inherente flexibilidad. Los logros alcanzados podrían ser frágiles y susceptibles de retrocesos y dado que las futuras generaciones merecen un trato justo, urge velar por que el desarrollo humano perdure en el tiempo, es decir que sea sostenible. Este enfoque también debe abordar las disparidades estructurales, o sea debe ser equitativo. Además, debe facultar a la gente para ejercer su capacidad de decidir y de participar, dar forma y beneficiarse de los procesos que le competen en el plano personal, comunitario y nacional; es decir, el desarrollo humano debe ser empoderador.
Por último, este enfoque insiste en mantener la deliberación y el debate y en dejar siempre la puerta abierta a la discusión. Son las personas quienes, individualmente o en grupo, dan forma a estos procesos. El paradigma del desarrollo humano es aplicable a todos los países, ricos y pobres, y a todos los seres humanos. Es lo suficientemente flexible, sólido y activo como para servir de modelo en el próximo siglo.
El Informe sobre Desarrollo Humano es un informe independiente que se elabora bajo el mandato del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y una resolución aprobada por la Asamblea General (A/RES/57/264). El primer Informe sobre Desarrollo Humano, publicado en 1990 comenzó con una premisa simple que ha orientado todo su quehacer posterior: “La verdadera riqueza de una nación está en su gente”. Al corroborar esta afirmación con un cúmulo de datos empíricos y una nueva forma de concebir y medir el desarrollo, el Informe ha tenido un profundo impacto en las políticas de desarrollo en todo el mundo. Además del Índice de Desarrollo Humano, cada informe presenta datos y análisis para la elaboración de iniciativas y suscita la atención de la comunidad internacional hacia cuestiones y políticas alternativas que colocan a la gente en el centro de las estrategias de desarrollo. Más información