El Índice de Desarrollo Humano (IDH) es una medida resumen del desarrollo humano, que refleja los logros medios de un país en tres dimensiones básicas de desarrollo humano: una vida larga y saludable (salud), acceso al conocimiento (educación) y un nivel de vida digno (ingresos). La disponibilidad de datos determina la cobertura de países del IDH. Para posibilitar comparaciones entre países y siempre que sea posible, el IDH se calcula en base a datos disponibles en el momento de redactar el Informe provenientes de las principales agencias internacionales de datos y otras fuentes con credibilidad demostrada.
Este año contamos con 18 países más en el cuadro del IDH que en 2010, lo que ya supone un cambio significativo en sí mismo. Un mejor rendimiento de otros países también puede ser la causa de algunos de los cambios. No obstante, el principal factor son las revisiones de los indicadores que han realizado los proveedores de datos este año, que afectan al IDH de muchos países.
Debido al aumento en el número de países incluidos en el IDH de este año y a la revisión de los datos realizada en 2010 y 2011, las clasificaciones del IDH de los dos informes no son comparables. Éste es el motivo por el que los asesores utilizan el Informe sobre Desarrollo Humano no para comparar los resultados de diferentes ediciones, sino para utilizar el Cuadro 2 del informe más reciente, que se basa en los datos más actualizados disponibles. Es importante consultar este cuadro del informe a la hora de analizar los cambios en las clasificaciones y los valores del IDH de un año a otro. Es precisamente en este cuadro donde la HDRO presenta las tendencias en IDH, a través de series temporales de datos que sí son comparables. El verdadero cambio de clasificación se expresa en este cuadro como el número de puestos que un país en concreto ha variado en el índice. Un cambio en la clasificación de 0 indica que, entre 2010 y 2011, un país ni ha mejorado ni ha empeorado en clasificación del IDH en relación a otros países.
| Clasificación IDH 2011 | ||
| Palau | 49 | |
| Cuba | 51 | |
| Seychelles | 52 | |
| Antigua y Barbuda | 60 | |
| Granada | 67 | |
| Líbano | 71 | |
| Saint Kitts y Nevis | 72 | |
| Dominica | 81 | |
| Santa Lucía | 82 | |
| San Vicente y las Granadinas | 85 | |
| Omán | 89 | |
| Samoa | 99 | |
| Territorio Palestino Ocupado | 114 | |
| Kiribati | 122 | |
| Vanuatu | 125 | |
| Iraq | 132 | |
| Bhután | 141 | |
| Eritrea | 177 |
Las bases de datos internacionales se actualizan y revisan todos los años. Mucho de ellos realizan también revisiones históricas. Esperanza de vida: La división de población de la ONU se ha encargado de realizar la revisión de las series de esperanza de vida en 2011. Estas revisiones afectan a los valores pasados, actuales y futuros de esperanza de vida. A pesar de que la mayoría de estos cambios son insignificativas, muchos países han variado su clasificación tanto en una dirección como en otra. Años esperados de instrucción y Años de educación promedio: El Instituto de Estadísticas (UIS) de la UNESCO actualiza regularmente sus datos sobre escolarización y logros educativos, los principales indicadores para la valoración de los años esperados de instrucción y los años preeducación promedio. Este año, la HDRO ha actualizado los años de educación promedio para 34 países, para los que se ha dispuesto de nuevos datos censales sobre educación. Para otros ocho países, los Años esperados de instrucción se calcularon en base a los cuadros de logros educativos de la UIS. Ingreso Nacional Bruto: El ingreso nacional bruto per cápita se expresa en términos de USD PPA constantes. Estos cálculos se basan en: el INB per cápita reportado en moneda nacional, el deflactor del PIB, el INB per cápita en USD PPA, y las estimaciones de FMI sobre el crecimiento del PIB real para 2010 y 2011. Cada una de estas series de indicadores se actualiza o, incluso, se revisa anualmente. Por ejemplo, en 2010 no se reportaron valores INB para el año 2009; en su lugar, se utilizaron las previsiones del FMI. Los valores del INB reportados para 2009 no han estado disponibles hasta 2011 y, en este caso sí, se han utilizado para calcular el INB per cápita de 2011. Asimismo, en 2011 el INB se expresa en USD PPA constantes de 2005, mientras que en 2010 se expresó en USD PPA constantes de 2008. La utilización de distintos años como base hace que estos valores no se puedan comparar directamente.
El IDH sigue siendo un índice compuesto que mide el progreso en tres dimensiones básicas, a saber, salud, conocimiento e ingresos. Con el anterior planteamiento del IDH, la salud se medía en base a la expectativa de vida al nacer; la educación o el “conocimiento” con la tasa de alfabetización y de escolarización (desde la educación primaria hasta la universitaria); y los ingresos o estándares de vida mediante el PIB per cápita ajustado para la paridad de poder adquisitivo (PPA en USD).
La salud todavía se mide en base a la esperanza de vida al nacer. Sin embargo, el IDH 2010 reflejó los avances obtenidos en el conocimiento mediante una combinación de los años esperados de instrucción para un niño que actualmente se encuentra en edad escolar, y la media de años de la escolarización disfrutados en el pasado por los adultos que tienen 25 o más años de un país en concreto. La medición de los ingresos, por su parte, ha dejado de utilizar como referencia el Producto Interior Bruto (PIB) per cápita ajustado según el poder adquisitivo para reflejar el Ingreso Nacional Bruto (INB) per cápita ajustado según el poder adquisitivo; el INB incluye algunas remesas, con lo que se ofrece una perspectiva económica más exacta de muchos países en desarrollo.
El cambio se debe a varios factores. Por ejemplo, la alfabetización de los adultos utilizado en el IDH anterior (que es simplemente una variable binaria, a saber, alfabetizado o analfabeto, sin graduación alguna) es un dato insuficiente para medir avances logrados en conocimiento. Al incluir los años de educación promedio y los años esperados de instrucción, se puede capturar mejor el nivel de educación y los cambios recientes.
El Producto Interior Bruto (PIB) es el valor monetario de los bienes y servicios producidos en un país, indistintamente de la cantidad de los mismos que se queda en el país. El Ingreso Nacional Bruto (INB) expresa los ingresos obtenidos por los residentes de un país, incluyendo algunos flujos internacionales, y excluyendo los ingresos que se generan en el país, pero que terminan por salir al extranjero. Así, el INB es una medida más ajustada del bienestar económico de un país. Tal y como muestra el Informe de 2010, pueden existir diferencias significativas entre el ingreso de los residentes de un país dependiendo de si se utiliza el INB o el PIB.
Los ingresos son fundamentales para el desarrollo humano, pero su peso específico disminuye a medida que los ingresos aumentan. El tope del PIB en el IDH se situó en 40.000 USD y se transformaba logarítmicamente. El IDH original estableció este tope sobre los ingresos para reflejar la idea de que, a partir de cierta cantidad, superar ese límite de ingresos no ampliaban las oportunidades de desarrollo humano. Otro argumento era que, a pesar de que las tasas de alfabetización y escolarización, así como la esperanza de vida tienen topes “naturales” (100%, límites de mortalidad, etc.), los ingresos más elevados pueden seguir aumentando, induciendo que, con el tiempo, los rangos superiores del IDH se conviertan en valores y clasificaciones cada vez más dependientes de los ingresos.
Existen otros motivos por los que se ha elevado el tope de ingresos. En primer lugar, los países se iban amontonando en el tope, por lo que no podíamos diferenciar los logros de un creciente número de países situados en el nivel máximo de la distribución. En 2007, el PIB de 13 países sobrepasaba ya ese tope. Por lo tanto, el poder de diferenciación de los ingresos limitados se ha debilitado, especialmente para la diferenciación entre países muy desarrollados. En segundo lugar, originalmente pretendía ser vinculante en el sentido de desatender totalmente los ingresos que superaran un nivel concreto. Por ejemplo, el tope de ingresos PPA de 40.000 USD no era vinculante en los países en los que se introdujo a mediados de la década de 1990, sino más bien un límite superior utilizado para normalizar el índice de la dimensión de ingresos. En tercero, la media geométrica utilizada intensifica los retornos decrecientes de la transformación logarítmica del INB en comparación de la media aritmética. En cuarto lugar, sin ser por ello menos importante, el uso de valores máximos reales en lugar de topes permite que los índices dimensionales resultantes varíen en rangos similares, por lo que sus pesos implícitos son más similares que de haberse utilizado el método anterior.
El nuevo IDH utiliza el logaritmo natural en lugar del logaritmo de base 10 utilizado anteriormente. Este cambio menor no tiene efectos sobre el valor del índice de ingresos y está motivado por el hecho de que la mayoría de la literatura económica utiliza el logaritmo natural de ingresos. Los topes de cada dimensión se elevan para que se pueda decir que son iguales a los máximos observados a lo largo del periodo analizado (1980-2011) para los que se presentan las tendencias del IDH.
Se basa en una evidencia histórica (Maddison, 2010, y Riley, 2005), que indica que le mínimo se sitúa en los 20 años. Si una sociedad o un subgrupo de la sociedad tiene una esperanza de vida por debajo de la edad reproductiva típica, dicha sociedad podría desaparecer. Se han observado valores inferiores durante algunas situaciones de crisis, como el genocidio de Ruanda, pero fueron casos excepcionales que no son sostenibles. Consúltese:
Maddison, A. 2010. Historical Statistics of World Economy: 1-2008 AD. París: Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.
Riley, J.C. 2005. Poverty and Life Expectancy. Cambridge, Reino Unido: Cambridge University Press.
Noorkbakhsh (1998). “The Human Development Index: Some Technical Issues and Alternative Indices”. Journal of International Development 10, 589-605.
El nuevo IDH otorga el mismo valor a los tres índices dimensionales; los dos subíndices de ecuación también se ponderan igual. Esto difiere del IDH anterior, donde se ponderaban de forma diferente. Este cambio se basa en la valoración normativa que otorga igual importancia a las tres dimensiones. Noorkbakhsh (1998), y Decanq y Lugo (2009) ofrecen una justificación estadística para este enfoque. El nuevo IDH tiene rangos de variación más equitativos que el previo para los índices dimensionales, lo que implica que la ponderación efectiva es más justa de lo que era antes. Consúltese:
Decanq, K. y Lugo, M.A. 2009. “Weights in Multidimensional Indices of Well-Being”. Documento de trabajo Nº 18 de la OPHI (Pendiente de Publicación en Economic Reviews)
El Índice de Desarrollo Humano ajustado por la Desigualdad (IDH-D) adapta el Índice de Desarrollo Humano (IDH) en base a la desigualdad de distribución en cada dimensión existente entre toda la población. El IDH-D recoge las desigualdades en las dimensiones del IDH “rebajando” la media del valor de cada dimensión según su nivel de desigualdad. El IDH-D es igual al IDH cuando no existen desigualdades entre las personas, pero será inferior al IDH en la medida que crezca dicha desigualdad. En este sentido, el IDH-D es el nivel real de desarrollo humano (teniendo en cuenta esta desigualdad), mientras que el IDH puede considerarse el índice de desarrollo humano “potencial” (o el nivel máximo de IDH) que puede lograrse en caso de que no existan desigualdades. La “pérdida” de potencial de desarrollo humano debida a la desigualdad queda reflejada en la diferencia existente entre el IDH y el IDH-D, y puede expresarse en forma de porcentaje.
No existe ningún país con una igualdad de género perfecta, dicho de otra manera, todos los países sufren de cierta pérdida en los resultados obtenidos en el IDH desde el momento en el que se tiene en cuenta la desigualdad de género, a través del uso del método del IDG. El Índice de Desigualdad de Género es similar en cuanto a método al Índice de Desarrollo Humano ajustado por la Desigualdad (IDH-D), consúltese la Nota Técnica 3 para obtener más información. Puede ser interpretada como una pérdida porcentual del potencial de desarrollo humano debido a las carencias en las dimensiones incluidas. Dado que el Índice de Desigualdad de Género engloba diferentes dimensiones a las recogidas en el IDH, no se puede interpretar como una pérdida en el IDH en sí. Al contrario que el IDH, una valor mayor en el IDG indica una peor actuación.
La puntuación media global en el GII es 0,492, lo que refleja una pérdida porcentual en los avances obtenidos en las tres dimensiones a causa de la desigualdad de género, que es del 49,2%. Las medias regionales van desde el 31% de Europa y Asia Central, hasta el 61% del África subsahariana. A nivel de país, las pérdidas atribuibles a la desigualdad de género oscilan entre el 4,9% de Suecia y el 76,9% de Yemen. El África subsahariana, el Sur de Asia y los Estados Árabes sufren las mayores pérdidas por cuestiones de desigualdad de género (61%, 60,1% y 56,3%, respectivamente) . Los patrones regionales muestran que la salud reproductiva es la principal causante de la desigualdad de género en todo el mundo. Las mujeres que viven en el África subsahariana, con una brutal pérdida del 73%, se ven afectadas principalmente en esta dimensión, seguido por las habitantes del Sur de Asia (65,9%), y los Estados Árabes y América Latina y el Caribe (ambas con una pérdida del 62,5%). Los Estados Árabes y el Sur de Asia están también caracterizados por un relativamente débil empoderamiento femenino.
La presentación del Índice de Desarrollo relativo al Género (antiguo IDG) y el Índice de Potenciación de Género (IPG) en 1995 coincidió con la creciente concienciación internacional sobre la importancia de hacer un seguimiento del progreso de los esfuerzos dirigidos a eliminar las brechas de género en todos los aspectos de la vida. A pesar de que el antiguo IDG y el IPG hayan contribuido enormemente al debate de género, tienen limitaciones conceptúales y metodológicas. El Índice de Desigualdad de Género se presentó como un índice experimental en la edición del vigésimo aniversario del Informe sobre Desarrollo Humano. Al igual que el IDH sigue evolucionando, también habrá que mejorar el Índice de Desigualdad de Género.
El IDG no se planteó como una medida de la desigualdad de género, más bien como el IDH ajustado por las desigualdades de género en sus componentes básicos y no puede interpretarse independientemente del IDH. La diferencia entre el IDH y el IDG parece pequeña, ya que las diferencias capturadas en las tres dimensiones tienden a serlo también, dando la impresión equivocada de que las brechas de género son irrelevantes. Además, hay que calcular los ingresos disgregados por género de forma muy extrema, utilizando asunciones poco realistas debido a la falta de datos sobre ingresos diferenciados por género para más de tres cuartas partes de los países.
Tanto el IDG como el IPG combinaban logros relativos y absolutos. La componente de los ingresos obtenidos utiliza tanto el nivel de ingresos como los porcentajes de ingresos disgregados por género. Sin embargo, los niveles de ingresos tienden a dominar los índices y, por lo tanto, los países con niveles bajos de ingresos no pueden obtener una puntuación elevada, incluso si tienen una igualdad de género absoluta en cuanto a la distribución de los ingresos y otros componentes de los índices. Casi todos los indicadores IPG reflejan una fuerte influencia elitista, por lo que la mediada es más relevante para los países desarrollados y las zonas urbanas de los países en desarrollo.
El Índice de Desigualdad de Género presenta mejoras metodológicas e indicadores alternativos. Mide la desigualdad entre géneros en las tres dimensiones, con indicadores cuidadosamente escogidos para reflejar la salud reproductiva de las mujeres, su empoderamiento y su participación en el mercado laboral en relación a la de los varones. El Índice de Desigualdad de Género combina elementos del IDG y del IPG. Los ingresos, el componente más controvertido del IDG y del IPG, no está incluido den el Índice de Desigualdad de Género. Es más, el nuevo Índice no permite que los resultados deficientes de una dimensión se compensen con los buenos resultados obtenidos en otra.
El Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) identifica las diversas privaciones a nivel individual en salud, educación y nivel de vida. Utiliza los microdatos de las encuestas familiares y, al contrario que el Índice de Desarrollo Humano ajustado por la Desigualdad, todos los indicadores necesarios para elaborar la medida deben provenir de la misma encuesta. Cada persona de una misma familia se clasifica como pobre o no pobre, dependiendo del número de privaciones que sufra su familia. Estos datos se agregan entonces a las medida nacional de pobreza.
Tal y como indica el Informe sobre Desarrollo Humano 2011, el IPM recoge las privaciones superpuestas que sufre una familia en las tres dimensiones del Índice de Desarrollo Humano (nivel de vida, salud y educación) y ofrece el número promedio de personas y privaciones con las que cuenta una familia pobre. Para obtener más información, consulte Alkire y Santos 2010.
El IPM constituye una familia o conjunto de medidas de pobreza, que se pueden aislar para mostrar la composición de la pobreza tanto entre los niveles nacional, regional y mundial, como dentro de los países, comparando grupos étnicos, zonas rurales y urbanas, así como otras características relevantes de las familias y las comunidades. Éste es el motivo por el que la OPHI define el IPM como una lente de alta resolución para observar la pobreza, ya que puede utilizare como una herramienta analítica con la que identificar las carencias predominantes. A continuación, se explican las medidas del IPM:
Incidencia de la pobreza: proporción de personas pobres según el IPM (que tienen carencias en, al menos, el 33,3% de los indicadores tomados en consideración).
Intensidad media de la pobreza: cantidad media de carencias que sufren simultáneamente las personas.
Valor IPM: Resume la información sobre las múltiples carencias en una única cifra, que se obtiene de multiplicar la incidencia de la pobreza por la intensidad media de la pobreza.
Calculamos el IPM en base a la diferencia temporal y realizamos análisis de las tendencias para una serie de países, para los que obtuvimos datos adecuados que están disponibles. Para obtener más información al respecto, consulte página 51 de Alkire y Santos 2010, y página 50 del Informe 2011.