Para hacer frente a los desafíos que acabamos de presentar, una serie de gobiernos, actores de la sociedad civil y del sector privado y socios para el desarrollo han creado enfoques que integran la sostenibilidad medioambiental y la equidad y que promueven el desarrollo humano, esto es, estrategias beneficiosas para todos. No obstante, es importante considerar que las soluciones, para que sean eficaces, deben ser específicas al contexto, considerar experiencias locales y nacionales con factibilidad de surtir efecto y reconocer los principios de aplicabilidad general. A escala local, destacamos la necesidad de contar con instituciones integradoras y a nivel nacional, la posibilidad de ampliar la cobertura de las innovaciones y las reformas normativas que han conseguido buenos resultados.
El programa de políticas públicas es enorme y este Informe no puede abarcarlo en su totalidad. Pero su valor agregado es que identifica estrategias beneficiosas para todos que han demostrado hacer frente a nuestros desafíos sociales, económicos y medioambientales considerando la necesidad de hacer concesiones entre equidad y sostenibilidad —o inclusive evitándolas— con enfoques que sean provechosos no solo para el medioambiente, sino también para la equidad y el desarrollo humano en un sentido amplio. Para estimular el debate y la acción, entregamos ejemplos concretos del funcionamiento en la práctica de la estrategia para superar las posibles concesiones e identificar sinergias positivas. A continuación mostramos el ejemplo de la energía moderna.
La energía es crucial para el desarrollo humano y, sin embargo, alrededor de 1.500 millones de personas, una de cada cinco, carecen de electricidad. Las privaciones son mucho mayores entre los pobres multidimensionales, ya que uno de cada tres carece de acceso.
¿Existe alguna solución de compromiso entre expandir el suministro de energía y las emisiones de carbono? No necesariamente. En nuestra opinión, esta relación ha sido mal caracterizada. Existen muchas posibilidades prometedoras a partir de la expansión del acceso a energía sin que ello implique imponer un fuerte costo ambiental:
El abastecimiento mundial de energía alcanzó un punto de inflexión en 2010, cuando las fuentes renovables dieron cuenta de 25% de la capacidad energética mundial y aportaron más de 18% de la electricidad en el mundo. Hoy en día, el reto es ampliar el acceso a estas fuentes a una escala y velocidad tal que mejore la vida de los pobres, en la actualidad y en el futuro.
Una selección más amplia de medidas para evitar la degradación ambiental va desde ampliar las alternativas reproductivas hasta fomentar la gestión forestal comunitaria y respuestas de adaptación a los desastres.
Los derechos reproductivos, incluido el acceso a servicios de salud reproductiva, son una condición previa de empoderamiento de la mujer y también podrían evitar la degradación ambiental. Es mucho lo que se puede mejorar en este ámbito. Son varios los ejemplos que dan cuenta de las oportunidades para usar la actual infraestructura del sector en la entrega de servicios de salud reproductiva a un costo adicional muy reducido y la importancia de la participación comunitaria. Un caso es Bangladesh, donde la tasa de fecundidad cayó de 6,6 nacimientos por cada mujer en 1975, a 2,4 en 2009. El gobierno recurrió a programas de divulgación y subsidios para facilitar la disponibilidad de medidas anticonceptivas, además de debates con líderes de opinión de ambos sexos (religiosos, maestros y organizaciones no gubernamentales) para influir en las normas sociales.
La gestión forestal comunitaria sirve para revertir la degradación ambiental local y mitigar las emisiones de carbono, pero la experiencia revela que también implica el riesgo de excluir y discriminar a grupos marginalizados. Para evitar estos riesgos, subrayamos la necesidad de contar con una participación amplia, en particular de la mujer, en el diseño y la ejecución del proceso, y de velar por que no se deteriore adicionalmente la situación de los grupos pobres y de aquellos que dependen de los recursos forestales.
Están surgiendo asimismo vías prometedoras para reducir los efectos adversos de los desastres por medio de respuestas equitativas y adaptables y planes de protección social innovadores. Las respuestas a los desastres incluyen la elaboración comunitaria de mapas de riesgos y una distribución más progresiva de los activos reconstruidos. La experiencia ha impulsado el desplazamiento a modelos descentralizados de reducción de riesgos. Tales gestiones pueden empoderar a las comunidades locales, en particular a las mujeres, al poner énfasis en la participación en la etapa de diseño y toma de decisiones. Además, las comunidades tienen la posibilidad de recomponerse de manera de corregir las desigualdades.