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Informe sobre desarrollo humano - Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

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Informe 2011

Sostenibilidad y Equidad: Un mejor futuro para todos
está disponible para su descarga gratuita

Informe sobre Desarrollo Humano 2011

Sostenibilidad y equidad: Un mejor futuro para todos

Patrones y tendencias, avances y perspectivas

Cada vez más pruebas apuntan a que el mundo enfrenta una degradación ambiental generalizada y posibles deterioros de esta situación. En vista de la incertidumbre sobre la magnitud de los cambios, examinamos una gama de predicciones y consideramos lo que pueden significar para el desarrollo humano.

Nuestro punto de partida, uno de los temas fundamentales del Informe 2010, es el enorme avance registrado por el desarrollo humano en las últimas décadas, con tres salvedades:

  • El aumento del ingreso se ha asociado con un deterioro en indicadores medioambientales cruciales, como emisiones de dióxido de carbono, calidad del suelo y cubierta forestal.
  • La distribución del ingreso ha empeorado en muchas partes del mundo, incluso cuando se reducen las brechas en materia de salud y educación.
  • Si bien el empoderamiento suele ir de la mano con Índices de Desarrollo Humano (IDH) más altos, hay grandes fluctuaciones en esta relación.

Las simulaciones realizadas para este Informe sugieren que, para el año 2050, el IDH podría haber bajado en 8% con respecto al nivel de referencia (y en 12% en Asia Meridional y África Subsahariana), en un escenario de “desafío medioambiental” que capture los efectos adversos del calentamiento global sobre la producción agrícola, el acceso a agua potable y saneamiento mejorado y la contaminación. En un marco hipotético de “desastre ambiental” más adverso, que prevé deforestación generalizada y degradación del suelo, drástica reducción de la biodiversidad y aumento fuerte y sostenido de fenómenos climáticos extremos, el IDH mundial podría ubicarse alrededor de 15% por debajo del nivel de referencia proyectado.

La figura 2 ilustra el nivel de pérdidas y riesgos que enfrentarán nuestros nietos si no hacemos nada para detener o revertir las actuales tendencias. El escenario de desastre medioambiental nos lleva a un punto de inflexión antes de 2050 en los países en desarrollo, cuando comience a revertirse su punto de convergencia con los países ricos en materia de logros en el IDH.

Estas proyecciones sugieren que, en muchos casos, los más pobres son y seguirán siendo los más afectados por las consecuencias del deterioro ambiental, pese a que su contribución al problema es mínima. Por ejemplo, los países con IDH bajo son los que menos han influido en el cambio climático global, pero sin embargo, han experimentado la mayor disminución en las precipitaciones anuales y el mayor aumento en su variabilidad (figura 3). Ello afecta la producción agrícola y los medios de vida de su población.

Los países desarrollados registran emisiones per cápita mucho más altas que las naciones en desarrollo debido al alto consumo de energía de sus actividades, como la conducción de coches, el enfriamiento o calefacción de hogares y negocios, y el consumo de alimentos procesados y empaquetados, entre otros. El habitante promedio de un país con IDH muy alto emite cuatro veces más dióxido de carbono y el doble de metano y óxido nitroso que las personas de países con IDH bajo, medio o alto, y unas 30 veces las emisiones de dióxido de carbono que una persona de un país con IDH bajo. El ciudadano promedio del Reino Unido produce, en dos meses, la misma cantidad de gases de efecto invernadero que un habitante de un país con IDH bajo en un año. Sin embargo, el habitante medio de Qatar —el país con las emisiones per cápita más altas— emite lo mismo en apenas 10 días, aunque esta cifra refleja tanto el consumo como la producción que se utiliza en otros lugares.

Aunque los países con IDH bajo, medio y alto explican tres cuartas partes del aumento en las emisiones desde 1970, los niveles totales de gases de efecto invernadero son mucho mayores en los países con IDH muy alto. Este resultado se mantiene incluso sin tomar en cuenta la reubicación de la producción intensiva en emisiones de carbono hacia países más pobres, cuya producción se exporta, en gran medida, a naciones ricas.

En el mundo entero, el aumento sostenido del IDH se asocia con degradación ambiental, aun cuando el daño obedece en gran medida al crecimiento económico. Al comparar el primer y tercer panel de la figura 4, el primero muestra que los países de ingresos más altos también emiten más dióxido de carbono per cápita en general, mientras que el tercero no revela una relación directa entre emisiones y componentes del índice referidos a salud y educación. Es posible extraer una conclusión intuitiva: las actividades que emiten dióxido de carbono se vinculan con la producción de bienes, no con la prestación de servicios de salud y educación. Además, los resultados reflejan la naturaleza no lineal de la relación entre emisiones de dióxido de carbono y componentes del índice: hay poca o ninguna relación con un IDH bajo, pero a medida que este aumenta, se llega a un “punto de inflexión” más allá del cual surge una fuerte correlación positiva entre emisiones de dióxido de carbono e ingresos.

HDR_2011_ES_Figure2

Los países que aumentaron el IDH con mayor rapidez también registraron mayores incrementos en sus emisiones de dióxido de carbono. Estos cambios en el tiempo —más que la relación a partir de una fotografía— son los que ponen de relieve qué esperar mañana como resultado del desarrollo de hoy. Nuevamente, la tendencia depende de los cambios en el ingreso.

HDR_2011_ES_Figure3

Sin embargo, estas relaciones no son valederas para todos los indicadores ambientales. Según nuestro análisis, por ejemplo, la correlación entre IDH y deforestación es positiva, pero débil. ¿Por qué difieren las emisiones de dióxido de carbono de las demás amenazas ambientales? Nosotros planteamos que cuando el vínculo entre medioambiente y calidad de vida es directo, como sucede con la contaminación, los logros ambientales suelen ser mayores en los países desarrollados; ahí donde el vínculo no es tan evidente, el desempeño es mucho más deficiente. Al examinar la relación entre riesgos ambientales e IDH, encontramos tres revelaciones generales:

  • Las carencias ambientales en los hogares —contaminación intradomiciliaria, acceso insuficiente a agua potable y saneamiento mejorado— son más graves en países con bajos niveles de IDH y disminuyen a medida que aumenta el índice.
  • Los riesgos medioambientales con efectos en las comunidades —como la contaminación atmosférica urbana— parecen aumentar y luego disminuir a la par con el desarrollo; hay quienes sugieren que la curva en forma de U invertida es una buena descripción de esta relación.
  • Los riesgos medioambientales con repercusiones globales —en especial los gases de efecto invernadero— suelen aumentar a la par con el IDH.

No es que el IDH mismo sea la fuerza motora tras estas transiciones. Los ingresos y el crecimiento económico cumplen una función vital para explicar las emisiones, pero la relación en ningún caso es determinante. De hecho, hay fuerzas más amplias cuyas complejas interacciones cambian los patrones de riesgo. Por ejemplo, el comercio internacional permite a los países subcontratar la producción de bienes que degradan el medioambiente; el uso comercial a gran escala de recursos naturales tiene efectos diferentes que la explotación para fines de subsistencia; los perfiles medioambientales urbanos y rurales difieren entre sí. Y como veremos, las políticas y el contexto político inciden fuertemente.

De lo anterior se desprende que los patrones no son inevitables. Varios países han logrado avanzar considerablemente tanto en materia de IDH como de equidad y sostenibilidad ambiental. En sintonía con nuestro enfoque de las sinergias positivas, proponemos una estrategia multidimensional para identificar a los países que lo han hecho mejor que sus pares regionales en promover la equidad, aumentar el IDH, reducir la contaminación intradomiciliaria y aumentar el acceso a agua limpia, y que ostentan el mejor desempeño en sostenibilidad ambiental, tanto en el ámbito regional como mundial (cuadro 1). La sostenibilidad ambiental se evalúa según las emisiones de gases de efecto invernadero, la extracción de agua y la deforestación. Los resultados son más ilustrativos que indicativos debido a la disparidad de la información y a otras dificultades de la comparación. Solo una nación, Costa Rica, aventaja la media regional en todos los criterios, mientras que las otras tres con mejor desempeño muestran desigualdades en sus dimensiones. Suecia se destaca por su alta tasa de reforestación en comparación con los promedios regionales y mundiales.

HDR_2011_ES_Figure4

Nuestra lista muestra que en todas las regiones, etapas de desarrollo y características estructurales, los países pueden adoptar políticas públicas que favorezcan la sostenibilidad del medioambiente, la equidad y las facetas clave del desarrollo humano que captura el IDH. Revisamos los tipos de políticas y programas con buenos resultados, al tiempo que subrayamos la importancia del contexto y de las condiciones locales.

De manera más general, sin embargo, las tendencias ambientales observadas en las últimas décadas muestran un deterioro en varios frentes, con consecuencias adversas para el desarrollo humano, en especial para los millones de personas cuyos medios de vida dependen directamente de los recursos naturales.

  • A nivel mundial, casi 40% del suelo está degradado debido a la erosión, la disminución de la fertilidad y el pastoreo excesivo. La productividad está en descenso y se calcula que la pérdida de rendimiento es de hasta 50% en los escenarios más adversos.
  • La agricultura da cuenta de entre 70% y 85% del consumo de agua, mientras que alrededor de 20% de la producción mundial de cereales utiliza este recurso de manera no sostenible, poniendo en peligro el crecimiento agrícola a futuro.
  • La deforestación es un reto importante. Las mayores pérdidas forestales entre 1990 y 2010 ocurrieron en América Latina y el Caribe y en África Subsahariana (figura 5). La cubierta forestal se expandió muy poco en las demás regiones.
  • La desertificación amenaza las tierras áridas donde vive un tercio de la población mundial. Algunas zonas son particularmente vulnerables, en especial en África Subsahariana, con suelos sensibles y poca capacidad de adaptación.

HDR_2011_ES_Table1

HDR_2011_ES_Figure5

Se prevé que los factores ambientales adversos aumentarán los precios mundiales de los alimentos en 30% a 50%– en términos reales, en las próximas décadas– e intensificarán la volatilidad, con graves consecuencias para los hogares pobres. Los 1.300 millones de personas que se dedican a labores agrícolas, pesqueras, forestales y de caza y recolección serán los más amenazados. Es probable que la carga de la degradación ambiental y el cambio climático genere diferentes alteraciones entre los grupos, por varios motivos:

  • Los ingresos de muchos pobres de zonas rurales dependen mayoritariamente de los recursos naturales. Pero incluso aquellos que no se dedican regularmente a esas actividades podrían recurrir a ellas como estrategia para lidiar con situaciones difíciles.
  • El efecto de la degradación ambiental en las personas dependerá de su condición: si son productores o consumidores netos de recursos naturales, si son productores de subsistencia o para el mercado y cuan fácilmente puedan desplazarse entre estas actividades y diversificar sus medios de vida con otras ocupaciones.
  • En la actualidad, unos 350 millones de personas, muchos de ellos pobres, viven en bosques o cerca de ellos y dependen de sus recursos para subsistir y generar ingresos. Tanto la deforestación como las restricciones de acceso a los recursos naturales pueden vulnerar a los pobres. Datos de varios países sugieren que las mujeres habitualmente dependen más de los bosques que los hombres, ya que suelen tener menos alternativas laborales y movilidad y cargan con la mayor parte de la responsabilidad de recolectar leña.
  • Casi 45 millones de personas, de los cuales al menos 6 millones son mujeres, viven de la pesca y ven amenazado su futuro por la sobreexplotación de los recursos y el cambio climático. La vulnerabilidad es doble, ya que los países que enfrentan más riesgos también dependen más de la pesca para el consumo de proteínas de su población, sus medios de vida y las exportaciones. Se prevé que el cambio climático se traducirá en una fuerte disminución de las poblaciones de peces en las islas del Pacífico, aunque se proyectan beneficios en algunas latitudes septentrionales, inclusive en los alrededores de Alaska, Federación de Rusia, Groenlandia y Noruega.

Las mujeres de países pobres participan de manera desproporcionada en la agricultura de subsistencia y la recolección de agua, de modo que las consecuencias adversas de la degradación ambiental las afectan más. Muchos pueblos indígenas dependen también en alto grado de los recursos naturales y viven en ecosistemas especialmente vulnerables a los efectos del cambio climático, como los pequeños Estados insulares en desarrollo, las regiones árticas y las regiones ubicadas a gran altitud. Los datos apuntan a que las prácticas tradicionales pueden proteger los recursos naturales, pero a estos conocimientos se les suele restar importancia o simplemente se ignoran.

Los efectos del cambio climático en los medios de vida de los campesinos dependen del tipo de cultivo, la región y la temporada. Ello subraya la importancia de analizar a fondo el asunto en el ámbito local. Los efectos diferirán asimismo en función de los patrones de producción y consumo de los hogares, acceso a recursos, niveles de pobreza y capacidad de hacer frente a las nuevas circunstancias. Tomados en conjunto, no obstante, es probable que los efectos biofísicos del cambio climático en los cultivos de riego y de secano sean negativos en 2050.

Los factores ambientales adversos aumentarán los precios mundiales de los alimentos en 30% a 50% -en términos reales, en las próximas décadas- e intensificarán la volatilidad

Secciones del resumen del Informe 2011

  • Perspectiva general: ¿Por qué sostenibilidad y equidad?
  • Patrones y tendencias, avances y perspectivas
  • Comprender los vínculos
  • Sinergias positivas: estrategias beneficiosas para el medioambiente, la equidad y el desarrollo humano
  • Reconsiderar nuestro modelo de desarrollo: motores para el cambio

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