El Índice de Desarrollo Humano (IDH)

El primer Informe sobre Desarrollo Humano introdujo una nueva forma de medir el desarrollo mediante la combinación de indicadores de esperanza de vida, logros educacionales e ingresos en un Índice de Desarrollo Humano compuesto: el IDH (vea el recuadro 1 debajo). Lo innovador del IDH fue la creación de una estadística única que serviría como marco de referencia tanto para el desarrollo social como para el económico. El IDH define un valor mínimo y uno máximo para cada dimensión (denominados objetivos) y luego muestra la posición de cada país con relación a estos valores objetivos, expresados mediante un valor entre 0 y 1.

El componente de educación del HDI se mide ahora a través de los años de escolarización para personas adultas mayores de 25 años y los años de escolarización previstos para niños y niñas en edad escolar. La media de años de escolarización se calcula a través de la duración de los estudios en cada nivel formativo (para obtener información más detallada, consúltese Barro y Lee, 2010). Los años de escolarización previstos se determinan por la escolarización por edades en todos los niveles formativos y la población en edad escolar presente en cada uno de estos niveles. Los indicadores se normalizan mediante un valor mínimo de cero y los valores máximos, que vienen dados por los valores máximos reales observados en los países durante la serie temporal observada, es decir, entre 1980 y 2012. El índice de educación es la media geométrica de los dos índices.

El componente de esperanza de vida al nacer recogido en el HDI se calcula utilizando un valor mínimo de 20 años y un valor máximo de 83.57 años, que es el valor máximo observado para los indicadores de los países en el periodo 1980–2012. Por lo tanto, el componente de longevidad para un país cuya esperanza de vida al nacer sea de 55 años vendrá a ser de 0,551.

En cuanto al componente de riqueza, los límites mínimo y máximo son 100$ (PPP) y 87,478$ (PPP), observado en Qatar en 2012.

El componente de estándares de vida dignos se mide a través del INB per capita ($PPP) en lugar del PIB per capita ($PP). El HDI utiliza el logaritmo de ingresos para reflejar cómo decrece importancia de los ingresos a medida que aumenta el INB. Posteriormente, a través de la media geométrica, se suman las puntuaciones obtenidas en los tres índices dimensionales del HDI para formar un índice compuesto.

El IDH proporciona comparaciones instructivas de las experiencias de un país y la experiencia entre distintos países.

El IDH desagregado

La utilización del Índice de Desarrollo Humano ha sido mejorada al desagregarlo. Es posible que el índice general para un país oculte las diferencias en los niveles de desarrollo humano entre distintos grupos. Los IDH desagregados se construyen con los datos de los componentes del IDH para cada grupo por separado. Cada grupo es tratado como si fuera un país. Los grupos pueden definirse según el ingreso, regiones geográficas o administrativas, la residencia urbana o rural, el género y la etnia. El uso de IDH desagregados en los ámbitos nacionales y subnacionales ayuda a destacar las desigualdades y deficiencias importantes entre regiones, géneros, áreas rurales y urbanas y grupos étnicos. El análisis que los IDH desagregados hacen posible debería ayudar a orientar las políticas y las acciones para atacar las desigualdades y deficiencias.

Es posible que las desigualdades ya sean muy conocidas, pero el IDH las puede revelar de manera aún más nítida. El IDH desagregado por grupos sociales o regiones también posibilita que los grupos comunitarios locales soliciten más recursos y obliguen a los representantes locales a rendir cuentas. Esto hace del IDH una herramienta para el desarrollo participativo.

Desde que fueron creados, los IDH desagregados se han utilizado en gran medida para el análisis de países.

Ajustar el IDH por desigualdades

En 2010, el IDH ajustado por la Desigualdad (IDHD) fue introducido. El IDHD es el IDH ajustado por la desigualdad en la distribución de los logros en cada una de las tres dimensiones del IDH (salud, educación e ingresos). El IDHD es igual al valor del IDH cuando no hay desigualdad, pero queda por debajo del valor del IDH a medida que aumenta la desigualdad. La diferencia entre el IDH y el IDHD representa la "pérdida" en el desarrollo del potencial humano debido a la desigualdad y puede ser expresado como un porcentaje. En 2012 el IDHD se calculó para 132 países, y los resultados están diciendo. Por ejemplo, los Estados Unidos sufre una pérdida de más del 12% cuando el valor del IDH se ajusta a las desigualdades y se mueve 13 lugares en el rango.

IDH específicos de cada país

Es posible adaptar los IDH que aparecen en los Informes mundiales para que incluyan componentes adicionales en el cálculo con el fin de reflejar prioridades y problemas específicos de cada país y para incluir una mayor exactitud respecto al nivel de desarrollo de un país. Los ajustes del IDH deben usar los mismos métodos de ponderación y normalización que el IDH original con el fin de crear un índice para el componente agregado mediante valores máximos y mínimos. Además, es posible adaptar ponderaciones específicas de cada indicador para que reflejen las prioridades nacionales de las políticas.

Entre los ajustes adicionales del IDH podría encontrarse la ampliación de los índices compuestos actuales. Por ejemplo, la categoría de esperanza de vida podría ajustarse para que refleje las tasas de mortalidad de niños menores de cinco años o de las madres; el componente de ingreso podría ajustarse para reflejar el desempleo, la incidencia de la pobreza de ingreso o el ingreso nacional promedio con corrección de Gini y, finalmente, el componente de educación podría ajustarse para incluir la cantidad de alumnos matriculados en áreas de estudio particularmente importantes, como las matemáticas y las ciencias.

Es difícil usar el IDH para determinar los cambios en el desarrollo humano a corto plazo debido a que dos de sus componentes, la expectativa de vida y los años promedio de instrucción de los adultos, cambian a paso lento. Para combatir esta limitación, podrían agregarse en el IDH nacional componentes más sensibles a los cambios a corto plazo. Por ejemplo, en lugar de los indicadores tradicionales del IDH, es posible utilizar la tasa de desempleo, el porcentaje de la población con acceso a servicios de salud o la ingesta calórica diaria como porcentaje de la ingesta recomendada.

La utilidad y la versatilidad del IDH como herramienta analítica para el desarrollo humano en los ámbitos nacional y subnacional se vería mejorada si los países escogieran componentes que reflejen sus prioridades y problemas y sean sensibles a sus niveles de desarrollo, en lugar de usar estrictamente los tres componentes presentados en el IDH de los Informes mundiales.

Tal como se mencionó anteriormente, al ajustar el IDH para reflejar cuestiones adicionales, siempre debe otorgársele extrema importancia a la integridad de los datos y al protocolo estadístico.

Destacar el desarrollo desigual: comparación de niveles relativos de IDH e ingresos per cápita

La riqueza nacional tiene el potencial de ampliar las opciones de las personas. Sin embargo, es posible que no lo haga. Lo decisivo es la manera en que los países gastan sus riquezas y no la riqueza en sí misma. Además, una obsesión excesiva con la creación de riqueza material puede opacar el objetivo final de mejorar la vida humana y desviar la atención de la meta final, que es enriquecer la vida de cada individuo.

En muchos casos, países con ingresos promedio superiores tienen esperanzas de vida superiores, tasas de mortalidad infantil menores y tasas de los logros educativos y de matrícula escolar mayores, lo que resulta en un Índice de Desarrollo Humano (IDH) mayor. Pero estas asociaciones no son perfectas. En las comparaciones entre países, las variaciones en los ingresos tienden a reflejar no mucho más de la mitad de la variación en la esperanza de vida o en la mortalidad infantil. Y reflejan una proporción aún menor de las diferencias en los logros educativos de los adultos.

Aunque existe una correlación entre la riqueza material y el bienestar de las personas, la correlación no se sostiene para todos los países. Además, la correlación falla en muchas sociedades. Muchos países tienen INB per cápita altos pero indicadores de desarrollo humano bajos y viceversa. Incluso algunos países con INB per cápita similares tienen niveles muy distintos de desarrollo humano.

La riqueza es una medida imperfecta del desarrollo humano. El IDH ofrece una alternativa poderosa diferente del PIB y del INB para medir el progreso socioeconómico relativo en los ámbitos nacional y subnacional. La comparación del IDH y los ingresos per cápita en países, regiones o grupos étnicos destaca la relación entre la riqueza material, por un lado, y por el otro el desarrollo humano. Una brecha negativa implica la posibilidad de reubicar recursos hacia el desarrollo humano.