Juventud y vulnerabilidad desde una perspectiva global

07 Mayo 2014
Por Abby Hardgrove
Photo by Ashtyn Renee
Tema: 
Youth

A menudo, la juventud es foco de nuestra atención producto de alguna crisis –ya sea por las tasas de desempleo, su participación en actos violentos, la probabilidad a ser padre o madre prematuros o por las enfermedades o infecciones de transmisión sexual-. Me gustaría hablar sobre esto. No pretendo contrariar la idea de que la juventud es vulnerable a ciertos riesgos e incluso puede crear riesgos para sí mismos y su contexto local. Sin embargo, me gustaría revisar la manera en que la juventud, el riesgo y la vulnerabilidad son asociados, de manera que los y las jóvenes aparecen como el problema (o la solución), en lugar de ser vistos como integrantes de una sociedad y comunidad mundial que están llenas de problemas.

Pero primero, ¿qué es ser joven? La respuesta corta es, depende. Hay algunos desarrollos físicos, cognitivos y sicosociales que delimitan el periodo del curso de la vida que llamamos adolescencia, que tiene lugar entre los 13 y 19 años. “Juventud” es más una edad social que un periodo de desarrollo. Es ese periodo de transición entre la dependencia de la infancia y las responsabilidades de la adultez. Esta fase social puede ser más larga o corta dependiendo del contexto. Dicho esto, las definiciones son necesarias (para las políticas públicas, por ejemplo). La Organización de las Naciones Unidas usa las edades entre los 15 y 24 años como un rango en el cual mucha gente joven es considerada socialmente como “joven”. Estas son pautas. La gente joven puede o no ajustarse a estas definiciones basándose en las transiciones asociadas a cada género y los aspectos socio-económicos de cada sociedad.

Entonces ¿qué es lo que hace que la juventud sea especialmente vulnerable al VIH/SIDA o la participación en la violencia y el conflicto? Una forma de responder estas preguntas es pensar en lo que significa ser joven –vivir una rápida trasformación física, sexual, social y emocional. La adolescencia es un tiempo de formación de la identidad-. Es el tiempo donde muchas personas se vuelven activas sexualmente y asumen más responsabilidades. En este periodo, sin duda, la inestabilidad y el cambio aumenta la susceptibilidad de los jóvenes a todo tipo de riesgos. Pero si nuestro análisis se detuviese aquí, tenemos una edad y etapa basada en un punto de vista que conecta la vulnerabilidad a la condición de no ser lo suficientemente maduro.

Sin embargo, ésta es solo una cara de la moneda. Mientras los jóvenes están desarrollando su cuerpo y su compromiso psicosocial con su mundo, también están asistiendo o abandonando las clases, yendo al trabajo y formando sus propias familias. Una mirada a estas transiciones demuestra que mientras los cuerpos y las mentes pueden experimentar un desarrollo que traza una “línea de base” de vulnerabilidad en casi toda la juventud, hay, a nivel de contexto, una serie de factores interconectados que afectan a las vulnerabilidades de la juventud. Entre las más importantes están el empobrecimiento, la desigualdad y la exclusión social. En todo el mundo, la juventud está viendo limitadas sus opciones a causa de la inseguridad económica, el cambio tecnológico, los levantamientos políticos, los conflictos y el cambio climático.

La pobreza sigue siendo una de las amenazas más graves a las oportunidades de las y los jóvenes en países de bajos y medianos ingresos, y también para un número significativo de los que viven en países con altos ingresos. Esto se manifiesta de varias formas. Por poner un solo ejemplo, la escasez de alimentos tiene efectos generalizados y duraderos en el bienestar y las oportunidades en la vida. La evidencia de Young Lives, un estudio longitudinal sobre la pobreza infantil en cuatro países, demuestra que la escasez de alimentos a los 12 años está asociada con una serie de impactos que se manifiestan tan solo tres años después. Estos incluyen un menor rendimiento cognitivo y menor bienestar subjetivo.

Además, la población joven crece sobre todo en contextos donde las vulnerabilidades son el resultado de una distribución desigual de los recursos. Por ejemplo, los centros urbanos cercanos casi siempre disponen de una mayor cantidad y diversidad de bienes, servicios y oportunidades que las zonas rurales. La magnitud de la disparidad en los países en desarrollo puede ser muy significativa. En Liberia, la mitad de las escuelas secundarias de todo el país están localizadas en la zona metropolitana de la capital, Monrovia. Incluso en aquellos casos donde existen escuelas en las zonas rurales, éstos suelen encontrase a una distancia considerable de la casa de los niños y las niñas. Los riesgos percibidos y reales del trayecto pueden retrasar la matriculación y limitar la asistencia al colegio especialmente de las niñas, lo que suele derivar en una atención intermitente y el abandono anticipado.

Por último, una buena parte de la vulnerabilidad surge de la forma en que grupos de personas son tratados por el resto de la sociedad. Las minorías socialmente excluidas son más propensas a sufrir un acceso desigual a los recursos y las oportunidades debido a lo que son o a cómo son percibidos. La interconexión de la exclusión social, la desigualdad y la pobreza tienden a reforzarse mutuamente. Así, por ejemplo, la vulnerabilidad se agrava si la persona joven es mujer, de un grupo étnico minoritario y vive en una zona rural. Las vulnerabilidades que se derivan de la marginación social y la pobreza arraigada se extienden a lo largo de la vida de los y las jóvenes, sus familias y comunidades, y son transmitidas a través de las generaciones.

Las limitaciones, las oportunidades y los medios a través de los cuales la juventud negocia las transiciones a una mayor responsabilidad y adultez nos dicen, por lo tanto, mucho sobre las condiciones de las comunidades locales y globales en las que vive. La juventud es vulnerable no solo porque son jóvenes o están en una fase en la que se experimentan transiciones rápidas. Quizás algo más importante, es que la juventud es vulnerable porque son personas que viven en un mundo desigual donde los valores y las instituciones sociales que favorecen oportunidades de todo tipo no son accesibles para todo el mundo.

¿Qué significa esto para la política? Muchas cosas, pero lo que quiero destacar es que las vulnerabilidades que la juventud experimenta son en muchos aspectos, parte de las vulnerabilidades que son producidas y reproducidas en sus comunidades, naciones y nuestro mundo. Parece que responder a los riesgos que la juventud experimenta y presenta significa responder a las fuerzas generalizadas e interconectadas que mantienen la pobreza, reproducen la desigualdad y mantienen la exclusión social. Abordar los riesgos y vulnerabilidades asociadas con la juventud significa abordar las disparidades y desventajas sistémicas que disminuyen las oportunidades en la vida a escala local y mundial.

Abby Hardgrove es Investigadora asociada visitando a la Escuela de Geografía y Medio Ambiente de la Universidad de Oxford.

Esta entrada del blog nace del artículo: Youth Vulnerabilities in Life Course Transitions desarrollado para el Informe de Desarrollo Humano 2014.

Traducción a cargo de la Revista Humanum.
Foto por Ashtyn Renee