Medir el progreso humano en el siglo XXI

19 Marzo 2014
Por Khalid Malik
Measurement

Pocas construcciones estadísticas, o quizás ninguna, han tenido mayor influencia en el mundo moderno como el Producto Interno Bruto (PIB). Este año se cumplen ochenta años desde su creación.

Como todos los economistas saben, el PIB resume la actividad económica total. Fue desarrollado por Simon Kuznets, un economista y estadístico ruso-estadounidense para tratar de entender mejor la economía de los Estados Unidos durante la gran depresión. Kuznets no solo fue un economista brillante (ganó el Premio Nobel en 1971), también fue un astuto juez de la humanidad, o por lo menos de la gente que abusara de los números: cuando presentó el PIB en el Congreso de los Estados Unidos advirtió específicamente contra su uso como una medición de bienestar: “el bienestar de una nación difícilmente puede ser deducido a través de la medición del ingreso nacional” escribió. Esto de debe a que, todos los economistas -esperemos- saben, es fácil construir ejemplos de fenómenos sociales o ambientales indeseables (por ejemplo, olas de asesinatos, mareas negras o huracanes) que pueden generar un aumento del PIB pero una disminución del bienestar.

Pero a pesar de las advertencias de Kuznets, en los Estados Unidos y en muchos otros países, la búsqueda del crecimiento económico y el aumento rápido del PIB se han transformado en un mantra dominante para la formulación de políticas públicas.

Ochenta años después hay más voces –y más influyentes- que piden mejores indicadores de progreso que guien la toma de decisiones. Estas voces reconocen que lo que medimos afecta lo que hacemos. Argumentan que necesitamos indicadores que, primero y ante todo, se centren en la vida de las personas y que reconozcan que el crecimiento económico es un medio para alcanzar un fin y no el fin en sí mismo. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) está orgulloso de haber desempeñado un papel de liderazgo en esta conversación mundial, a través de la introducción y el apoyo a los informes mundiales, regionales y nacionales sobre desarrollo humano: y al Índice de Desarrollo Humano (IDH).

Nuestro trabajo ha ayudado a cambiar el debate sobre el desarrollo. Ya no se asume automáticamente que crecimiento y desarrollo son sinónimos, o que el crecimiento es una condición previa para éste. Como señala el Informe Mundial sobre Desarrollo Humano 2010 existen diferentes caminos hacia el desarrollo, y las mejoras en salud y educación no siempre están correlacionadas con el crecimiento económico.

El cuadro de la izquierda arriba muestra una asociación positiva –aunque con una variación sustancial- que sugiere que el crecimiento y las mejoras en el desarrollo humano están asociados positivamente. Hay que recordar, sin embargo, que el ingreso es una de las 3 dimensiones del IDH; por ello, un tercio de los cambios en el IDH vienen dados por el crecimiento económico, garantizando una asociación positiva. Un ejercicio más útil es comparar el crecimiento por ingresos con los cambios en las dimensiones del desarrollo humano que no están relacionadas con éste. Así se hizo en El Informe sobre Desarrollo Humano 2010 donde se usó un índice similar al IDH, pero calculado solamente con los componentes de salud y educación para comparar sus cambios con respecto al crecimiento económico. El IDH sin ingreso es presentado en el cuadro de la derecha. La correlación es muy débil e insignificante estadísticamente.

Estudios anteriores han tenido los mismos resultados. Uno de los primeros investigadores que estudió sistemáticamente esta relación fue el demógrafo estadounidense Samuel Preston, quien mostró que la correlación entre los cambios observados durante 30 años en el nivel de ingreso y en la esperanza de vida para 30 países no era estadísticamente significativa.

Un aspecto clave de la filosofía del desarrollo humano es dar a las personas más control sobre sus propias vidas. Unos 800 informes nacionales sobre desarrollo humano han apoyado este enfoque, haciendo hincapié en la relevancia de preguntar a las personas qué es lo importante para ellos. Espero que el espacio HDialogue cumpla ese papel: otorgar a todos la oportunidad de dar a conocer sus puntos de vista sobre lo que consideran importante.

También es vital recordar que el desarrollo humano es un concepto abierto que abarca muchos aspectos de la vida, y que ciertamente va más allá de nuestra salud, educación e ingresos, variables consideradas en el IDH. Este blog quiere ser una plataforma a través de la que que todos podemos participar el debate sobre aquellos aspectos, en conjunto, determinan el desarrollo de la humanidad.

El desarrollo humano ha sido definido como la ampliación de las opciones de las personas para vivir la vida que valoran. Parece que el Senador estadounidense Bobby Kennedy tuvo una idea parecida en mente cuando habló elocuentemente en 1968 sobre los peligros de poner demasiada atención al ingreso nacional, concluyendo que éste no “determina la salud de nuestros hijos, la calidad de su educación, o la alegría de sus ratos de juego. No incluye la belleza de nuestra poesía o la fortaleza de nuestros matrimonios; la inteligencia de nuestro debate público o la integridad de nuestros funcionarios públicos. No mide nuestro ingenio ni nuestro coraje; ni nuestra sabiduría o nuestro aprendizaje; ni nuestra compasión o nuestra devoción por nuestro país; en resumen mide todo, menos lo que hace que la vida valga la pena”.

Las palabras del senador suenan todavía pertinentes hoy en día. Podemos tener ochenta años de sabiduría sobre las deficiencias del PIB, pero todavía hoy es una cifra con gran influencia sobre los tomadores de decisión. La necesidad de discutir y debatir acerca del desarrollo humano nunca ha sido mayor. Será un placer leer qué es lo que piensan ustedes al respecto.

Khalid Malik es el Director de la Oficina del Informe sobre Desarrollo Humano.

Traducción facilitada por la Revista Humanum de la Dirección Regional para América Latina y el Caribe Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.