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Informe sobre desarrollo humano - Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

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Wed, 08 Dec 2010 12:00:39 GMT

¿Cuál es la imagen de África que nos presenta el nuevo IDH?

Por Francisco R. Rodríguez
Jefe del Equipo de Investigación, Oficina encargada del Informe sobre Desarrollo Humano, PNUD


En un post publicado el pasado jueves, Bill Easterly y Laura Freschi critican la nueva fórmula utilizada para determinar el Índice de Desarrollo Humano (IDH) incluido en el Informe sobre Desarrollo Humano de este año. Basándose en un estudio reciente de Martin Ravallion, Director del Grupo de Investigación de Desarrollo del Banco Mundial, Easterly y Freschi arguyen que nuestra decisión de cambiar de una media cumulativa a otra multiplicativa supone que el IDH muestre a África en una situación peor de lo que está en realidad.

Sin duda, la cuestión no es si el índice transmite la sensación de que una región o país en concreto se encuentra mejor o peor, sino si los cambios metodológicos presentados en la nueva versión del IDH son lógicos o no. Si se quiere rechazar la metodología, habría que hacerlo poniendo en entredicho la solidez de sus principios, no en base a si nos gustan o no sus conclusiones.

¿Por qué se ha variado la función del IDH y en qué repercute?

Uno de los principales cambios en la función utilizada para calcular el IDH presentado en el informe de este año ha sido la utilización de una media geométrica en lugar de una media aritmética. El propósito de este cambio ha sido incorporar al índice la sustituibilidad imperfecta, que significa que cuanto menor sea el resultado en una dimensión, mayor será el beneficio que supondrá una eventual mejora en la misma. Por contra, la sustituibilidad perfecta (característica de la anterior función del índice) significa que el valor inicial de una dimensión no tiene ninguna relación con la atención que se le presta.

Los planteamientos de la sustituibilidad perfecta han recibido innumerables críticas, y con razón.[1] Imaginemos un país que haya sufrido recientemente una crisis sanitaria, como una epidemia de VIH. Sería lógico pensar que dicho país dedicará más esfuerzos a mejorar la sanidad después de vivir una crisis semejante que en caso de no haberla padecido. Sin embargo, la sustituibilidad perfecta rechaza este razonamiento. Con la sustituibilidad imperfecta, queda automáticamente probado que si se obtienen avances más modestos en una dimensión en relación a otra, se prestará más atención a la primera. Éste es el origen de las compensaciones “problemáticas” a la que hacen referencia Easterly, Freschi y Ravallion.

Entonces, ¿cómo interpretamos el diferencial de 17.000 a 1 que tanto preocupa a Easterly, Freschi y Ravallion?[2] En primer lugar, es importante entender que el IDH no es una función utilitaria, ni una función sobre bienestar social. Es un índice que mide las capabilidads, o capacidades y habilidades humanas.[3] Como tal, intenta darnos una idea de las condiciones medias que tienen los habitantes de un país en concreto para desarrollar planes de vida alternativos que valoren. Los ingresos son, sin duda, un elemento útil que contribuye a lograr estas capacidades y habilidades, ya que permite a las personas tener acceso a bienes y servicios – como alimentos, vivienda y ropa – que son esenciales para disfrutar de una vida digna. No obstante, después de conseguir estas condiciones básicas, el peso específico de la renta en la ulterior mejora de estas capabilities disminuye significativamente.[4]

La forma correcta de interpretar las brechas que destacan Easterly, Freschi y Ravallion son, por lo tanto, entenderlas como las diferencias entre la medida en la que contribuyen los ingresos y la salud a continuar mejorando las capacidades y habilidades humanas. Al tiempo que la contribución relativa de la renta en la mejora de estas capabilidads es infinitesimalmente pequeña en los países ricos, resulta enorme en los países pobres. Las sociedades pueden valorar otros factores además de sus capacidades y habilidades, y de hecho lo hacen. Por lo tanto, el IDH no refleja el valor intrínseco de las dimensiones incluidas en el mismo, sólo la contribución relativa de cada una de ellas a la hora de expandir dichas capabilidads.

Sin duda, se puede estar en desacuerdo sobre si la sustituibilidad imperfecta y el tratamiento asimétrico de los ingresos son propiedades deseables o, incluso, si deberíamos utilizar un índice de capacidades y habilidades para medir el desarrollo. La HDRO estaría dispuesta a debatir estas cuestiones. Desgraciadamente, ni Ravallion ni Easterly y Freschi han ofrecido una justificación normativa para discrepar sobre estos principios, y tampoco han ofrecido principios normativos que sirvan de alternativa.[5] Si el argumento Easterly-Ravallion es que la renta per cápita permite medir mejor el desarrollo, entonces no nos quedará otra que mostrar nuestro desacuerdo al respecto.

¿Muestra el nuevo IDH una panorama del África subsahariana peor de lo que es en realidad?

¿Cuál es el efecto neto de la nueva función del IDH sobre la posición relativa de África frente al resto del mundo? En el Informe sobre Desarrollo Humano 2010, el IDH de África se sitúa en 0,389, lo que viene a ser el 62,3% del IDH global. Si hubiéramos aplicado la función en su forma anterior, el IDH de África hubiera sido el 64,1% de la media mundial. Con todo, ¿ofrece el IDH un panorama peor para África? Sí, exactamente un 1,8% peor. Evidentemente, se puede intentar hacer leña del árbol caído, tal y como hacen Easterly y Freschi al retomar las quejas vertidas por el primero en relación a los ODM. Sin embargo, parece que el panorama general del progreso relativo de África respecto al resto del mundo no cambia realmente con la nueva función.

Tal y como destacan Easterly y Freschi, el IDH también presenta por primera vez una medida de progreso que evalúa el avance relativo frente a otros países con puntos de partida similares. En general, África no logra buenos resultados en esta medida durante el periodo 1970-2010, si tenemos en cuenta las cuatro décadas en conjunto. Esto responde, sencillamente, a que los países africanos han obtenido peores resultados que los países que en 1970 se encontraban en puntos de partida similares. La Figura 1 compara el IDH medio del África subsahariana con el de los 11 países de otras regiones que mostraban un Índice más bajo en 1970 (un grupo de comparación que, de media, en 1970 tenía el mismo IDH que el África subsahariana). Queda claro que los países del África subsahariana no estuvieron a la altura de los países de otras regiones, especialmente durante la desastrosa década de 1980. Existen numerosos ejemplos de países que ilustra este resultado general: en 1970, los IDH de Nepal, Omán y Túnez eran similares a los de Zimbabwe, RD Congo y Zambia, respectivamente. Mientras que el primer grupo experimentó un aumento medio del 76% en el IDH durante este periodo, los tres países subsaharianos padecieron un desplome absoluto.

AidWatchers HDI

Figura 1: Comparación de la evaluación de los IDH desde 1970. Fuente: Estimaciones de la HDRO. Nota: El grupo de comparación de países no subsaharianos está formado por países cuyo IDH medio en 1970 era aproximadamente igual al de la región subsahariana. Estos países son Afganistán, Bangladesh, Cambodia, DRP Lao, Nepal, Pakistán, Djibouti, India, Marruecos, China y Omán.

Ahora bien, África es enormemente diversa y estas medias regionales generales impiden ver ciertas particularidades. Aunque los tres únicos países que han sufrido un deterioro en su IDH en los últimos 40 años se encuentran en África, no es menos cierto que algunos países de la región han tenido un rendimiento bastante bueno, como es el caso de Etiopía y Benin, que se encuentran en el puesto 11 y 18, respectivamente, en términos de mejoría general del IDH durante el periodo 1970-2010.

Si el planteamiento de Easterly y Freschi fuera correcto y el problema radicara en la metodología del IDH y la medida de progreso presentada en el IDH 2010, no percibiríamos el buen rendimiento obtenido por algunos países africanos como Etiopía o Benin, ni tampoco veríamos cómo ha mejorado la situación de África en los últimos años. Sin embargo, no es el caso. De hecho, utilizando la misma medida de progreso, África obtiene resultados mucho mejores desde 2000, ya que su rendimiento relativo en todos los indicadores ha sido mucho más fuerte. Tal y como se muestra en el Cuadro 1, que aplica la misma metodología para medir exclusivamente el progreso de los últimos diez años, África aporta 6 de los 10 países con mejores resultados de todo el mundo, incluyendo los cinco mejores (Ruanda, Sierra Leona, Mali, Mozambique y Burundi). De hecho, deberían ser unos resultados sorprendentes teniendo en cuenta que, supuestamente, se trata de un índice que, por su diseño, perjudica a África.

Clasificación

País

Cuadro A: Países que han experimentado un mayor aumento del IDH, 2000-2010

1

Ruanda

Nota: Las mejoras en IDH se miden por la desviación que refleja la evolución de un país en relación a otros países con un IDH inicial igual. Para más información sobre la metodología y los datos utilizados, consúltese PNUD(2010), capítulo 2.

 

Fuente: Estimaciones del a HDRO en base a las tendencias de los datos del IDH.

2

Sierra Leona

3

Mali

4

Mozambique

5

Burundi

6

Indonesia

7

Níger

8

Corea del Sur

9

China

10

India

 

Referencias

Anand, S. and Sen, A.K. (1993), Human Development Index: Methodology and Measurement. HDRO Occasional Paper. New York: UNDP.

Chakravarty, Satya R., 2003, “A Generalized Human Development Index,” Review of Development Economics 7(1): 99-114.

Desai, Meghnad (1991), ‘Human Development: concepts and measurement’, European Economic Review 35, p. 350–357.

Lind, Niels (2004), ‘Values Reflected in the Human Development Index‘, Social Indicators Research 66, p. 283-293.

Ravallion, Martin (1997), “Good and bad growth: The human development reports”, World Development 25:5, p. 631-638.

Ravallion, Martin, 2010, “Troubling Tradeoffs in the Human development Index,” Policy Research Working Paper 5432, World Bank, Washington DC.

Sagar, Ambuj and Adil Najam (1998), ‘The Human Development Index: A Critical Review’, Ecological Economics 25, no. 3, June, p. 249-264.

Sen, Amartya (1980), “Equality of what?”, in S.M. McMurrin (Ed.), Tanner Lecture on Human Values, Vol. I, Cambridge: Cambridge University Press.

UNDP(2010) The Real Wealth of Nations: Pathways to Human Development. New York: Palgrave Macmillan.

Notas a pie de página

1. Por ejemplo, véase Desai (1991), Sager y Najam (1998), y Lind (2004).

2. Ravallion se refiere a la tasa marginal de sustitución de años de vida por ingresos como el valor de longevidad, una interpretación con la que no estamos de acuerdo. Easterly y Freschi difieren en su interpretación al respecto, y lo consideran el “valor de la vida”, que es matemáticamente incorrecto debido a que un año más de vida no es lo mismo que una vida más.

3. Para obtener más información sobre la noción de capabilidads y su relación con el enfoque de desarrollo humano, véase Sen (1980). Para saber cómo se trata la renta en el IDH, consúltese Anand y Sen, 1993.

4. Éste es el motivo por el que el IDH (tanto en con su fórmula anterior como con en la actual) trata los ingresos asimétricamente a través de una transformación logarítmica. Véase Anand y Sen (1993) para más información.

5. Ravallion (2010) sí propone un índice, basado en Chakravarty (2003), que mantiene la sustituibilidad imperfecta, pero no el tratamiento asimétrico de los ingresos. Sin embargo, no ofrece una justificación normativa para eliminar el tratamiento asimétrico de los ingresos. Se profundizará en la propuesta de Ravallion en una respuesta de la HDRO que se publicará próximamente.

Comentarios de nuestros lectores a este artículo


Steve Knack, Lead Economist World Bank wrote:

"The larger point is that there's rarely any justification for lumping together indicators of different concepts into a single index.  Focus attention on the separate (meaningful) indicators instead of diverting attention to a single (meaningless) aggregate index."

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Papa Seck, Policy Specialist UN Women wrote:

"It was a pleasure seeing the much anticipated new version of the Human Development Index this year. The mere fact that there is a great deal of discussion about it, I think, testifies to its timeliness and to its longstanding usefulness. I just wanted to chime in a bit on a few aspects of the HDI. 1- First, and most importantly, few would disagree that the HDI is meant to provide a specific and largely incomplete picture of certain development issues (not least because data problem abound); it is not meant to measure development. Hence, perhaps the debate that is taking place seems to be a bit academic, but I doubt this was the original aim of the index. 2- My second point is that this year a new way to classify countries was introduced, ranking countries on the basis of the progress they made. Although the level of progress is informative, ranking countries on that basis is a bit misleading. By construction (and naturally), the HDI is bounded above. The more countries approach the upper limit, the harder it is for them to make additional progress. Mathematically, the higher the initial HDI level (the denominator), all things being equal, the lower will be the level of progress made by a particular country. By that definition, developed countries may be lagging the rest of the world, and those that started low will seem to be making a lot of progress. 3- My third point is that although it is useful to see overall levels of development, a future version of this Index should (re)introduce (improved) ways to gender-adjust the HDI. It is somewhat inconceivable that some of the most gender discriminatory countries in the world should rank among the most developed countries in the world, as the question becomes then: development for whom?"

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Antonio Villar, Pablo de Oalavide University wrote:

"You mention one of the points that should probably still be clarified, when you say that "the HDI is not a utility function, nor is it a social welfare function. It is an index of capabilities". I fully agree with that, in which case one has to suppress the logs in the GNP, which will give a picture still worse of the distribution of capabilities (see the discussion in Herrero, Martínez & Villar (2010), HDR research paper. That will also make more coherent the introduction of inequality measures."

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Maria Manuela, wrote:

"Excelente"

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Ny Boret, Statistician National Committee for Decentralization and Deconcentration Reform, Ministry of Interior, Royal Kingdom of Cambodia wrote:

"Looking at the paper related to the HDI produced by Martin Ravillion and the article by Bill Easterly and Laura Freschi in a post published on Thursday if I do not misunderstand it seems that all of them favor the additive formula as proposed by Chakravarty rather than the geometric mean used for the new HDI in the HDR 2010. As stated in Martin Ravallion’s paper the use of Chakravarty formula (harmonic mean or Atkinson index adjustment of inequality between each dimension using aversion parameter A=2 on the arithmetic mean) will give higher implicit weight for life expectancy than the geometric mean (Atkinson index adjustment of inequality between each dimension using aversion parameter A=1 on the arithmetic mean) used by UNDP HDRO 2010. I know the purpose of using geometric or harmonic mean are meant to eliminate the perfect substitution between each dimension on the final HDI or the most important thing is to discount the unbalance in development between each dimension of any subjects but not related to the giving different weight (relative importance) of each dimension on the final HDI. Therefore, the propose of using the additive formula (harmonic mean) or any form applying any aversion parameter from Chakravarty formula to replace the geometric mean formula currently used by HDRO is useless if Martin Ravillion, Bill Easterly and Laura Freschi want to make the final implicit weight for life expectancy higher (or more important) in the final HDI."

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