El Informe documenta el número de personas desfavorecidas del mundo sufren una “doble carga” de privaciones. Se encuentran indefensos ante tendencias medioambientales globales a largo plazo como las catástrofes naturales, las sequías y la subida del nivel del mar. Y, además, se enfrentan a amenazas para su entorno más próximo, desde la contaminación del aire de sus casas, el agua no potable o unos saneamientos inadecuados. Las enfermedades prevenibles vinculadas directamente al agua o al aire contaminado se llevan por delante anualmente las vidas de cerca de tres millones de niños menores de cinco años, principalmente en África y el Sur de Asia.
Asimismo, los pobres de las zonas rurales de todo el mundo dependen de la salud de los bosques y las tierras de cultivo y océanos para salir adelante. A medida que estos recursos vitales disminuyan en escala y productividad, se pondrán en peligro las formas de vida de las personas que más dependen de estos recursos amenazados. Con ello, puede que los precios de los alimentos sigan subiendo hasta quedar fuera del alcance de muchos, amenazando el progreso global en la lucha contra el hambre. Las previsiones del Informe sugieren que, si no conseguimos reducir los graves peligros medioambientales y se permite que las desigualdades sociales sigan haciéndose cada vez más profundas, todo ello podría derivar en una ralentización del progreso sostenido experimentado en las últimas décadas por la mayoría de los pobres del mundo e, incluso, revertir la convergencia global del desarrollo humano. Las desigualdades sociales pueden impedir que los países y las comunidades pobres puedan influir proporcionalmente sobre las prácticas medioambientales y la elaboración de políticas tanto a nivel global como nacional.
El Informe afirma que las grandes disparidades en el reparto de poder afectan a las condiciones medioambientales objetivas de las comunidades y los países más pobres y que, al mismo tiempo, dan forma a los debates políticos nacionales y globales. A nivel nacional, los nuevos análisis muestran cómo los desequilibrios de poder y las desigualdades de género están estrechamente vinculadas a los impedimentos para acceder a una mejor calida del agua y los saneamientos, a la degradación de las tierras y a las muertes causadas por la polución del aire, tanto de entornos interiores como en exteriores, amplificando así los efectos asociados a las disparidades de ingresos. Las desigualdades de género también interactúan, y empeoran, los resultados medioambientales. A nivel global, los acuerdos de gobernanza a menudo suelen debilitar las voces de muchos países en desarrollo y excluyen a los grupos marginados.
Las simulaciones informáticas del Informe muestran que, si no se acelera el deterioro del medio ambiente global durante las próximas cuatro décadas, un escenario poco probable, el IDH global promedio aumentaría un 19% para 2050. Los avances en desarrollo humano en su proyección “básica” sería mayor en el mundo en desarrollo, con un aumento del 44% en el IDH del África subsahariana y de un 36% en el Sur de Asia.
Pero cuando se tienen en cuenta los “desafíos medioambientales” probables (como los efectos del calentamiento global sobre la agricultura, el agua, los alimentos, los saneamientos y la polución) junto con las crecientes desigualdades, se prevé que el IDH en 2050 sea sólo un 11% en relación a los niveles globales actuales, o un 8% menor que la previsión “básica”, incluso con caídas más pronunciadas del 12% respecto al aumento del IDH en el Sur de Asia y el África subsahariana.
En un escenario aún más adverso, de “catástrofe medioambiental”, con una deforestación y una degradación de las tierras más acelerada, además de unas desigualdades más acentuadas, el IDH global sería un 15% menor que la proyección “básica”. El declive del IDH de 2050 causado por las condiciones de “catástrofe medioambiental” serían más dramáticas en el África subsahariana (24%) y el Sur de Asia (22%).
La financiación necesaria para continuar con el desarrollo humano, incluyendo la protección medioambiental y social, será mucho mayor en las próximas décadas que el volumen actual de ayudas oficiales al desarrollo. Por ejemplo, invertir en fuentes de energía de bajas emisiones de dióxido de carbono es sólo un 1,6% que incluso la estimación más baja de necesidades, frente al aproximadamente 11% que suponen los fondos destinados a la adaptación y la mitigación del cambio climático. La financiación proveniente del sector privado es indispensable, pero tiene que estar apoyada y acompañada por una inversión pública proactiva. Eliminar la brecha de financiación requiere un pensamiento innovador.
Una posible nueva fuente de financiación propuesta por el Informe es un impuesto sobre las transacciones monetarias. Por primera vez desde la crisis financiera global de 2008, se dan las condiciones adecuadas para implantar esta recaudación. Incluso una pequeña tasa generaría ingresos sustanciales. El informe calcula que con un minimalista 0,005% aplicado al comercio monetario internacional podría aportar cerca de 40.000 millones de USD al año, una ayuda sustancial a los 130.000 millones de USD que los países de la OCDE destinan anualmente a la ayuda oficial al desarrollo. Cada vez son más los gobiernos de países desarrollados y en desarrollo, así como destacados economistas, que abogan por la adopción de un impuesto universal sobre las transacciones monetarias. Los agentes de la sociedad civil que defienden esta tasa se refieren a ella como el “Impuesto Robin Hood”, defendiendo que tendrá un efecto mínimo sobre los mercados internacionales de compraventa de divisas, pero que ofrecería unos un volumen significativo de recursos, muy necesarios por otra parte en los próximos años y décadas, para los países y las comunidades con bajos ingresos.
El Informe identifica otras posibles fuentes de financiación, incluyendo los mecanismos existentes, como el Fondo de Tecnología Limpia y el Fondo Climático Estratégico, que han recaudado hasta la fecha 3.700 millones de USD para la ayuda medioambiental y podrían obtener aún más.
Además de hacer un llamamiento para encontrar nuevas fuentes de financiación para hacer frente a las amenazas medioambientales y otras necesidades de desarrollo, el Informe promueve las reformas en la gobernanza global para promover “la equidad y el empoderamiento”. Según el informe, canalizar los flujos financieros hacia los desafíos críticos de la insostenibilidad y la desigualdad, y no exacerbar las disparidades existentes. Para ello, se requerirían mejores mecanismos para lograr fondos para promocionar energías seguras y limpias para todos; la mitigación del cambio climático; la innovación y la adaptación tecnológica; el acceso a agua potable y saneamiento básico; y garantías de protección social para las comunidades y las personas pobres.
El Informe sobre Desarrollo Humano es una publicación que el PNUD ha encargado y publicado anualmente desde 1990 como un análisis intelectualmente independiente y empírico sobre cuestiones, tendencias, progresos y políticas en torno al desarrollo. El objetivo último del Informe es ayudar a avanzar en el desarrollo humano, lo que supone prestar una especial atención a la salud, la educación y la ampliación de las libertades y habilidades humanos, como el crecimiento económico. La frase inicial del primer Informe sobre Desarrollo Humano de 1990 afirmaba que “la verdadera riqueza de una nación son sus personas”. El Informe de este año sigue con la tradición tratando de vincular los desafíos que plantean la equidad y la sostenibilidad desde la perspectiva del desarrollo humano. Los Informes anuales y los recursos contextuales relacionados están disponibles en hdr.undp.org, incluyendo los textos completos o los resúmenes en diez idiomas; libros electrónicos; Documentos de Investigación sobre Desarrollo Humano; además de recientemente actualizados indicadores estadísticos; herramientas de visualización de datos; mapas interactivos; y perfiles de datos de todos los estados miembros de Naciones Unidas.
En las últimas dos décadas, se han publicado más de 40 Informes sobre Desarrollo Humano editorialmente autónomos, que han contado con el apoyo de las direcciones regionales del PNUD. A menudo con análisis y puntos de vista provocadores, estos Informes han examinado cuestiones críticas como las libertades civiles y el empoderamiento de las mujeres en los estados árabes, la corrupción en la región Asia-Pacífico, el trato que reciben los rom y otras minorías en Europa Central y la desigual distribución de riquezas en América Latina. Estos Informes regionales reflejan la tradición de los informes regionales, a saber, autonomía intelectual y perspectiva de desarrollo humano, anteponiendo las personas a todo lo demás.
Además, se han elaborado muchos Informes nacionales, hasta el momento más de 650 en 140 países, por equipos editoriales locales con el apoyo del PNUD. Estos informes han llevado la perspectiva del desarrollo humano a las preocupaciones políticas nacionales a través de consultas y estudios gestionados localmente. Los Informes nacionales han solido centrarse en cuestiones de género, étnicas, o divisiones rural/urbano, con el objetivo de ayudar a identificar desigualdades, medir el progreso e identificar las señales tempranas de potenciales conflictos. Dado que estos informes se basan en las necesidades y perspectivas nacionales, muchos han tenido una significativa importancia en las políticas naciones, incluyendo las estrategias para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio y otras prioridades de desarrollo humano. Para obtener más información sobre Informes sobre Desarrollo Humano nacionales y regionales, consúltese hdr.undp.org/es/indh/.
El Informe sobre Desarrollo Humano presenta dos tipos de información estadística: las estadísticas de sus índices y sus correspondientes Cuadros estadísticas, que ofrecen una evaluación global de los logros del país en las diferentes áreas del desarrollo humano, y las evidencias estadísticas de los análisis temáticos de los capítulos, que pueden estar basados en datos internacionales, nacionales o subnacionales. La base de datos del Informe 2011 disponible en Internet contiene un conjunto de datos temporalmente completo para todos los indicadores incluidos en la edición impresa del Informe. Consúltese el apartado herramientas estadísticas de nuestro sitio web.
La Oficina del Informe sobre Desarrollo Humano es principalmente usuaria, y no productora de estadísticas. Para poder realizar comparaciones entre los países y a lo largo del tiempo, el Informe se basa en los datos aportados por agencias de datos internacionales con el mandato, los recursos y la experiencia para recoger y compilar datos sobre indicadores específicos. Para obtener más información, consúltese la información de contacto de las principales agencias de datos. Las fuentes de todos los datos utilizados en los cuadros de se mencionan en breves citas al final de cada cuadro. Cuando una agencia ofrece datos obtenidos de otra fuente, se citan ambas en las notas del cuadro. Cuando una agencia se basa en los datos de otros contribuyentes, sólo se cita la fuente última. El Informe ofrece los componentes originales utilizados por la Oficina del Informe sobre Desarrollo Humano para garantizar que sus cálculos puedan ser replicados.
La evidencia estadística utilizada en el análisis temático en el Informe suele basarse por lo general en los Cuadros estadísticos. Sin embargo, también se utilizan documentos encargados ad hoc, documentos gubernamentales, informes nacionales sobre desarrollo humano, informes de organizaciones no gubernamentales, artículos periodísticos y otras publicaciones académicas. Por lo general, las estadísticas oficiales suelen tener prioridad. No obstante, debido a la naturaleza vanguardista de las cuestiones tratadas, es probable que no existan estadísticas oficiales relevantes, por lo que se tienen que utilizar fuentes no oficiales de información. En cualquier caso, la Oficina del Informe sobre Desarrollo Humano está comprometida a utilizar datos compilados a través de investigaciones académicas y científicas, y a garantizar la imparcialidad de las fuentes de información y de su uso a la hora de realizar los pertinentes análisis.
Cuando se utiliza información que no provengan de los cuadros de indicadores del Informe se suelen utilizar cuadros en dentro del texto, mostrando la fuente, y se hace una cita completa en la bibliografía. Además, la nota resumen de cada capítulo esboza las principales fuentes utilizadas en la redacción del mismos y las notas finales especifican las fuentes de la información estadística que no se basa en los cuadros de indicadores.
El Informe 2011 divide los países en cuatro grupos, según su desarrollo humano y, en consecuencia, su clasificación en el IDH: Muy alto, Alto, Medio y Bajo. Cada grupo representa un cuartilo del IDH anual, que en 2011 cuenta con 187 países y territorios. El Informe también clasifica los países en desarrollo por regiones, concretamente, Estados Árabes, Asia y el Pacífico, Europa y Asia Central, América Latina y el Caribe, y África subsahariana, en consonancia con las Direcciones Regionales del PNUD. (Para fines estadísticos, la región de Asia-Pacífico está dividida a su vez en Sur de Asia por un lado y Este de Asia y el Pacífico por otra.)
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) son un conjunto de objetivos cuantificables y específicos para un periodo de tiempo, derivados de la Declaración del Milenio, que fue aprobada por los estados miembro de la ONU en marzo de 2002. El Informe sobre Desarrollo Humano incorpora algunos indicadores utilizados en los Objetivos de Desarrollo del Milenio en sus Cuadros estadísticos anuales, pero no reporta expresamente sobre los logros de los países respecto a los ODM. La Base de Datos de Indicadores del Milenio (http://mdgs.un.org) de la División de Estadísticas de Naciones Unidas es la principal fuente de datos de la ONU sobre los ODM y remite estadísticas actualizadas para la elaboración del informe anual del Secretario General sobre el progreso respecto a la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, al igual que para otros informes anuales entre los que se incluyen el Informe sobre Desarrollo Humano y los Indicadores de Desarrollo Mundial del Banco Mundial. La UNSD, el Banco Mundial y otros proveedores de datos internacionales, como el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA), el Instituto de Estadísticas (UIS) de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la ciencia y la Cultura (UNESCO), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), y la Organización Mundial de la Salud (OMS), posibilitan que el Informe incluya las cifras más recientes sobre los ODM. Estos dato se pueden encontrar en:
El Índice de Desarrollo Humano (IDH) es una medida resumen del desarrollo humano, que refleja los logros medios de un país en tres dimensiones básicas de desarrollo humano: una vida larga y saludable (salud), acceso al conocimiento (educación) y un nivel de vida digno (ingresos). La disponibilidad de datos determina la cobertura de países del IDH. Para posibilitar comparaciones entre países y siempre que sea posible, el IDH se calcula en base a datos disponibles en el momento de redactar el Informe provenientes de las principales agencias internacionales de datos y otras fuentes con credibilidad demostrada.
Este año contamos con 18 países más en el cuadro del IDH que en 2010, lo que ya supone un cambio significativo en sí mismo. Un mejor rendimiento de otros países también puede ser la causa de algunos de los cambios. No obstante, el principal factor son las revisiones de los indicadores que han realizado los proveedores de datos este año, que afectan al IDH de muchos países.
Debido al aumento en el número de países incluidos en el IDH de este año y a la revisión de los datos realizada en 2010 y 2011, las clasificaciones del IDH de los dos informes no son comparables. Éste es el motivo por el que los asesores utilizan el Informe sobre Desarrollo Humano no para comparar los resultados de diferentes ediciones, sino para utilizar el Cuadro 2 del informe más reciente, que se basa en los datos más actualizados disponibles. Es importante consultar este cuadro del informe a la hora de analizar los cambios en las clasificaciones y los valores del IDH de un año a otro. Es precisamente en este cuadro donde la HDRO presenta las tendencias en IDH, a través de series temporales de datos que sí son comparables. El verdadero cambio de clasificación se expresa en este cuadro como el número de puestos que un país en concreto ha variado en el índice. Un cambio en la clasificación de 0 indica que, entre 2010 y 2011, un país ni ha mejorado ni ha empeorado en clasificación del IDH en relación a otros países.
| Clasificación IDH 2011 | ||
| Palau | 49 | |
| Cuba | 51 | |
| Seychelles | 52 | |
| Antigua y Barbuda | 60 | |
| Granada | 67 | |
| Líbano | 71 | |
| Saint Kitts y Nevis | 72 | |
| Dominica | 81 | |
| Santa Lucía | 82 | |
| San Vicente y las Granadinas | 85 | |
| Omán | 89 | |
| Samoa | 99 | |
| Territorio Palestino Ocupado | 114 | |
| Kiribati | 122 | |
| Vanuatu | 125 | |
| Iraq | 132 | |
| Bhután | 141 | |
| Eritrea | 177 |
Las bases de datos internacionales se actualizan y revisan todos los años. Mucho de ellos realizan también revisiones históricas. Esperanza de vida: La división de población de la ONU se ha encargado de realizar la revisión de las series de esperanza de vida en 2011. Estas revisiones afectan a los valores pasados, actuales y futuros de esperanza de vida. A pesar de que la mayoría de estos cambios son insignificativas, muchos países han variado su clasificación tanto en una dirección como en otra. Años esperados de instrucción y Años de educación promedio: El Instituto de Estadísticas (UIS) de la UNESCO actualiza regularmente sus datos sobre escolarización y logros educativos, los principales indicadores para la valoración de los años esperados de instrucción y los años preeducación promedio. Este año, la HDRO ha actualizado los años de educación promedio para 34 países, para los que se ha dispuesto de nuevos datos censales sobre educación. Para otros ocho países, los Años esperados de instrucción se calcularon en base a los cuadros de logros educativos de la UIS. Ingreso Nacional Bruto: El ingreso nacional bruto per cápita se expresa en términos de USD PPA constantes. Estos cálculos se basan en: el INB per cápita reportado en moneda nacional, el deflactor del PIB, el INB per cápita en USD PPA, y las estimaciones de FMI sobre el crecimiento del PIB real para 2010 y 2011. Cada una de estas series de indicadores se actualiza o, incluso, se revisa anualmente. Por ejemplo, en 2010 no se reportaron valores INB para el año 2009; en su lugar, se utilizaron las previsiones del FMI. Los valores del INB reportados para 2009 no han estado disponibles hasta 2011 y, en este caso sí, se han utilizado para calcular el INB per cápita de 2011. Asimismo, en 2011 el INB se expresa en USD PPA constantes de 2005, mientras que en 2010 se expresó en USD PPA constantes de 2008. La utilización de distintos años como base hace que estos valores no se puedan comparar directamente.
El IDH sigue siendo un índice compuesto que mide el progreso en tres dimensiones básicas, a saber, salud, conocimiento e ingresos. Con el anterior planteamiento del IDH, la salud se medía en base a la expectativa de vida al nacer; la educación o el “conocimiento” con la tasa de alfabetización y de escolarización (desde la educación primaria hasta la universitaria); y los ingresos o estándares de vida mediante el PIB per cápita ajustado para la paridad de poder adquisitivo (PPA en USD).
La salud todavía se mide en base a la esperanza de vida al nacer. Sin embargo, el IDH 2010 reflejó los avances obtenidos en el conocimiento mediante una combinación de los años esperados de instrucción para un niño que actualmente se encuentra en edad escolar, y la media de años de la escolarización disfrutados en el pasado por los adultos que tienen 25 o más años de un país en concreto. La medición de los ingresos, por su parte, ha dejado de utilizar como referencia el Producto Interior Bruto (PIB) per cápita ajustado según el poder adquisitivo para reflejar el Ingreso Nacional Bruto (INB) per cápita ajustado según el poder adquisitivo; el INB incluye algunas remesas, con lo que se ofrece una perspectiva económica más exacta de muchos países en desarrollo.
El cambio se debe a varios factores. Por ejemplo, la alfabetización de los adultos utilizado en el IDH anterior (que es simplemente una variable binaria, a saber, alfabetizado o analfabeto, sin graduación alguna) es un dato insuficiente para medir avances logrados en conocimiento. Al incluir los años de educación promedio y los años esperados de instrucción, se puede capturar mejor el nivel de educación y los cambios recientes.
El Producto Interior Bruto (PIB) es el valor monetario de los bienes y servicios producidos en un país, indistintamente de la cantidad de los mismos que se queda en el país. El Ingreso Nacional Bruto (INB) expresa los ingresos obtenidos por los residentes de un país, incluyendo algunos flujos internacionales, y excluyendo los ingresos que se generan en el país, pero que terminan por salir al extranjero. Así, el INB es una medida más ajustada del bienestar económico de un país. Tal y como muestra el Informe de 2010, pueden existir diferencias significativas entre el ingreso de los residentes de un país dependiendo de si se utiliza el INB o el PIB.
Los ingresos son fundamentales para el desarrollo humano, pero su peso específico disminuye a medida que los ingresos aumentan. El tope del PIB en el IDH se situó en 40.000 USD y se transformaba logarítmicamente. El IDH original estableció este tope sobre los ingresos para reflejar la idea de que, a partir de cierta cantidad, superar ese límite de ingresos no ampliaban las oportunidades de desarrollo humano. Otro argumento era que, a pesar de que las tasas de alfabetización y escolarización, así como la esperanza de vida tienen topes “naturales” (100%, límites de mortalidad, etc.), los ingresos más elevados pueden seguir aumentando, induciendo que, con el tiempo, los rangos superiores del IDH se conviertan en valores y clasificaciones cada vez más dependientes de los ingresos.
Existen otros motivos por los que se ha elevado el tope de ingresos. En primer lugar, los países se iban amontonando en el tope, por lo que no podíamos diferenciar los logros de un creciente número de países situados en el nivel máximo de la distribución. En 2007, el PIB de 13 países sobrepasaba ya ese tope. Por lo tanto, el poder de diferenciación de los ingresos limitados se ha debilitado, especialmente para la diferenciación entre países muy desarrollados. En segundo lugar, originalmente pretendía ser vinculante en el sentido de desatender totalmente los ingresos que superaran un nivel concreto. Por ejemplo, el tope de ingresos PPA de 40.000 USD no era vinculante en los países en los que se introdujo a mediados de la década de 1990, sino más bien un límite superior utilizado para normalizar el índice de la dimensión de ingresos. En tercero, la media geométrica utilizada intensifica los retornos decrecientes de la transformación logarítmica del INB en comparación de la media aritmética. En cuarto lugar, sin ser por ello menos importante, el uso de valores máximos reales en lugar de topes permite que los índices dimensionales resultantes varíen en rangos similares, por lo que sus pesos implícitos son más similares que de haberse utilizado el método anterior.
El nuevo IDH utiliza el logaritmo natural en lugar del logaritmo de base 10 utilizado anteriormente. Este cambio menor no tiene efectos sobre el valor del índice de ingresos y está motivado por el hecho de que la mayoría de la literatura económica utiliza el logaritmo natural de ingresos. Los topes de cada dimensión se elevan para que se pueda decir que son iguales a los máximos observados a lo largo del periodo analizado (1980-2011) para los que se presentan las tendencias del IDH.
Se basa en una evidencia histórica (Maddison, 2010, y Riley, 2005), que indica que le mínimo se sitúa en los 20 años. Si una sociedad o un subgrupo de la sociedad tiene una esperanza de vida por debajo de la edad reproductiva típica, dicha sociedad podría desaparecer. Se han observado valores inferiores durante algunas situaciones de crisis, como el genocidio de Ruanda, pero fueron casos excepcionales que no son sostenibles. Consúltese:
Maddison, A. 2010. Historical Statistics of World Economy: 1-2008 AD. París: Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico.
Riley, J.C. 2005. Poverty and Life Expectancy. Cambridge, Reino Unido: Cambridge University Press.
Noorkbakhsh (1998). “The Human Development Index: Some Technical Issues and Alternative Indices”. Journal of International Development 10, 589-605.
El nuevo IDH otorga el mismo valor a los tres índices dimensionales; los dos subíndices de ecuación también se ponderan igual. Esto difiere del IDH anterior, donde se ponderaban de forma diferente. Este cambio se basa en la valoración normativa que otorga igual importancia a las tres dimensiones. Noorkbakhsh (1998), y Decanq y Lugo (2009) ofrecen una justificación estadística para este enfoque. El nuevo IDH tiene rangos de variación más equitativos que el previo para los índices dimensionales, lo que implica que la ponderación efectiva es más justa de lo que era antes. Consúltese:
Decanq, K. y Lugo, M.A. 2009. “Weights in Multidimensional Indices of Well-Being”. Documento de trabajo Nº 18 de la OPHI (Pendiente de Publicación en Economic Reviews)
El Índice de Desarrollo Humano ajustado por la Desigualdad (IDH-D) adapta el Índice de Desarrollo Humano (IDH) en base a la desigualdad de distribución en cada dimensión existente entre toda la población. El IDH-D recoge las desigualdades en las dimensiones del IDH “rebajando” la media del valor de cada dimensión según su nivel de desigualdad. El IDH-D es igual al IDH cuando no existen desigualdades entre las personas, pero será inferior al IDH en la medida que crezca dicha desigualdad. En este sentido, el IDH-D es el nivel real de desarrollo humano (teniendo en cuenta esta desigualdad), mientras que el IDH puede considerarse el índice de desarrollo humano “potencial” (o el nivel máximo de IDH) que puede lograrse en caso de que no existan desigualdades. La “pérdida” de potencial de desarrollo humano debida a la desigualdad queda reflejada en la diferencia existente entre el IDH y el IDH-D, y puede expresarse en forma de porcentaje.
No existe ningún país con una igualdad de género perfecta, dicho de otra manera, todos los países sufren de cierta pérdida en los resultados obtenidos en el IDH desde el momento en el que se tiene en cuenta la desigualdad de género, a través del uso del método del IDG. El Índice de Desigualdad de Género es similar en cuanto a método al Índice de Desarrollo Humano ajustado por la Desigualdad (IDH-D), consúltese la Nota Técnica 3 para obtener más información. Puede ser interpretada como una pérdida porcentual del potencial de desarrollo humano debido a las carencias en las dimensiones incluidas. Dado que el Índice de Desigualdad de Género engloba diferentes dimensiones a las recogidas en el IDH, no se puede interpretar como una pérdida en el IDH en sí. Al contrario que el IDH, una valor mayor en el IDG indica una peor actuación.
La puntuación media global en el GII es 0,492, lo que refleja una pérdida porcentual en los avances obtenidos en las tres dimensiones a causa de la desigualdad de género, que es del 49,2%. Las medias regionales van desde el 31% de Europa y Asia Central, hasta el 61% del África subsahariana. A nivel de país, las pérdidas atribuibles a la desigualdad de género oscilan entre el 4,9% de Suecia y el 76,9% de Yemen. El África subsahariana, el Sur de Asia y los Estados Árabes sufren las mayores pérdidas por cuestiones de desigualdad de género (61%, 60,1% y 56,3%, respectivamente) . Los patrones regionales muestran que la salud reproductiva es la principal causante de la desigualdad de género en todo el mundo. Las mujeres que viven en el África subsahariana, con una brutal pérdida del 73%, se ven afectadas principalmente en esta dimensión, seguido por las habitantes del Sur de Asia (65,9%), y los Estados Árabes y América Latina y el Caribe (ambas con una pérdida del 62,5%). Los Estados Árabes y el Sur de Asia están también caracterizados por un relativamente débil empoderamiento femenino.
La presentación del Índice de Desarrollo relativo al Género (antiguo IDG) y el Índice de Potenciación de Género (IPG) en 1995 coincidió con la creciente concienciación internacional sobre la importancia de hacer un seguimiento del progreso de los esfuerzos dirigidos a eliminar las brechas de género en todos los aspectos de la vida. A pesar de que el antiguo IDG y el IPG hayan contribuido enormemente al debate de género, tienen limitaciones conceptúales y metodológicas. El Índice de Desigualdad de Género se presentó como un índice experimental en la edición del vigésimo aniversario del Informe sobre Desarrollo Humano. Al igual que el IDH sigue evolucionando, también habrá que mejorar el Índice de Desigualdad de Género.
El IDG no se planteó como una medida de la desigualdad de género, más bien como el IDH ajustado por las desigualdades de género en sus componentes básicos y no puede interpretarse independientemente del IDH. La diferencia entre el IDH y el IDG parece pequeña, ya que las diferencias capturadas en las tres dimensiones tienden a serlo también, dando la impresión equivocada de que las brechas de género son irrelevantes. Además, hay que calcular los ingresos disgregados por género de forma muy extrema, utilizando asunciones poco realistas debido a la falta de datos sobre ingresos diferenciados por género para más de tres cuartas partes de los países.
Tanto el IDG como el IPG combinaban logros relativos y absolutos. La componente de los ingresos obtenidos utiliza tanto el nivel de ingresos como los porcentajes de ingresos disgregados por género. Sin embargo, los niveles de ingresos tienden a dominar los índices y, por lo tanto, los países con niveles bajos de ingresos no pueden obtener una puntuación elevada, incluso si tienen una igualdad de género absoluta en cuanto a la distribución de los ingresos y otros componentes de los índices. Casi todos los indicadores IPG reflejan una fuerte influencia elitista, por lo que la mediada es más relevante para los países desarrollados y las zonas urbanas de los países en desarrollo.
El Índice de Desigualdad de Género presenta mejoras metodológicas e indicadores alternativos. Mide la desigualdad entre géneros en las tres dimensiones, con indicadores cuidadosamente escogidos para reflejar la salud reproductiva de las mujeres, su empoderamiento y su participación en el mercado laboral en relación a la de los varones. El Índice de Desigualdad de Género combina elementos del IDG y del IPG. Los ingresos, el componente más controvertido del IDG y del IPG, no está incluido den el Índice de Desigualdad de Género. Es más, el nuevo Índice no permite que los resultados deficientes de una dimensión se compensen con los buenos resultados obtenidos en otra.
El Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) identifica las diversas privaciones a nivel individual en salud, educación y nivel de vida. Utiliza los microdatos de las encuestas familiares y, al contrario que el Índice de Desarrollo Humano ajustado por la Desigualdad, todos los indicadores necesarios para elaborar la medida deben provenir de la misma encuesta. Cada persona de una misma familia se clasifica como pobre o no pobre, dependiendo del número de privaciones que sufra su familia. Estos datos se agregan entonces a las medida nacional de pobreza.
Tal y como indica el Informe sobre Desarrollo Humano 2011, el IPM recoge las privaciones superpuestas que sufre una familia en las tres dimensiones del Índice de Desarrollo Humano (nivel de vida, salud y educación) y ofrece el número promedio de personas y privaciones con las que cuenta una familia pobre. Para obtener más información, consulte Alkire y Santos 2010.
El IPM constituye una familia o conjunto de medidas de pobreza, que se pueden aislar para mostrar la composición de la pobreza tanto entre los niveles nacional, regional y mundial, como dentro de los países, comparando grupos étnicos, zonas rurales y urbanas, así como otras características relevantes de las familias y las comunidades. Éste es el motivo por el que la OPHI define el IPM como una lente de alta resolución para observar la pobreza, ya que puede utilizare como una herramienta analítica con la que identificar las carencias predominantes. A continuación, se explican las medidas del IPM:
Incidencia de la pobreza: proporción de personas pobres según el IPM (que tienen carencias en, al menos, el 33,3% de los indicadores tomados en consideración).
Intensidad media de la pobreza: cantidad media de carencias que sufren simultáneamente las personas.
Valor IPM: Resume la información sobre las múltiples carencias en una única cifra, que se obtiene de multiplicar la incidencia de la pobreza por la intensidad media de la pobreza.
Calculamos el IPM en base a la diferencia temporal y realizamos análisis de las tendencias para una serie de países, para los que obtuvimos datos adecuados que están disponibles. Para obtener más información al respecto, consulte página 51 de Alkire y Santos 2010, y página 50 del Informe 2011.
El Índice de Desarrollo relativo al Género (IDG) es un indicador compuesto que mide el progreso promedio de una población en las tres dimensiones básicas que componen el IDH y está ajustado para reflejar las desigualdades entre hombres y mujeres en el nivel de progreso en los tres aspectos básicos del desarrollo humano. Utiliza las mismas variables que el IDH pero está desagregado por género. Para obtener detalles sobre cómo se calcula el IDG, consulte la
Nota técnica 1: Cálculo de los índices de desarrollo humano IDH 2007/2008 [465 KB].
El Índice de Potenciación de Género (IPG) es un indicador compuesto que calcula las desigualdades de género en tres ámbitos fundamentales:
Para obtener detalles sobre cómo se calcula el IPG, consulte la
Nota técnica 1: Cálculo de los índices de desarrollo humano IDH 2007/2008 [465 KB].
El IDG no es una medida de desigualdad entre los géneros. En realidad, es una medida de desarrollo humano que ajusta el índice de desarrollo humano (IDH) para sancionar las desigualdades entre hombres y mujeres en los tres aspectos del IDH.
Para demostrar que la potenciación de género no depende de los ingresos, es útil comparar los rankings relativos de IPG y el nivel relativo de ingresos nacionales. Por ejemplo:
Es posible desagregar ambos indicadores para destacar la desigualdad entre los géneros en un mismo país, que puede ser muy distinta entre diferentes regiones.
Tradicionalmente, la medida de la pobreza ha sido la falta de ingresos. Pero esta definición es muy limitada. La pobreza humana es un concepto que refleja los distintos aspectos de la pobreza en países pobres y ricos: la ausencia de opciones y oportunidades para poder vivir la vida que las personas valoran. El Índice de Pobreza Humana IPH-1 para países en desarrollo y en transición mide las privaciones humanas en los tres componentes básicos del desarrollo humano que refleja el IDH (vida larga y saludable, educación y un nivel de vida digno). El Índice de Pobreza Humana IPH-2 para países de la OCDE mide las privaciones en los mismos aspectos que el IPH-1, pero además evalúa la exclusión social.
Para el IPH-1 (países en desarrollo y en transición), una vida larga y saludable se mide en términos de la probabilidad al nacer de no vivir hasta los 40 años; la privación en la educación se mide según la tasa de analfabetismo de adultos y la privación para tener un nivel de vida digno se mide según dos variables: el porcentaje de la población sin acceso sostenible a una fuente de agua mejorada y el porcentaje de niños menores de cinco años con peso insuficiente para su edad. Consulte el
Cuadro I1 IDH 2009 [99 KB].
Pare el IPH-2 (países de altos ingresos de la OCDE seleccionados), una vida larga y saludable se mide en términos de la probabilidad al nacer de no vivir hasta los 60 años; la privación en la educación se mide en términos del porcentaje de adultos que carecen de aptitudes de alfabetización funcional y la privación de tener un nivel de vida digno se mide según el porcentaje de personas que viven por debajo del umbral de pobreza de ingresos (50% de la mediana del ingreso familiar disponible ajustado). La exclusión social se mide según la tasa de desempleo a largo plazo (12 meses o más). Consulte el
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Para obtener detalles sobre cómo se calculan el IPH-1 y el IPH-2, consulte la
Nota técnica 1: Cálculo de los índices de desarrollo humano IDH 2007/2008 [465 KB].
Para atraer la atención hacia las personas con mayores privaciones y hacia las privaciones en capacidades básicas humanas dentro de un país, en lugar de un promedio de progreso nacional. Los índices de pobreza humana se concentran directamente en la cantidad de personas que viven con privaciones. Presentan una imagen muy distinta a la del promedio de progreso nacional. También se centra en otros temas relacionados con la pobreza, más allá de la pobreza de ingresos.
Para destacar la presencia de pobreza humana tanto en los países ricos como en los pobres. Los ingresos per cápita altos no garantizan un país sin pobreza. Hay pobreza humana hasta en los países más ricos. El último índice de pobreza humana para los países de la OCDE (IPH-2) muestra que los niveles de pobreza humana de un país como los Estados Unidos - que el ingreso por persona es de entre 5 primeros en la categoría - es más del doble que en Suecia, un país que el ingreso per cápita representa el 80 por ciento de los Estados Unidos.
Para guiar la planificación nacional hacia la mitigación de la pobreza. Actualmente, muchos Informes Nacionales sobre Desarrollo Humano desglosan el IPH por región o por grupos socioeconómicos para identificar las áreas o grupos sociales con más privaciones en términos de pobreza humana dentro del país. Los resultados pueden ser dramáticos, pueden suscitar debates nacionales y contribuir a redefinir las políticas.
Una de las dificultades para el seguimiento de las desigualdades entre los géneros y la pobreza es la falta de datos. La cobertura del IDG en el HDR 2009 se limita a 155 países, la del IPG a 109 países, la del IPH-1 a 135 países en desarrollo y en transición y la el IPH-2 a 25 países de la OCDE (consulte también “Why isn’t HDI compiled for all UN member countries?”).