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Informe sobre desarrollo humano - Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

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Informe 2013

El ascenso del Sur: Progreso humano en un mundo diverso
está disponible para su descarga gratuita

El Desarrollo Humano, una cuestión de poder

Clave Digital

SANTIAGO.-La Oficina de Desarrollo Humano del PNUD en República Dominicana, en su informe correspondiente al 2005 concluía, de forma categórica y aleccionadora, que el reducido nivel de desarrollo humano en la sociedad dominicana no era el resultado de la falta de recursos, sino el fruto de un liderazgo nacional no comprometido con el desarrollo y el fortalecimiento institucional, así como por el bajo nivel de empoderamiento de los sectores mayoritarios excluidos de las capacidades y oportunidades que debería ofrecer un verdadero estado social de derecho.

En esa ocasión se resaltó el hecho de que la economía dominicana en las últimas décadas había experimentado un importante nivel de crecimiento. Sin embargo, este crecimiento no se tradujo en Desarrollo Humano, sino por el contrario ha creado un estado social  de desigualdad que condena a las mayorías  a la pobreza y a una minoría privilegiada a concentrar las riquezas generadas por el crecimiento.

Se destacó la debilidad institucional del Estado como factor causal de ese desequilibrio. El país ha sido regido por “un estilo de crecimiento económico y de ordenamiento institucional que crea riqueza reproduciendo miseria”, dice el Informe.

El Informe de Desarrollo Humano del PNUD para el 2008, nos presenta un laborioso estudio y análisis que describe y recorre la anatomía del desarrollo desigual que caracteriza la vida dominicana.

En esta oportunidad el PNUD nos trae como conclusión general que el Desarrollo Humano es una cuestión o asunto de poder, sentenciando que “la posibilidad de lograr desarrollo humano en el país depende de que se alteren las relaciones de poder que aseguren el pleno estado de derecho.”

A manera de conclusión el informe plantea las siguientes proposiciones:

·        La desigualdad que se da en la distribución de las capacidades y oportunidades según provincias, también se observa al interior de éstas, así como entre barrios, grupos y personas. En el país hay provincias con grandes privaciones para su gente y otras que están mejor situadas.

·        En República Dominicana el acceso a la educación, la salud, el empleo de calidad, así como otras capacidades esenciales para el Desarrollo Humano, no esta garantizado por el Estado de forma equitativa.

Este acceso depende de la zona en la que viva la gente, la clase social a la que pertenezca, el sexo o la capacidad de incidencia política que posea.

·        Hasta ahora, las estructuras de poder no han generado desarrollo humano. La estructura de poder ha fallado en la construcción de una sociedad que garantice el desarrollo humano de la gente. También han fallado los partidos políticos por su inclinación y apego al patrimonialismo y al clientelismo.

·        Sin una modificación de las relaciones de poder será muy difícil que las personas tengan acceso equitativo a las capacidades y oportunidades. Por eso hay que propiciar un proceso de movilización colectiva que empodere a las masas para que se abran espacios de participación a nivel local, provincial y nacional.

Derivado del amplio y detallado análisis del informe, se definen los elementos de una estrategia de transformación de las relaciones de poder, basada en el empoderamiento de la población, la descentralización y la desconcentración de los recursos que circulan en la relación Estado, Poder Local y Ciudadanía. De ese modo se busca superar la deficiente institucionalidad actual que provoca el bajo nivel de Desarrollo Humano en nuestro país.

Estas conclusiones son pertinentes para referirnos a dos aspectos que surgen de la reflexión sobre el denso contenido del informe del PNUD.

En primer lugar, la complejidad de la metodología desarrollada y el abundante banco de datos requerido para la preparación del informe, nos lleva a reconocer, tal como lo hacen sus autores, las grandes dificultades y debilidades que se dan en nuestro país para disponer de los datos e informaciones exigidos.

Estas debilidades se dan por el escaso desarrollo de los sistemas de generación de información dentro de las dependencias públicas y la incapacidad de estas para proveer informaciones validas, coherentes y en serie, segregadas a nivel nacional, provincial y local.

Estas debilidades, sin embargo, no fueron graves obstáculos para que los investigadores pudieran presentarnos una interpretación enriquecida sobre nuestros niveles de inequidades sociales, económicas e institucionales.

La debilidad en la base de datos institucionales exige grandes esfuerzos a fin de que las autoridades dispongan de sistemas de generación de informaciones instalados y funcionando, de manera tal que el país pueda estar dotado de un banco de datos con informaciones creíbles y validas que faciliten la reflexión comprensible sobre nuestra realidad social.

En segundo lugar, la penetración en las interioridades de la red de los índices de empoderamiento humano puede llevar a la tentación  de fundir y confundir los efectos, reveladores de las desigualdades, con los factores causales de la mala distribución de un poder,  que hasta ahora asume una forma asimétrica en su distribución.

Es decir, que el poder (político, económico y social) lo concentra, lo acumula y lo ejerce una minoría, mientras que la gran mayoría resulta excluida y empobrecida al quedar marginada de los beneficios económicos del crecimiento.

La confusión entre los efectos y las causas nos podría  conducir a una especie de tautología con graves y serias consecuencias al momento de aplicar la estrategia de acción encaminada a superar el déficit expresado en el bajo nivel del índice de empoderamiento humano.

Para evitar esta distorsión interpretativa es imprescindible complementar el análisis del poder, a partir de un modelo que conecte los procesos económicos, tecnológicos, culturales y psicosociales que determinan las modalidades del poder.

En nuestra sociedad, caracterizada por un capitalismo atrasado, y manejado a través de una institucionalidad informal y primaria (cuasi – familiar), con algunas apariencias de modernidad que con frecuencia sirven más para fortalecer y consolidar patrones económicos y políticos de la tradicionalidad, las actividades económicas se dan a través de unidades productivas y de servicio cuya dinámica no facilita con fluidez y coherencia la asimilación de la tecnología y sus innovaciones, de manera que las funciones de producción, distribución y consumo no se operan con el dinamismo que se observa en las economías avanzadas.

Por la forma de vinculación estructural que se da entre economía y tecnología, el señalado rezago o desajuste entre economía y tecnología, da lugar a una composición social en la cual los sectores medios se ven trabados y/o desorientados en su expansión y desarrollo, en tanto que el proceso  económico – político favorece a los grupos minoritarios en su participación en el PBI, al tiempo que los sectores ubicados en la base de la pirámide social quedan condenados a un bajo nivel de participación en dicho producto.
Es este el fenómeno de la asimetría, que entonces se traduce en el bajo nivel de empoderamiento (o poder) de las grandes mayorías de la población. Este circuito del crecimiento con desigualdad, luego se refuerza en el plano de los valores y normas, concretizándose en el marco jurídico, el cual, con frecuencia, pasa a favorecer la monopolización de la economía o al menos su forma oligárquica de operar.

Por tales razones no hay precios de mercados, hay precios y sistemas de intercambio administrados oligarquicamente. Pero esta lógica también se reproduce en la política. No tiene gran valor legitimador el voto popular como fuente de distribución del poder político en teoría democrática.

Lo que se da es una transferencia y afirmación del poder a favor de aquellos grupos o agentes políticos con capacidad financiera para persuadir a los electores y así agenciarse los votos del “soberano”. Así el poder también se afirma oligarquicamente.

Ese poder asimétrico no solo nace del sistema económico, tecnológico y cultural, sino que se interioriza en el psiquismo colectivo e individual en la forma de un programa autoritario que  reproduce un comportamiento pasional y arbitrario, cuya manifestación de inteligencia se confunde por lo general con la “brutalidad”.

De esta manera se completa y se cierra el círculo vicioso del poder desigual en una sociedad como la nuestra, cuya evolución aun transita por un capitalismo atrasado.

Estas reflexiones vienen a propósito de que es inevitable distinguir los factores y procesos que determinan el poder y su formato de distribución, para luego entender porqué los efectos y condiciones que integran el índice de empoderamiento, asumen los valores nacionales, regionales y provinciales que el Informe de Desarrollo Humano nos ha presentado con lujos de detalles.

También valen estas consideraciones para ponderar con justicia y validez, las líneas de acción estratégicas que intentan conectar el contenido del diagnostico sobre Desarrollo Humano con las políticas y mecanismos que se habrán de poner en marcha para superar las barreras que impiden un desarrollo económico y social con mayores niveles de equidad y efectividad.

Estamos de acuerdo con el énfasis del PNUD, en el sentido de que el empoderamiento de la población, para un desarrollo humano más equilibrado, exige como condición la movilización política. Pero esta tiene que estimularse y orientarse sobre la base de un ideario político fundamentado en un modelo de explicación e intervención que conecte los procesos y políticas económicas a implementar, con los requerimientos tecnológicos, culturales y psicosociales que promuevan un sujeto nacional que sustente el desarrollo.

Hasta ahora el sujeto dominicano, tan cargado de ignorancia y emotividad, así como de valores y actitudes producido en el contexto de un orden social fundamentado en la legitimidad de las diferencias y las desigualdades, no sustenta el desarrollo humano postmoderno.

Finalmente, reconocemos el valor teórico y metodológico del informe sobre el desarrollo humano y exhortamos al PNUD a que prosiga por esta línea de conceptualizacion, hasta que la cuestión del desarrollo humano deje de ser en nuestro país un asunto de poder  y llegue a ser una realidad garantizada por un Estado Social de Derecho.

(*) Comentario sobre el informe del PNUD.

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