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Cadena Causal entre Desarrollo Humano y Crecimiento EconómicoGustav Ranis |
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Desarrollo Económico y Crecimiento EconómicoEl primer Informe de Desarrollo Humano indicaba que “el objetivo básico del desarrollo es crear un ambiente propicio en el que las personas puedan disfrutar de una vida larga, saludable y creativa.” El crecimiento económico, desde hace tiempo considerado como el objetivo fundamental, debería más bien ser visto como un instrumento necesario para el logro de avances en desarrollo humano. Con el propósito de lograr avances en desarrollo humano, y tomando en cuenta lo que argumenta el IDH global de 1996, la calidad del crecimiento es lo que importa, de otra manera pueden ocurrir los siguientes fracasos en la política económica: i) crecimiento sin empleos – no se amplían las oportunidades de empleo; ii) crecimiento despiadado– los frutos del crecimiento benefician mayormente a los ricos; iii) crecimiento sordo – crecimiento que no es acompañado por una expansión de la democracia ni de empoderamiento; iv) crecimiento desarraigado – la identidad cultural de las personas se extingue; y v) crecimiento sin futuro – las generaciones presentes malgastan los recursos que necesitaran las generaciones futuras. Claramente existen fuertes conexiones de dos vías entre el Crecimiento Económico (CE) y el Desarrollo Humano (DH). Por otra parte, el CE proporciona los recursos que permiten lograr mejoras sustentables en DH. Por otra parte, las mejoras en el nivel de educación y salud, son ingredientes clave para el DH, son un importante colaborador del CE. La Cadena CausalPor lo tanto, este modelo se concentra en dos cadenas causales (véase Figura 1), una que nos lleva del CE al DH (Cadena A), la otra nos lleva del DH al CE (Cadena B).
¿Cómo contribuye el CE al DH?En la Cadena A, el CE contribuye al DH a través de actividades del gobierno, del hogar y de ONGs (ONGs). El mismo CE puede conducir a comportamientos/rendimientos muy diferentes del DH, dependiendo de cómo se asigna el PIB. La propensión de los hogares a gastar sus ingresos en ítems que contribuyen más directamente a la promoción del DH varía, por ejemplo, alimentos, agua potable, educación y salud, dependiendo del nivel y distribución de ingresos. Es probable que un mayor crecimiento y más equitativamente distribuido mejore los gastos en DH. Si nos dirigimos al gobierno, la asignación de recursos que afecta al DH es una función de gasto total, cuanto se gasta en los sectores de DH, y la forma como éstos se asignan dentro de estos sectores. Finalmente, la actividad de ONGs generalmente y en gran medida está orientada a objetivos del DH, (por ejemplo, proyectos que generan ingresos para los pobres y gasto en escuelas, nutrición y salud). Además un vínculo más importante en la Cadena A es la eficiencia con la que los gastos se aplican para mejorar los niveles de DH. ¿En qué forma contribuye el DH al CE?Si nos dirigimos a la Cadena B, niveles más altos de DH, adicionalmente a ser un fin en si mismo, afectan la economía a través de la mejora de las capacidades de las personas y consecuentemente su creatividad y productividad. La cantidad de inversión doméstica y externa, la selección de tecnología, doméstica y externa, juntamente con la política global representa otros determinantes importantes de crecimiento económico. ¿Qué evidencia empírica existe en apoyo de estos vínculos?En un trabajo anterior (Ranis, Stewart y Ramírez, 2000) empíricamente exploramos algunas de las relaciones de fondo de estas dos cadenas, utilizando datos de 69 países en desarrollo. Para la Cadena A, la variable seleccionada para medir el avance de DH fue la Insuficiencia en la Reducción de Mortalidad Infantil (IMSA), 1960-2001. La insuficiencia en la reducción es medida con relación a niveles máximos en países que actualmente han llegado a un logro máximo, es decir, 3/1000 en mortalidad infantil. El crecimiento per cápita del PIB mostró una relación significativamente positiva respecto al IMSA. También encontramos que el avance en DH estaba negativa y significativamente asociado con los niveles de pobreza y con la desigualdad de ingresos, así como la inscripción de mujeres en la escuela, y con el gastos públicos en salud y educación. Para la Cadena B, la variable seleccionada fue el crecimiento per cápita del PIB, 1960-2001. Encontramos que el CE estaba significativamente asociado con varias medidas de avance en DH, incluyendo el nivel de alfabetización y el nivel de esperanza de vida. También encontramos que el CE estaba significativamente asociado con la inversión doméstica bruta como porcentaje del PIB. La existencia de estas dos cadenas que vinculan el DH y el CE significa que una economía puede encontrarse en una espiral impulsora mutuamente ascendente, con altos niveles de DH conducentes a un alto CE, y a su vez un alto CE puede promover el DH. En cambio, un DH débil podría resultar en un CE bajo y consecuentemente en un deficiente avance de mejora en DH. ¿Cómo puede usarse este modelo para evaluar el desempeño de un país?Consecuentemente, el desempeño de país puede generalmente clasificarse en cuatro categorías: virtuoso, vicioso y dos tipos de desproporción, es decir, desproporción con relativamente fuerte DH/débil CE (denominado “DH-desproporcionado”) y desproporción con un relativamente débil DH/fuerte CE (“CE-desproporcionado”). En el caso del ciclo virtuoso, un buen DH mejora el CE, que, a su vez, promueve el DH, y así sucesivamente. Ídem en el caso del ciclo vicioso. Donde los vínculos son débiles, pueden ocurrir casos de desarrollo desproporcionado, pero es poco probable que tales casos persistan. Si el socio débil en el ciclo eventualmente actúa como freno para el otro, conducente a un caso de ciclo vicioso o, si se fortalecen los vínculos, posiblemente a través de cambios en políticas, puede resultar en un ciclo virtuoso. Una forma de clasificar a los países en estas cuatro categorías es comparar el desempeño de DH con CE (1960-2001) con el desempeño promedio de todos los países en desarrollo (véase Figura 2). La mayor parte de los países en desarrollo se muestran ya sea como virtuosos (cuadrante NE) o viciosos (cuadrante SW); un número significativo muestra un patrón desproporcionado de DH y solamente un país es desproporcionado en CE. Emerge un fuerte patrón regional, el Este del Asia está fuertemente representado en este ciclo virtuoso y el África sub-Sahariana en el cuadrante del ciclo vicioso. Latinoamérica está fuertemente representada en el cuadrante desproporcionado en DH.
Para propósitos de políticas la cuestión importante es, por supuesto, cómo un país puede moverse hacia el ciclo virtuoso a lo largo del tiempo. A lo largo de más de cuatro décadas 1960-2001, encontramos que solamente cinco países tuvieron éxito en trasladarse de un DH desproporcionado a la categoría de virtuoso, en tanto tres países permanecieron en la categoría de virtuosos a lo largo del tiempo. Los otros en el cuadrante salieron y entraron de la categoría de DH desproporcionado, con frecuencia en respuesta a dificultades económicas de corto plazo, tales como la crisis de la deuda en Latinoamérica en la década de 1980 y la crisis financiera en el Este del Asia en 1997. Se presentó una fuerte tendencia para los países en este ciclo vicioso de permanecer en él; solamente cinco pudieron salir, cuatro en un DH desproporcionado y uno en un CE desproporcionado. La desproporción demostró ser generalmente inestable. Si bien algunos países tuvieron éxito en trasladarse de la categoría de desproporción en DH a la categoría de virtuoso, ningún país tuvo éxito en trasladarse de CE desproporcionado a virtuoso. Los equipos de IDH pueden encontrar que este modelo es útil para su trabajo en la evaluación de progreso sub-nacional, dependiendo del contexto local y de la disponibilidad de datos desagregados. Esos hallazgos claramente tienen fuertes implicaciones en lo que respecta a secuencia en las políticas. Estos indican que no es posible alcanzar el ideal de un ciclo virtuoso, primeramente generando un CE mejorado en tanto se descuida el DH, desde que cualquier CE que se logre de esta manera es poco probable que demuestre ser sustentable. Algunas fuentes generales1. Behrman, Jere R. Human Resource Led Development: Review of Issues and Development, New Delhi: ARTEP/ILO, 1990a. Nota: Entendiendo el DH son las contribuciones de los miembros de la red y no necesariamente representan el punto de vista del PNUD. |
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