Los mercados globales, la tecnología global, las ideas globales y la solidaridad global pueden enriquecer las vidas de las personas en todo el mundo. El reto es garantizar que los beneficios se compartan de manera equitativa y que esta creciente interdependencia sea beneficiosa, no sólo en términos monetarios, sino también en términos humanos.
El Informe de este año sostiene que la mundialización no es nueva, pero que la era actual de globalización, impulsada por mercados globales competitivos, está dejando atrás la gobernabilidad de los mercados y las repercusiones en las personas. Caracterizada por “espacios reducidos, tiempos reducidos y fronteras que desaparecen”, la globalización ha abierto de par en par la puerta a las oportunidades.
Si los grandes adelantos tecnológicos en materia de comunicaciones y biotecnología se orientan hacia las necesidades de las personas, se pueden lograr importantes avances para toda la humanidad.
Pero los mercados pueden ir demasiado lejos y restringir en gran medida las actividades no comerciales que son tan vitales para el desarrollo humano.
Los servicios sociales se ven apremiados por las presiones fiscales. La cantidad y la calidad del trabajo humanitario se reducen por restricciones de tiempo. Asimismo, la reducción de los incentivos tiene un impacto nocivo en el medio ambiente. La globalización también aumenta la inseguridad humana a medida que los delitos mundiales, las enfermedades y la volatilidad financiera superan el ritmo de las acciones que se toman para solucionar estos problemas.
Tal como se plantea en el Informe, la globalización requiere liderazgo porque: