El eje central del Informe 2001, como todos los Informes sobre Desarrollo Humano anteriores, gira en torno a las personas. Analiza cómo las personas pueden desarrollar y utilizar la tecnología para mejorar sus vidas. También propone cómo forjar nuevas políticas públicas para dirigir el rumbo de la revolución de la información, las tecnologías de la comunicación y la biotecnología hacia el desarrollo humano.
Asimismo, el Informe analiza específicamente cómo los países en desarrollo y los pobres se verán afectados por las nuevas tecnologías. Muchos temen que estas tecnologías sean de poca utilidad para los países en desarrollo o que puedan profundizar aún más las crueles desigualdades que ya existen entre el Norte y el Sur, los ricos y los pobres. Sin políticas públicas innovadoras, estas tecnologías podrían transformarse en una fuente de exclusión en lugar de una herramienta para el progreso. Las necesidades de las personas pobres podrían continuar siendo ignoradas y los nuevos riesgos globales, desatendidos. Pero si se utilizan correctamente, las recompensas podrían ser mayores que los riesgos.
La brecha tecnológica no tiene por qué ser una consecuencia de la brecha económica. A lo largo de la historia, la tecnología ha sido una herramienta poderosa para el desarrollo humano y la reducción de la pobreza.
El Informe 2001 señala que: