Presentación del Informe sobre Desarrollo Humano 2002
Discurso de Mark Mallock Brown, Administrador del PNUD
Presentación del Informe sobre Desarrollo Humano 2002
Manila, Filipinas
24 de julio de 2002
Señora Presidenta, Ministro Ramos-Horta, Sus Excelencias, honorables invitados, amigos, señoras y señores:
Permítanme comenzar agradeciendo a la Presidenta Arroyo y al Gobierno de Filipinas por ser nuestros anfitriones hoy y por recibirnos en un lugar tan hermoso. Y permítanme agradecer también al Ministro Ramos-Horta por sumarse a este encuentro tan importante.
Me llena de orgullo y placer estar hoy en Manila para la presentación del Informe sobre Desarrollo Humano 2002 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Esto no se debe sólo a que el tema de este año, “Profundizar la democracia en un mundo fragmentado”, es el desafío clave de nuestro tiempo, sino porque fue aquí en Filipinas donde comencé a comprender esta cuestión y a comprometerme con ella.
Fue en este preciso lugar, cuando era joven y trabajaba con la Presidenta Cory Aquino, donde comprendí el poder de la democracia y su importancia fundamental para el desarrollo.
El uso moderno de la frase “el poder del pueblo” nació en las calles de esta ciudad. Fue un movimiento que brindó testimonio del extraordinario compromiso de los filipinos comunes, de todas partes del país y de todos los órdenes de la vida, de luchar por su visión de un futuro libre y democrático. Este movimiento inspiró a otros en muchas partes del mundo, en especial en Timor Oriental, el nuevo miembro de la familia mundial de democracias.
Este compromiso se inspiró en la esperanza y la convicción de que la democracia les brindaría una verdadera oportunidad de construir una vida mejor para sí mismos y para sus familias.
En Filipinas este movimiento está respaldado por un movimiento de la sociedad civil en auge y una prensa sumamente independiente que contribuyó a forjar en este país una comprensión profunda y perdurable de la importancia de la participación democrática como un elemento integral del logro de desafíos de desarrollo más amplios, desde el crecimiento económico hasta la seguridad personal.
Además, Filipinas ha sido también un líder mundial en la promoción y expansión del concepto de desarrollo humano desde que el PNUD formulara esta idea por vez primera hace 12 años. Gran parte del trabajo que se está haciendo hoy aquí se está imitando en otras partes del mundo en desarrollo.
La política de la pobreza
No obstante, incluso aquí en Filipinas —una nación que está relativamente bien posicionada para cumplir con muchos de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, como mostrará el informe del los ODM elaborado con la colaboración del PNUD— todavía resta un largo camino por andar, en particular en áreas como el hambre y la sostenibilidad del medio ambiente y en lo que respecta a la superación de la pobreza en el medio rural.
El cuadro es mucho más sombrío en muchas otras partes del mundo.
Más de 60 países son más pobres de lo que eran un decenio atrás, mientras que 33 países, según las tendencias actuales, ni siquiera podrán alcanzar la mitad de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
Y en toda Asia sudoriental, que cosechó muchos de los beneficios de la expansión económica del último decenio, la crisis financiera asiática fue un cruel recordatorio de cuán frágiles pueden ser estos avances.
Alimentados por una creciente población de jóvenes sin empleo, muchos países desembocaron en la ira y la frustración por la falta de oportunidades y libertades políticas, lo que provocó que algunas naciones se hayan desilusionado con la democracia.
A menos que los gobiernos puedan demostrar a sus ciudadanos que están llevando a cabo acciones efectivas en temas corrientes como el empleo, la delincuencia y las escuelas, y que estas acciones también contribuyen a mitigar la pobreza, la gran expansión de la democracia corre serio riesgo de revertir el rumbo.
Ya se han producido graves retrocesos en algunos países, y aproximadamente la mitad de la nueva ola de gobiernos nominalmente elegidos no pueden definirse aún como plenas democracias.
En este contexto, el mensaje central de este informe es muy simple: para fomentar efectivamente el desarrollo humano necesitamos orientar las políticas nuevamente hacia la erradicación de la pobreza.
Esto significa garantizar que los pobres tengan participación política y acceso a instituciones sólidas y transparentes que puedan brindarles el tipo de seguridad personal y el acceso a la justicia y a los servicios sanitarios y educativos que tanto necesitan.
Afrontar los déficits de democracia
Muchos detractores, entre ellos portavoces importantes de esta región, han sostenido durante mucho tiempo que la democracia es una obsesión de Occidente que no puede ofrecer la estabilidad y la continuidad necesarias para el crecimiento económico de los países pobres.
Estos ya son debates del pasado.
Como señaló en forma elocuente el Ministro Ramos-Horta, los hombres y las mujeres comunes de toda Asia, e incluso de África y Latinoamérica, han manifestado claramente, a través de sus propias opiniones y acciones, que la democracia y los derechos humanos no son una invención de Occidente.
Sin embargo, a pesar del gran progreso logrado, las necesidades y aspiraciones de muchas de estas personas no se han satisfecho aún y continuará siendo así hasta tanto podamos afianzar gobiernos democráticos sólidos y profundos en todos los niveles de la sociedad.
En un nivel que claramente significa afrontar el déficit mundial de democracia.
Vivimos en una economía mundial en la que casi todas las medidas importantes que se toman continúan siendo adversas para los países en desarrollo. En un tiempo en que los países ricos gastan mil millones de dólares diarios en subsidios (siete veces el monto de la ayuda internacional), no causa asombro que tantos países en desarrollo tengan dificultades a la hora de competir.
Y para empeorar la situación, muchas instituciones clave desde el Banco Mundial y el FMI al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas no son suficientemente democráticas ni transparentes.
De todas maneras, para los líderes de los países en desarrollo es tan importante luchar —y que sus pueblos sean testigos de esa lucha— por el derecho económico de participar como socios igualitarios en un campo de juego parejo como lo es la calidad de la cultura democrática interna y la fortaleza de las instituciones democráticas locales.
En muchos países los gobiernos actúan como si la democracia terminara apenas concluye la votación. Y en algunos casos, los partidos de la oposición no respetan los resultados y llevan sus reclamos a las calles en vez de hacerlo en el ámbito del parlamento.
La conclusión final es que la democracia no es una panacea, sino un proceso.
Las elecciones libres y justas son necesarias, pero no son suficientes.
Por eso, la necesidad apremiante de este momento es una “segunda ola” de democratización. En este sentido, es necesario ampliar la red de democracia a aquellas partes del mundo que se han quedado atrás y a la vez profundizar la práctica de gobierno democrático en aquellos estados que están luchando para consolidar la democracia.
En la práctica, esto significa construir un parlamento y un poder judicial que protejan los derechos humanos y den lugar al acalorado aunque pacífico 'tira y afloja' de los debates políticos; una fuerza policial que garantice la seguridad en las calles y fronteras; un poder descentralizado que las personas, a nivel local, puedan observar y movilizar para garantizar escuelas con docentes idóneos y hospitales con las medicinas y el equipamiento adecuados; una sociedad civil próspera y una prensa independiente a la vanguardia de la lucha contra la corrupción y la administración ineficiente, tanto por parte del gobierno como del sector empresario.
Trabajar para ayudar a los países en estos temas tan complejos se ha convertido progresivamente en la tarea central del PNUD, por pedido de los mismos países en desarrollo.
El año pasado llevamos adelante programas de gobernabilidad democrática en más de 140 países, entre ellos Filipinas, en áreas que abarcan desde el fortalecimiento de los parlamentos y el respaldo de iniciativas de descentralización, hasta reformas en las áreas de seguridad.
Pero en la práctica, ningún apoyo externo podrá sustituir al ingrediente más importante: el fuerte liderazgo democrático con una clara visión sobre cómo abordar los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
Estos son los compromisos fundamentales sobre los que las personas comunes, tanto del Norte como del Sur, deberían hacer rendir cuentas a sus gobiernos y son, además, el punto de referencia para medir el progreso futuro.
Construir una verdadera democracia es complicado. Es lento. Es muy difícil. Pero es indispensable para el desarrollo humano.
Gracias.
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