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Informe sobre desarrollo humano - Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

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Informe 2013

El ascenso del Sur: Progreso humano en un mundo diverso
está disponible para su descarga gratuita

Discurso de Sakiko Fukuda-Parr, Directora y Jefa de Redacción del Informe sobre Desarrollo Humano

Presentación del Informe sobre Desarrollo Humano 2003

PONER EN LA MIRA LOS OBJETIVOS DE DESARROLLO DEL MILENIO PARA REVERTIR UNA CRISIS DE DESARROLLO

¿Podrán cumplirse los Objetivos de Desarrollo del Milenio? A menudo, ésta es la primera pregunta que la gente hace acerca de estos objetivos, pero es la pregunta equivocada. Deberíamos preguntarnos qué se necesita para cumplir con los objetivos, qué se necesita para reducir a la mitad las tasas de pobreza y hambre; para alcanzar la enseñanza primaria universal y la igualdad entre los géneros en todos los niveles educativos; para reducir en dos tercios la tasa de mortalidad de los menores de cinco años y en tres cuartos la tasa de mortalidad materna; para detener y comenzar a revertir la propagación de las enfermedades más importantes, incluido el VIH/SIDA; para reducir a la mitad la proporción de personas que no tienen acceso sostenible a fuentes de agua potable segura; para revertir la pérdida de recursos ambientales y para mejorar en forma significativa la vida de al menos 100 millones de personas que viven en tugurios.

En la histórica Asamblea del Milenio de las Naciones Unidas, realizada en septiembre de 2000, más de ciento cincuenta jefes de Estado y líderes mundiales prometieron hacer su máximo esfuerzo por erradicar la pobreza de una vez por todas. A la Declaración del Milenio le siguió un nuevo espíritu de alianza entre los países ricos y los países pobres. Un espíritu plasmado, por un lado, en la Declaración de Doha de 2001, donde se pactó que el trabajo de las negociaciones multilaterales de comercio tendría como eje central los intereses de los países más pobres y, por el otro lado, en el Consenso de Monterrey de marzo de 2002, que estableció un marco para las obligaciones mutuas de los países pobres (implementar buenas políticas, combatir la corrupción y aumentar los recursos nacionales) y de los países ricos (brindar apoyo a los países que desarrollen buenas políticas). Los Objetivos de Desarrollo del Milenio se ratificaron en la Cumbre de Johannesburgo de agosto de 2002 y también recientemente en la Cumbre del Grupo de los Ocho celebrada en junio de 2003, en Evian. Se hicieron promesas, se esperan acciones.

El análisis de las tendencias mundiales de pobreza incluido en el Informe sobre Desarrollo Humano 2003 revela que se avecina una crisis de desarrollo. Sobre la base de la tasa actual de progreso, África subsahariana cumplirá el objetivo de reducir el hambre en 2165, un siglo y medio después del plazo establecido en los Objetivos de Desarrollo del Milenio. En todas las encarnizadas controversias sobre el impacto de la globalización, una cosa es clara respecto a las tendencias del último decenio. Mientras que muchos países, como China, han progresado con rapidez en el ámbito económico y social, muchos otros se están rezagando y, en algunos casos, están retrocediendo.

Los años noventa fueron un decenio de retroceso para muchos países, un período en que:

  • 21 países sufrieron un descenso en el Índice de Desarrollo Humano, un inédito retroceso en el desarrollo, que nunca había visto, sobre todo teniendo en cuenta que el Índice mide logros humanos, como la alfabetización y la expectativa de vida, que caen fácilmente con el ingreso per cápita;
  • 54 países registraron una tasa promedio de crecimiento por debajo de cero en el último decenio;
  • 12 países experimentaron un descenso en las tasas de matriculación en escuelas primarias;
  • 14 países presentaron un incremento en mortalidad infantil; y
  • 37 de 67 países de los que se tenían datos vieron incrementadas las tasas de pobreza (la proporción de las personas de un país que viven con menos de $1 diario).

Estas estadísticas son vergonzosas. ¿Qué debe hacerse para cambiar este rumbo? No existe una solución mágica universal, y cada país tiene problemas específicos. Es claro que cada nación debe definir su propia estrategia.

Pero desde una perspectiva global, hay algunas prioridades críticas.

Primero, centrar la ayuda internacional en los países que están rezagados y que deben afrontar los desafíos más difíciles, es decir, los países y las personas que están en peor situación económica. Muchos países, en especial los que se encuentran en la categoría media de desarrollo humano, como Brasil y Malasia y también los países de rápido desarrollo, como China, están bien encaminados hacia la consecución de los objetivos. Si bien estos países tienen focos de pobreza, ellos mismos pueden hacer mucho para superar el reto. Pero, probablemente, Malí, Papua Nueva Guinea y Honduras no puedan cumplir los objetivos si la comunidad internacional no los ayuda, en especial, mediante asistencia y alivio de la deuda. El Informe sobre Desarrollo Humano 2003 identifica los 59 países que más ayuda necesitan, a los que denominamos ‘países prioritarios’.

Segundo, combatir las causas fundamentales de la pobreza. Durante el último decenio, tres cuestiones ocuparon el centro del debate sobre desarrollo: la política macroeconómica y el ajuste estructural; la buena gestión de gobierno, en especial para combatir la corrupción, y la participación popular. Todos estos temas son importantes pero no abordan las causas fundamentales de la pobreza, es decir, la pobreza misma. Muchos de los cincuenta y nueve países que están mal encaminados hacia los ODM se encuentran en una trampa de pobreza, una trampa de falta de salud y de educación deficiente, de baja productividad, de infraestructura inadecuada, de endemias, de dependencia de las exportaciones de productos primarios cuyos precios están cayendo y esto último sumado a grandes deudas. También enfrentan otras limitaciones estructurales debido a su geografía, como la población escasa y la distancia a los mercados; específicamente, grandes sectores de la población viven lejos de las rutas comerciales o de las zonas costeras. De estos 59 países prioritarios, 31 son países pobres muy endeudados (PPME), 31 fueron clasificados como países de ‘bajo desarrollo humano’ y 13 han sufrido conflictos graves en el decenio de 1990. Estos obstáculos estructurales no pueden superarse mediante el ajuste de los precios y el mercado únicamente. La administración pública debe intervenir y establecer las condiciones necesarias para que los mercados puedan cumplir su tarea de impulsar una economía dinámica.

El Informe sobre Desarrollo Humano 2003 presenta un nuevo Pacto de Desarrollo del Milenio que identifica seis grupos de políticas públicas clave para superar estos obstáculos estructurales:

  • inversión en salud y educación;
  • incremento de la productividad agrícola mediante investigación y extensión;
  • generación de puestos de trabajo mediante políticas industriales que estimulen la diversificación y la pequeña empresa;
  • inversión en infraestructura básica;
  • implementación proactiva de políticas ambientales en pos de la sostenibilidad;
  • promoción de los derechos humanos y la igualdad.

Tercero, movilizar a la sociedad civil. Aunque los líderes políticos se comprometan con una serie de programas en favor de los pobres —que incluye escuelas y clínicas en pueblos rurales, agua limpia en tugurios urbanos—, sus intenciones pueden verse socavadas por las elites, a menos que la sociedad civil asuma el papel de guardiana. La descentralización bien administrada también contribuye a que las políticas públicas sean más receptivas respecto a las necesidades de la gente común. Cada ayuntamiento, cada centro comunal debe publicar un cuadro de puntuación de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Cuarto, cambiar las políticas y los enfoques de los países ricos y las instituciones multilaterales, conforme a las aspiraciones del Objetivo 8: Fomentar una alianza mundial para el desarrollo. Junto con los efectos sinérgicos de las inversiones en salud y educación para la mujer, contemplados en el Objetivo 3, el Objetivo 8 puede ser el más crítico para el éxito de todos los objetivos. Cumplir los ODM está fuera de alcance para los “países prioritarios” si no reciben ayuda. Lo que se necesita es un ritmo de implementación más rápido: poner manos a la obra para cumplir las promesas realizadas. El Consenso de Monterrey se basa en la noción de alianza y responsabilidad mutua, pero pocas cosas pueden hacer que los países desarrollados asuman su responsabilidad.

El Informe sobre Desarrollo Humano 2003 convoca a los países en desarrollo a hacer tangible el Objetivo 8, tan concreto como los Objetivos 1 a 7, con plazos y metas cuantitativas que permitan medir el progreso, a saber:

  • Duplicar los niveles actuales de ayuda para alcanzar $100.000 millones anuales, monto mínimo estimado para que los países pobres alcancen los umbrales en que pueden sostener su propio desarrollo y, en especial, incrementar la asistencia oficial para el desarrollo destinada a los países menos desarrollados.
  • Elaborar medidas concretas para fomentar la coherencia en las políticas de donación e implementar la Declaración de Roma sobre Armonización de 2003.
  • Eliminar los subsidios a las exportaciones agrícolas, subsidios que debilitan injustamente a los productores de los países pobres mientras se les exige a estas naciones que “abran” sus mercados. Al mismo tiempo, eliminar los aranceles aduaneros y los cupos de los productos agrícolas, los productos textiles y las prendas de vestir que se exportan desde los países en desarrollo.
  • Transferir tecnología y permitir el acceso a medicamentos conforme al Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC) a fin de que los países que carecen de capacidad productiva puedan proteger la salud pública. Incorporar cláusulas de protección y remuneración de los conocimientos tradicionales en el marco del Acuerdo sobre los ADPIC.
  • Acelerar la reducción de la deuda en los países pobres muy endeudados (PPME) y compensar las crisis externas, incluido los colapsos de los precios de los productos básicos mediante servicios de financiación.

Mucho de esto se prometió pero no se cumplió.

No hay nada inevitable en lo que respecta a la pobreza. La historia nos demuestra hasta dónde se puede llegar, incluso en países muy pobres.

  • Sri Lanka incrementó en 12 años la expectativa de vida, y lo hizo en menos de un decenio.
  • China sacó de la pobreza extrema a más de 150 millones de personas durante los últimos diez años, con lo que superó el objetivo propuesto para 2015 de reducir la pobreza a la mitad.
  • Sudáfrica redujo a la mitad la proporción de hogares que no tienen acceso a agua potable segura, y lo hizo en sólo siete años, al igual que la ciudad de Porto Alegre, en Brasil.
  • Mozambique descentralizó el sistema de salud, lo que permitió incrementar en 80% la cobertura de vacunación y las consultas prenatales.

Ghana y Perú están combatiendo el hambre satisfactoriamente, y Bangladesh y Bolivia están reduciendo la mortalidad infantil.

Si no se cuenta con apoyo suficiente para lograr todos los objetivos, los avances como estos corren el riesgo de sufrir un retroceso. Los objetivos están tan interrelacionados como los eslabones de una cadena y, como suele decirse, la cadena siempre se rompe por el eslabón más débil. El logro de todos los Objetivos de Desarrollo del Milenio ayudará a los países a evitar una reacción en cadena negativa, el ciclo vicioso característico de la pobreza crónica.

En los albores del siglo XXI, el mundo cuenta con la tecnología, los conocimientos y los recursos para poner fin a la pobreza. Es una cuestión de elección. Los ODM constituyen una poderosa herramienta política que pueden emplear todas las partes interesadas: los gobiernos de los países pobres, los gobiernos de los países ricos, los donantes, las instituciones multilaterales, además de los organismos de las Naciones Unidas. Los objetivos establecen una agenda compartida y medidas claras para lograr el éxito. Pero por sobre todo, pueden ser utilizados por las personas mismas, en países pobres y en países ricos, para exigir a sus representantes y a sus líderes que rindan cuentas y que cumplan las promesas hechas en la Declaración del Milenio.

“No escatimaremos esfuerzos para liberar a nuestros semejantes, hombres, mujeres y niños, de las condiciones abyectas y deshumanizadoras de la pobreza extrema, a la que en la actualidad están sometidos más de 1.000 millones de seres humanos. Estamos empeñados en hacer realidad para todos ellos el derecho al desarrollo y a poner a toda la especie humana al abrigo de la necesidad”.

¿Estamos haciendo lo suficiente para alcanzar los objetivos? Si no lo estamos haciendo, ¿por qué?

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