Para dar cabida a los crecientes reclamos de las personas que bregan por ser incluidas en la sociedad, por el respeto a sus etnias, religiones y lenguas, se requiere más que democracia y crecimiento equitativo. Es necesario, además, contar con políticas multiculturales que reconozcan las diferencias, defiendan la diversidad y promuevan las libertades culturales, de modo tal que todas las personas puedan elegir hablar su propio idioma, profesar su religión y participar en el desarrollo de su cultura para forjar de esta manera su propia identidad.
Durante los últimos años, los Informes sobre Desarrollo Humano han señalado con insistencia que esta cuestión es tanto política como económica y que se trata tanto de la protección de los derechos humanos como del fortalecimiento de la democracia. El principal objetivo del desarrollo humano es permitir que las personas puedan elegir la clase de vida que desean llevar y brindarles las herramientas y las oportunidades necesarias para tomar esas decisiones.
El Informe 2004 sigue la línea de ese análisis, pues examina detenidamente —y rechaza— los argumentos que sostienen que las diferencias culturales necesariamente conducen a un conflicto social, económico y político o que los derechos culturales inherentes deben sustituir a los derechos políticos y económicos. Por el contrario, este Informe nos alienta a encontrar maneras de “gozar de nuestras diferencias”, tal como lo ha expresado el arzobispo Desmond Tutu. También presenta algunas ideas concretas sobre lo que significa en la práctica desarrollar y dirigir las políticas de identidad y culturales conforme a los principios fundamentales del desarrollo humano.
Este Informe expone argumentos en pos del respeto por la diversidad y la conformación de sociedades más inclusivas mediante la adopción de políticas que reconozcan abiertamente las diferencias culturales, es decir, políticas multiculturales: