Presentación del Informe sobre Desarrollo Humano 2004
Monseigneur, Madame, señoras y señores:
Es un gran honor para Bélgica que la presentación mundial del Informe sobre Desarrollo Humano de este año tenga lugar en Bruselas. Es de público conocimiento que el Informe sobre Desarrollo Humano es una de las publicaciones más importantes de las Naciones Unidas, elaborada con sumo cuidado por personas de gran capacidad y con el respaldo de figuras líderes, entre quienes se encuentran ganadores del Premio Nobel. Me atrevo a dar por sentado que el tema que nos convoca este año y que estamos presentando hoy en nuestro país, la libertad cultural en el mundo diverso de hoy, podría considerarse como un reconocimiento a los esfuerzos realizados por nuestra moderna Bélgica en pos de la diversidad cultural. De hecho, me enorgullece señalar que el informe cita a Bélgica y sus estructuras federales como un ejemplo de lecciones valiosas para otros estados multiculturales.
Por favor, permítanme explicar algunos aspectos del sistema federal de Bélgica. En Bélgica existe una diversidad de lenguas. La línea divisoria entre la Europa germánica y la Europa latina pasa justo por nuestro país. Hubo una época en que el francés era la lengua dominante, mientras que el holandés, también conocido como flamenco, era considerado una lengua inferior de campesinos. Todo el proceso de libertad cultural y federalismo comenzó con la lucha por obtener el reconocimiento de nuestra propia lengua en el ámbito de la educación, las fuerzas armadas y los servicios gubernamentales.
Este proceso de emancipación lingüística llevó más de cien años y generó cambios fundamentales en nuestras estructuras de gobierno. Cada grupo lingüístico en Bélgica —los hablantes de holandés y de francés— junto con los hablantes de alemán, un grupo del que poca gente tiene conocimiento, cuentan ahora con su propio parlamento y gobierno con poderes bien definidos.
Señoras y señores,
No voy a aburrirlos contándoles toda la historia y estructura de la reforma del Estado belga, pero sí quiero compartir con ustedes algunas lecciones que hemos aprendido a lo largo de los años.
Ante todo, estoy convencido de que el federalismo es la única opción para los países con diversidad cultural. El proceso de reforma del estado democrático brinda a las culturas un espacio para forjar una identidad y crecer. La democracia implica ofrecerle a la gente el espacio suficiente para desarrollar su propia identidad. No seguir por ese camino podría, tarde o temprano, conducir a una cruenta lucha. Todos los días vemos ejemplos de esto en los titulares de los periódicos: los Balcanes, Iraq, Irlanda del Norte y muchos más. Los gobiernos de todo el mundo deben reconocer esto. La libertad cultural no es tan sólo una opción, sino algo que los gobiernos democráticos le deben a su propia gente.
La segunda lección aprendida es que instaurar la libertad cultural no es una decisión que se toma de una sola vez, sino, por el contrario, un proceso largo y en ocasiones doloroso. Aquellos que piensan que la libertad cultural puede lograrse de un día para el otro son, sin duda, demasiado optimistas. Bélgica debió pasar por varias reformas estatales fundamentales para poder llegar al lugar en el que hoy nos encontramos, cien años después de que todo comenzara. De hecho, el proceso aún continúa. Paso a paso, poco a poco. Dividir el país podría ser una solución rápida y sencilla, tan sólo piensen en Checoslovaquia. Sin embargo, no es eso lo que la mayoría de la gente en la mayoría de los países prefiere. Lo que la gente quiere es lograr la diversidad cultural dentro de su país. Este proceso supone dar y recibir, un espíritu de compromiso, creatividad, y a veces, soluciones sumamente técnicas. Es un proceso gradual y complejo.
Por último, estoy convencido de que la libertad cultural nos conduce a un alto nivel de realización personal y, por consiguiente, a un nivel de desarrollo humano más profundo. En Bélgica, se alienta a todos los estudiantes a que descubran los otros idiomas nacionales, lo que facilita la comunicación mutua y la apertura. Una mayor autonomía también permite a un grupo alcanzar un mayor conocimiento de sí mismos, lo cual es algo muy positivo.
El conocimiento de uno mismo debe empoderar a las personas, debe hacerlas más tolerantes. Esto es un concepto en el que también debemos trabajar día a día, puesto que la identidad cultural no debe convertirse en un egoísmo de grupos, en una actitud cerrada, en un nacionalismo intolerante o en xenofobia. Ese tipo de enfoque primitivo de la cultura se opone a los derechos humanos y a la sociedad que estamos luchando por construir. Es por eso que las minorías deben respetar a las otras minorías tanto como ellas mismas esperan ser respetadas. Sólo de esta manera es posible asegurar la libertad cultural en un mundo diverso. La libertad cultural es un derecho que las personas deben poder reclamar en todo el mundo. Me siento, por lo tanto, muy satisfecho y agradecido de que el PNUD haya elegido abordar este tema. Vayan mis más sinceras felicitaciones a los autores de este Informe.
Señoras y señores,
Felicitaciones también por el excelente trabajo realizado nuevamente por el PNUD al compilar la gran cantidad de datos estadísticos que convergen en su afamado índice sobre desarrollo humano. Al observar el ranking de países de este año tuve sentimientos encontrados. Por un lado, satisfacción y un sentimiento de orgullo por el sexto lugar que ocupa mi país —por fortuna, ¡el clima no fue uno de los criterios considerados!—, por otro lado, tristeza por confirmar nuevamente la difícil lucha que lleva adelante África subsahariana: un continente ciertamente muy cercano a mi corazón. Debemos continuar con nuestra lucha para revertir esas estadísticas negativas.
Señoras y señores,
Me honora y complace darle la palabra ahora al Administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, el Sr. Mark Malloch Brown, quien presentará en mayor profundidad este destacado Informe.
Gracias.
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