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Informe sobre desarrollo humano - Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

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Informe 2013

El ascenso del Sur: Progreso humano en un mundo diverso
está disponible para su descarga gratuita

Discurso de Sakiko Fukuda-Parr, Directora y Autora principal del Informe sobre Desarrollo Humano 2004

Presentación del Informe sobre Desarrollo Humano 2004

Expandir la libertad cultural en el mundo diverso de hoy

Sus Altezas Reales, Príncipe Felipe y Princesa Matilde de Bélgica; Sr. Primer Ministro, Sr. Vice Premier y Sres. Ministros, Sus Excelencias, señoras y señores, colegas y amigos:

Les agradezco que me hayan concedido el privilegio de presentar ante ustedes el mensaje fundamental del Informe sobre Desarrollo Humano 2004: la libertad cultural en el mundo diverso de hoy.

Los conflictos basados en las diferencias lingüísticas, religiosas y étnicas no son una novedad. Sin embargo, lo que sí es nuevo hoy, es el surgimiento de políticas en materia de identidad en cada continente —de hecho, en casi cada país— como consecuencia de una mayor democracia, el alcance masivo de los medios de comunicación y la globalización. Las personas en cualquier parte del mundo tienen la posibilidad de exigir reconocimiento y respeto hacia sus culturas con mucha más firmeza. Los grupos minoritarios exigen día a día acabar con la discriminación en la política, el empleo, la educación y en otros ámbitos de la vida. También es reciente la reacción cultural en contra de la globalización por el miedo creciente de que los valores y las formas de vida propios de una nación sean menoscabados por la dispersión de personas, bienes e ideas por todo el mundo.

Tan sólo miren los titulares. La Unión Europea es un acierto histórico en términos de integración económica y política. Al celebrar la expansión de la UE unas semanas atrás, todos los países, excepto uno, manifestaron reservas en cuanto a la integración del mercado laboral, lo que produce un profundo impacto en la diversidad cultural. En el resto del mundo, Iraq está tratando de construir un estado democrático que funcione para los curdos, sunitas y chiitas. Gran parte de América Central y del Sur está luchando por mitigar las confrontaciones entre los pueblos aborígenes y los intereses corporativos, tanto extranjeros como locales. A medida que la globalización avanza, los europeos se preocupan porque el inglés se ha convertido en el idioma de los negocios y el entretenimiento, lo que deparará a los idiomas nacionales el mismo futuro que el del galés o el bretón, a menos que estas lenguas sean enérgicamente defendidas como ocurre con el flamenco en Bélgica. En Asia, los padres temen la influencia negativa de las películas y la música occidental.

Los interrogantes difíciles sobre la identidad cultural son el desafío central del presente y son, además, el futuro que ningún país puede evadir. Prácticamente no existe ningún país que sea culturalmente homogéneo. Los 5000 grupos étnicos del mundo están aglutinados en 200 países. La globalización impulsa el movimiento de personas e ideas. Al menos un cuarto de la población de las capitales más importantes de Europa y América del Norte está compuesta por personas nacidas fuera del país. En Toronto este porcentaje asciende al 44%. Las políticas inmigratorias no pueden continuar exigiendo la asimilación cultural sin la posibilidad de elección ni la renuncia de los inmigrantes a sus identidades originarias con el fin de integrarse a una nueva cultura. Los inmigrantes hoy pueden contribuir a las sociedades en las que viven y trabajan y aun así mantener lazos con su país de origen, hablar más de un idioma y honrar el legado del país en el que viven y del país del que provienen.

Si no se manejan adecuadamente o si se niegan de plano, las controversias en las sociedades multiculturales pueden conducir a la inestabilidad, la violencia y la opresión. Cuando las personas sienten que han sido privadas de oportunidades o que su forma de vida y su legado cultural carecen de respeto, el sentimiento de humillación e indignación puede ser muy profundo.

¿Cuál es la solución? No hay una sola fórmula. Cada situación es única. El propósito de este Informe es presentar algunos principios y revisar enfoques que resultaron positivos en situaciones diferentes, para lo cual recurre a los estudios de investigación empírica más recientes.

El argumento central es que la única solución sostenible es abrazar la diversidad, lo que requiere no sólo de tolerancia individual, sino también de políticas estatales que reconozcan las distintas identidades culturales, un enfoque que en términos generales puede denominarse “multiculturalismo”. Los Estados multiétnicos necesitan reconocimiento constitucional y políticas pluralistas en materia de idiomas, representación proporcional en los espacios políticos, religión, festividades nacionales, y necesitan además combatir la discriminación profundamente enraizada en contra de las minorías. Los mercados mundiales deben reconocer y apoyar el valor de la diversidad cultural y alentar la dispersión de ideas, bienes y personas, pero también deben abordar las asimetrías que amenazan las culturas nacionales. Por ejemplo, las fuerzas de mercado del comercio mundial implican que Hollywood puede hacer desaparecer las otrora florecientes industrias cinematográficas de Italia y México.

Muchos economistas y políticos sostienen que los problemas de exclusión social van a desaparecer en tanto haya una democracia que pueda garantizar los derechos civiles y políticos fundamentales. Eso no es suficiente. Las democracias mayoritarias no han dado lugar a las minorías o los pueblos aborígenes para que puedan expresarse abiertamente. Una política de idiomas basada en una lengua única priva a las minorías de muchas oportunidades de empleo, educación y participación en los debates políticos. Un sistema judicial que ignora las estructuras de autoridad y los valores de los grupos aborígenes no puede pretender ser efectivo al momento de garantizar la justicia. La rápida expansión de la escolarización y los servicios de atención médica ha relegado a las minorías étnicas de Malasia y Vietnam a la pobreza, y el bienestar social está dejando atrás a las segundas generaciones de inmigrantes en Francia y Noruega. La adaptación cultural es el único enfoque sostenible, pues la alternativa es la supresión de la cultura. Es simplemente incorrecto negar las libertades humanas: las elecciones, la dignidad y la equidad. La adaptación cultural es, además, el enfoque más pragmático: la alternativa de suprimir la diversidad tendrá una repercusión negativa para la democracia y el desarrollo. Cuando las corporaciones multinacionales ignoraron los repetidos reclamos de los pueblos aborígenes, las confrontaciones se tornaron violentas e impidieron las inversiones. La democracia no puede ser sostenible en países como Afganistán e Iraq si no se toman en cuenta las opiniones de las minorías. Tal como lo señala el presidente Karzai en su contribución a este Informe, reconocer dos idiomas nacionales y seis lenguas regionales es un camino hacia la integración nacional que fortalece al Estado, en vez de ser un medio que favorece el aislamiento y la fragmentación.

Este Informe documenta las diversas maneras en que los países han respondido al difícil reto de la adaptación cultural: a través de acuerdos de participación política, libertad de credo, políticas lingüísticas pluralistas, acciones positivas para fomentar la igualdad de oportunidades y estrategias para enfrentar los movimientos extremistas intolerantes.

Quiero destacar que mi defensa del multiculturalismo no supone el aislamiento y la diferenciación de las comunidades. El multiculturalismo tiene que ver con mantener la multiplicidad de identidades y construir una unidad en la diversidad. Tampoco se trata de una defensa de las tradiciones a expensas de los derechos humanos universales. Todas las culturas cambian y se adaptan; la humanidad no avanza cuando la cultura se estanca.

Como expresan las palabras de Amartya Sen en el capítulo del Informe que escribió: “Más que glorificar un apoyo irrestricto a las tradiciones heredadas o advertir al mundo respecto a los supuestos choques inevitables entre civilizaciones, el punto de vista del desarrollo humano exige que la atención se centre en la importancia de la libertad en las esferas culturales (tanto como en las demás) y en las maneras de defender y aumentar las libertades culturales de las que podría gozar la gente”.La libertad cultural es una idea simple, pero profundamente inquietante, que desafía prácticas e ideas pasadas que se han convertido en creencias generalizadas. Los regímenes autoritarios han suprimido brutalmente los idiomas, las religiones y las tradiciones. Incluso las democracias han restringido las libertades culturales al imponer políticas de asimilación forzada o fracasar en reconocer las culturas minoritarias, o bien por mantener una actitud despectiva hacia su legado cultural, considerándolo inferior. ¿Por qué? Debido al mito que sostiene que la integración nacional sólo es posible con una identidad nacional singular, un mito que ignora el hecho de que las personas tienen múltiples identidades: uno puede ser valón y belga, catalán y español, aborigen y australiano, hindú y musulmán. La identidad no es un juego de suma cero.

Los conflictos entre las civilizaciones no son inevitables. En ninguno de los estudios más destacados se identifica al odio puramente étnico como la causa de los violentos conflictos étnicos. Por ejemplo, el conflicto en Sudán puede estar motivado por divisiones étnicas y religiosas, pero su origen se remonta a las luchas por los recursos económicos y territoriales y por el poder político.

La idea de que la diversidad cultural detiene el crecimiento y el desarrollo pierde sustento cuando tomamos en cuenta cómo Canadá, Malasia y Mauricio superaron el desempeño de países con mayor homogeneidad cultural. El concepto que sostiene que algunas culturas se encuentran intrínsicamente reñidas con la democracia es un mito. Los valores democráticos de libertad, participación y equidad están presentes en todas las tradiciones culturales del mundo.

Estos mitos sobre las culturas y la diversidad cultural que conducen al conflicto, al fracaso del desarrollo y la democracia, son peligrosos e interfieren en las libertades humanas y la estabilidad necesaria para lograr la paz y la prosperidad.

La libertad cultural no se logra espontáneamente, ni tampoco la salud, la educación ni los derechos de las mujeres. Se necesitan medidas concretas por parte del Estado y la sociedad y debe ser, por lo tanto, una preocupación central de los gobiernos. Las civilizaciones no van a entrar en conflicto cuando las políticas estatales permitan a las personas ejercer su identidad. El propósito de este Informe es mostrar cómo se puede lograr.

Como conclusión, cito una declaración de Aunng San Suu Kyi que refleja con gran elocuencia la esencia de la libertad cultural como un desafío para el desarrollo humano:

En una época en la que el mundo está preocupado por la amenaza del terrorismo, vale la pena considerar que aquellas personas que sienten que carecen de control sobre sus vidas —algo fundamental para vivir una vida digna— son proclives a buscar esa realización en el camino de la violencia. Ofrecerles simplemente cierta suficiencia material no basta para atraerlos hacia el camino de la paz y la unidad. Antes bien, su potencial para el desarrollo humano debe transformarse en una realidad y su dignidad humana debe ser respetada, de modo que puedan adquirir la capacidad y la confianza para construir un mundo sólido y próspero en una armoniosa diversidad.

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