Presentación del Informe sobre Desarrollo Humano 2005
Sr. Presidente, señoras y señores:
Me siento verdaderamente honrada por estar hoy aquí con mi amigo y ex colega Kemal Derviş y los demás panelistas distinguidos para la presentación del Informe sobre Desarrollo Humano 2005. La invitación del PNUD es un maravilloso reconocimiento a los esfuerzos que mi país, Nigeria, está haciendo para empezar un nuevo capítulo a través de la implementación de serias reformas económicas y sociales que puedan apuntalar los verdaderos avances en materia de desarrollo humano en el país. Este decimoquinto Informe sobre Desarrollo Humano, con un contenido y una longitud considerablemente extensos, me pareció una de las lecturas más interesantes e informativas de toda la profusa literatura reciente sobre desarrollo humano, pobreza y los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Esto se debe a la manera clara y lúcida en que el Informe expone la vinculación de las diferentes problemáticas políticas de la AYUDA, EL COMERCIO Y EL CONFLICTO con la condición humana esencial.
Desde épocas tempranas, el Informe sobre Desarrollo Humano siempre ha sido uno de mis favoritos por dos razones importantes: En primer lugar, porque a través de enfoques innovadores y de nuevas formas de pensar sobre los problemas, los Informes abren nuevas fronteras a nuestra manera de concebir el desarrollo humano. En segundo lugar, los Informes sobre Desarrollo Humano —y este en particular es un excelente ejemplo— son maravillosamente políticamente incorrectos. Dicen en una lenguaje directo lo que las personas educadas de la sociedad o los círculos de la “ayuda” podrían considerar desagradable, provocativo o exagerado. Ese mensaje va dirigido tanto a los países en desarrollo como a los desarrollados. El lenguaje señala claramente las responsabilidades de todos los agentes de la comunidad internacional.
Por ejemplo, sobre el tema de los subsidios a la producción agrícola, el Informe dice de manera muy directa, en la página 129, que el problema central de las negociaciones de la Ronda de Doha se puede resumir en cinco palabras: “subsidios de las naciones ricas” y continúa diciendo: “Encabezados por las dos superpotencias en materia de subsidios agrícolas, la Unión Europea y los Estados Unidos, el apoyo brindado por los países desarrollados a la producción agrícola hoy suma US$350.000 millones al año”. Estos subsidios no están destinados a los agricultores pobres ni a las comunidades vulnerables, sino a “los grandes agricultores, los intereses de las grandes empresas agro-comerciales y los terratenientes”. Con respecto al segundo ejemplo sobre la cuestión del conflicto y la seguridad, el Informe advierte que “No hay recetas para prevenir o resolver el conflicto violento. Sin embargo, sin más cooperación internación ―y más eficaz― para afrontar las amenazas planteadas por este problema, la comunidad internacional no puede pretender que se protejan los derechos humanos fundamentales, se avance en la seguridad colectiva y se consigan los ODM” (pág. 181). Quisiera felicitar a los autores por su lenguaje directo y por haber elaborado un informe lúcido y bien escrito cuyos mensajes nos llegan con tanta claridad.
El Informe sobre Desarrollo Humano 2005 deja muy claro un punto. Este Informe desafía a los líderes mundiales a que se distancien del enfoque de desarrollo de 'hacer las cosas como siempre' porque, para muchas partes del mundo, continuar transitando el camino actual tendrá graves consecuencias en términos de su impacto en el desarrollo humano. Pero el Informe también ofrece una esperanza y una perspectiva de cambio que vienen de la mano de la cooperación internacional en tres áreas principales: ayuda al desarrollo, comercio y prevención y manejo de los conflictos.
No existe ninguna otra parte del mundo donde los desafíos coexistan con la esperanza de un desarrollo humano más eficaz tanto como ocurre en África. Donde sea que se mencionan los Objetivos de Desarrollo del Milenio o se debate sobre los desafíos que plantea el desarrollo, el eje del debate parece girar siempre en torno a una constante: los desafíos que África debe afrontar son tan enormes y el continente se está rezagando tanto que posiblemente no pueda superarlos. Este panorama de la situación de África a menudo se agrava por brotes esporádicos de hambruna, conflictos o cambios en las reglas democráticas en algún país del continente. Pero lo que quiero decirles hoy es que a pesar de que los desafíos que África debe afrontar son enormes en todas sus dimensiones ―corrupción y gobernabilidad ineficiente, pobreza, paz y seguridad, educación, salud, falta de servicios de infraestructura básicos― hay una sosegada tendencia subyacente que está surgiendo en el desarrollo socioeconómico de África y que nos da motivo para tener esperanzas, motivos para creer que la visión y las estrategias especificadas en el Informe sobre Desarrollo Humano 2005 pueden funcionar y tener un impacto positivo.
Esta tendencia ha sido reconocida y comentada en la Comisión encargada del Informe para África, en el fecundo trabajo de Jeff Sachs sobre la pobreza, en la publicación de 2005 de los documentos de la Comisión de Economía para África sobre la consecución de los OMD en África, en varias publicaciones de la Unión Africana y la Nueva Alianza para el Desarrollo de África (NEPAD, por sus siglas en inglés) y en diversos informes del Banco Mundial y del IMP, entre ellos el reciente Informe del FMI sobre las perspectivas económicas regionales en África. ¿Cuál es la tendencia? Dicho de manera simple, un nuevo tipo de liderazgo africano ha estado surgiendo en los últimos decenios, un liderazgo con mayor voluntad para aceptar el desafío, asumir un liderazgo ante los problemas del continente y proponer soluciones. Este nuevo tipo de liderazgo ha estado ligado al cambio democrático. Durante los últimos cinco años, en más de dos tercios de los países de África subsahariana se han realizado elecciones democráticas ―perfectas o imperfectas, pero se han llevado a cabo de todas maneras― y otros líderes de ideas afines han podido centrarse en el desarrollo social y económico de África, han podido crear instituciones y mecanismos como el NEPAD y el Mecanismo de examen entre los propios países africanos, en el que 24 países ya han aceptado participar para someter su propio progreso socioeconómico a la revisión de los gobiernos de otros estados de la Unión, dos de los cuales ya han concluidos sus evaluaciones. Aunque parezcan lentas e imperfectas, estas instituciones africanas han puesto en evidencia varios problemas relativos a la corrupción y la buena gestión de los asuntos públicos. Ya no es tan fácil dirigir un régimen corrupto y mantenerse a escondidas. Ya no es tan fácil ignorar la corrupción extenuante y los abusos que se cometen en perjuicio de los derechos humanos y esperar que los líderes de otros países nos den la bienvenida y todo siga como siempre. El imperativo de actuar y ofrecer un liderazgo efectivo en esta área se pone de manifiesto en mi propio país, Nigeria. Con un presidente comprometido como el Presidente Obasanjo y un sólido equipo económico orientado a mejorar la gestión de los asuntos públicos, hemos podido combatir la corrupción del sistema de contratación del gobierno y ahorrar casi mil millones de dólares estadounidenses en los últimos dos años. Hemos adherido a la Iniciativa para la transparencia de las industrias extractivas (EITI, por sus siglas en inglés) para abrir nuestros sectores de petróleo y gas al escrutinio público de mejor manera y estamos auditando nuestras cuentas de petróleo de los últimos cinco años, cuyos resultados publicaremos cuando la auditoría finalice en diciembre. Estamos otorgando concesiones para la explotación de nuestros puertos y estamos iniciando la reforma de nuestro servicio aduanero utilizando los conocimientos técnicos de reconocidos expertos en el tema a nivel internacional. Cada mes publicamos en los periódicos la ganancia acumulada para cada esfera de gobierno y cada unidad administrativa, de modo que nuestros ciudadanos puedan exigir a sus gobernantes que rindan cuentas. Esta es una de las reformas que ha tenido mayor aceptación en todo el país.
Gracias a la labor de una nueva Comisión para la lucha contra los delitos económicos y financieros de Nigeria (EFCC, por sus siglas en inglés) dirigida por Nuhu Ribadu, un intrépido miembro de nuestro equipo económico, también estamos investigando, arrestando y encarcelando a los responsables de actos de corrupción y otros delitos económicos. El Presidente Obasanjo ha separado de sus cargos a dos ministros en actividad y a dos jueces, ha suspendido a otro juez, ha hecho arrestar y procesar al Inspector General de Policía. Ha provocado la renuncia como Presidente del Senado del tercer ciudadano en el país. Estos actos han sacudido la seriedad de la lucha contra la corrupción del gobierno. Además, estos acontecimientos han sido observados muy de cerca por otros países africanos.
En el ámbito económico, los países africanos han avanzado considerablemente. Las reformas económicas y las políticas efectivas han contribuido a mejorar las perspectivas del continente. La tasa de inflación promedio corresponde a un quinto de los niveles que prevalecían un decenio atrás; el crecimiento económico ha llegado a un 4% promedio en dieciséis países en el decenio pasado, mientras que 14 países han mantenido una tasa de crecimiento del 5% o superior desde 1999, según un informe de la Comisión Económica para África (CEPA) de las Naciones Unidas. Esta es una tasa de crecimiento más cercana a la tasa de crecimiento del 7% que se necesita para alcanzar el Objetivo de Desarrollo del Milenio de reducir la pobreza a la mitad y erradicar la pobreza extrema y el hambre. Las reformas económicas en mi propio país, Nigeria, han generado en los últimos años una tasa de crecimiento del 6%, con un crecimiento aproximado del 7% en el sector no petrolero, en el que necesitamos crear empleos. Estos logros han sido posibles gracias a la optimización de la disciplina fiscal en una era de precios del petróleo elevados, mayor apertura y transparencia de los presupuestos y mejores políticas aplicadas en sectores de crecimiento clave.
Aun cuando reconocemos que África subsahariana en conjunto está fuera de camino para alcanzar los ODM, el informe de la CEPA sobre el avance de África hacia la consecución de los ODM destaca que algunos países africanos están bien encaminados para lograr los objetivos individuales, por ejemplo Sudáfrica, Botswana y Mauricio, mientras que otros 20 países de África subsahariana van camino a alcanzar algunos objetivos. África Septentrional ha logrado la mayoría de los ODM o bien va en dirección a lograrlos.
He dedicado algo de tiempo a detallar el progreso de África para demostrar que, lejos del pesimismo en torno al continente africano que a menudo pesa en las mentes de las personas, hay aspectos importantes del desempeño de África que están mejorando. Esto es lo que ha dado valor al Grupo de los Ocho y a otros organismos para comprometerse más estrechamente con África. Es eso también lo que despierta el optimismo de que si se implementan las recomendaciones de este Informe sobre Desarrollo Humano para fortalecer la cooperación en las áreas de ayuda, comercio y conflicto, se producirán resultados positivos que podrán guiar a muchos otros países africanos hacia el camino correcto para alcanzar sus ODM.
Los líderes que se reunirán la próxima semana para reflexionar sobre el progreso hacia el logro de los ODM deben aprovechar el ímpetu para avanzar. En cuanto a la AYUDA, el desafío clave es continuar la línea de los compromisos asumidos por el Grupo de los Ocho para garantizar que las promesas realizadas se traduzcan en financiación real y que la calidad, la cantidad y la previsibilidad de la financiación mejoren. La Declaración de París sobre la Eficacia de la Ayuda debe hacerse realidad. Los donantes deben dedicar menos tiempo a pelear por incrementos porcentuales y por la fuente y el tipo de incremento y dedicar más tiempo a garantizar que se cumpla lo prometido. Ellos quieren garantizar que se implementen y se respalden mecanismos nuevos e innovadores para brindar la ayuda y, posiblemente, concentrarla desde el inicio, ya sea mediante impuestos internacionales y recargos por viajes o versiones del Servicio financiero internacional. Los africanos, por su parte, deben ocuparse de crear el contexto apropiado para utilizar la ayuda con mayor eficacia. Es preciso continuar centrando la atención en combatir la corrupción e incrementar la transparencia y la buena gestión de los asuntos públicos. En este sentido, se necesita más ayuda de los países asociados para ejercer mayor presión moral e inquisidora sobre las empresas o los ciudadanos que se encuentren involucrados en actos de corrupción en los países africanos. En los países de la OCDE se han producido grandes avances en estas cuestiones, pero todavía persiste mucha negativa e hipocresía con respecto a los roles que desempeñan las empresas y los ciudadanos extranjeros en la corrupción en los países africanos, incluidos los que provienen de otros mercados emergentes. Casi siempre, cuando se comprueba la connivencia en actos de corrupción en los países africanos, los países asociados no actúan con la celeridad necesaria. Más aún, los países no cooperan con tanto ahínco como uno deseraría para devolver el dinero adquirido de manera ilegal a los países de origen. Todas estas acciones son medidas complementarias importantes que pueden brindar garantías a los ciudadanos, tanto de los países desarrollados como de los países en desarrollo, sobre el mayor flujo de recursos y su utilización.
El alivio de la deuda es una parte importante del incremento del flujo de recursos. Tiene un impacto tanto práctico como psicológico. Las iniciativas recientes de condonación del 100% de la deuda en varios de los Países Pobres Muy Endeudados (PPME) de África son bienvenidas, pero no tienen un alcance demasiado amplio ya que muchos países frecuentemente quedan excluidos. Luego de una fuerte y dura batalla, estamos agradecidos el alivio de la deuda acordado con mi propio país, Nigeria. Esto va a liberar cerca de mil millones de dólares estadounidentes entre los cuatro mil o cinco mil millones incrementales que se necesitan para financiar los ODM. Estamos canalizando los recursos para concentrarlos en las áreas relativas a los ODM que presentan mayores atrasos, como la mortalidad materna e infantil, la educación de las niñas y la provisión de servicios de infraestructura básica. Hemos implementado un mecanismo virtual de financiación para la mitigación de la pobreza para controlar de manera transparente la utilización de los recursos relacionados con los ODM. Es preciso implementar acciones para poner en práctica el alivio concedido a los países africanos mediante la elaboración de modalidades de cancelación anticipada del alivio la deuda, de modo que los detractores no obstaculicen la viabilidad a largo plazo de las instituciones multilaterales clave involucradas en la iniciativa de alivio. Por último, los aspectos de ayuda y alivio de la deuda de la asistencia de los donantes deben aunarse en una definición compartida de sostenibilidad de la deuda que tenga en cuenta la capacidad de un país para alcanzar los ODM.
Sin embargo, incrementar y optimizar la ayuda no es suficiente para acelerar el avance hacia la consecución de los ODM. Aquí se necesitan una mayor inversión del sector privado y mayor acceso al COMERCIO para los países africanos. Existe un vacío de análisis en el Informe sobre Desarrollo Humano 2005: no dice demasiado sobre el poder de la inversión privada para complementar la ayuda ni sobre el hecho de que se está haciendo demasiado poco para atraer esas inversiones que podrían ser tan importantes para el desarrollo humano de África. Con respecto al comercio, necesitamos movilizar a la ronda de Doha del punto muerto en el que ha quedado detenida. Esto significa que las naciones ricas deben verdaderamente afrontar los problemas de los subsidios a la producción agrícola y del acceso a los mercados. Más importante aún, si es que la ronda de Doha ha de convertirse en una ronda de desarrollo, los países ricos deben ofrecer más y exigir menos. Es simplemente inaceptable que los países ricos gasten mil millones de dólares estadounidenses por año para apoyar a la agricultura en los países en desarrollo y mil millones por día en subsidios a la producción agrícola de sus países que socavan la agricultura de los países en desarrollo.
Desafortunadamente, esta fue un área en la que el Grupo de los Ocho no logró demasiados avances en Gleneagles. Los líderes que se reunirán aquí la semana próxima tienen la oportunidad única de abrir la puerta un poco más con respecto a la cuestión del comercio, como una forma de prepararse para el encuentro de la OMC en diciembre. Los países africanos necesitan un análisis más exhaustivo del impacto en sus economías de un sistema de comercio basado en normas similar al que están negociando los países desarrollados. Los países africanos carecen de capacidad para participar con mayor contundencia en las negociaciones comerciales y pueden verse perjudicados por la desaparición de las preferencias comerciales o por la combinación de gravámenes y aranceles de comercio muy elevados en los países desarrollados y complejas normas de origen que repercuten negativamente en las oportunidades de mercado.
Un sector del comercio de servicios que requiere mayores avances está relacionado con los acuerdos sobre el movimiento temporal de personas para el suministro de servicios. Este es un tema en el cual los países desarrollados han avanzado con lentitud y con el que los países en desarrollo podrían obtener beneficios considerables que tendrían un impacto sustancial en materia de desarrollo humano. Hay escenarios en los que se podrían establecer acuerdos beneficiosos para ambas partes relativos a los movimientos temporales de mano de obra para cubrir los vacíos en los países desarrollados. Sin embargo, el progreso en esta área continúa estancado debido a la ignorancia, el temor y los controles migratorios. Los países africanos necesitan trabajar más sobre este tema internamente y abordarlo como un tema clave para el progreso en los próximos encuentros que se realizarán en Hong Kong. Los países africanos mismos deben trabajar más arduamente dentro y fuera de sus fronteras para propiciar el comercio entre ellos. Se necesitan mejoras en infraestructura, pero más importante aún, los aranceles y las políticas de comercio engorrosas crean barreras innecesarias que impiden maximizar los beneficios económicos del comercio interafricano.
Por último, en cuanto al tema del conflicto, el Informe sobre Desarrollo Humano 2005 proporciona mayor evidencia que respalda la sencilla verdad que señaló el Secretario General al afirmar que sin paz no puede haber desarrollo humano duradero o sostenible y sin desarrollo humano no puede haber paz. Además, el Informe destaca el conflicto violento como uno de los indicadores que más contribuyen a obtener una calificación baja en el cuadro del Índice de Desarrollo Humano. África ha sido y continúa siendo un continente que alberga un considerable número de conflictos violentos extenuantes y perdurables. No obstante la existencia de Darfur y Somalia, los líderes africanos han logrado considerables avances al atacar con determinación los conflictos en el continente. La intervención de la comunidad internacional en Liberia, Sierra Leona, Togo, Guinea Bisssau y unos cuantos otros fue viable gracias a la activa participación de los líderes africanos bajo la bandera de la UA.
Los africanos tienen la voluntad de resolver sus propios problemas o al menos ser una parte importante de la solución. Se están creando las instituciones y se están implementando los mecanismos necesarios en términos de una fuerza para el mantenimiento de la paz africana (con 750.000 miembros), un consejo para la paz y la seguridad y una estrategia para abordar las situaciones posteriores al conflicto. Los africanos han manifestado su necesidad de instrucción, de desarrollo de capacidades, de apoyo logístico y técnico en estas áreas y el Grupo de los Ocho se ha comprometido a brindar apoyo en sucesivas etapas hasta el 2010. Nuevamente, éste es un pacto que el resto de la comunidad internacional debe continuar para garantizar que no queden en el olvido las demás áreas de la larga y difícil reconstrucción post conflicto, el manejo de los recursos conflictivos y el respaldo para la resolución rápida y efectiva de los conflictos localizados, además de las estrategias de prevención.Sr. Presidente, señoras y señores, permítanme finalizar donde comencé. El Informe sobre Desarrollo Humano 2005 nos trae mensajes importantes, pero también nos trae esperanza. Hay puertas que se abren a nuevas oportunidades y que la comunidad internacional sólo debe empujar cada vez un poco más para dejar entrar a aquellos que están quedando relegados en el frente del desarrollo humano. África ha demostrado y continúa demostrando que tiene la determinación y el potencial para ayudar a abrir esta puerta para que la comunidad internacional pueda cumplir sus compromisos en materia de desarrollo humano. Todo lo que se necesita, señoras y señores, es tomar a África de la mano para dar un empujón bien fuerte a esa puerta. Muchas gracias por haberme escuchado y muchas gracias al PNUD por el maravilloso e interesante Informe 2005.
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