Presentación del IDH 2006
Su Excelencia, Presidente Mbeki,
Su Alteza Real,
Ministros,
Viceministros,
Sus Excelencias,
distinguidos invitados,
queridos amigos:
Quisiera comenzar agradeciendo al Presidente Mbeki y al Gobierno de Sudáfrica por haber aceptado tan gentilmente ser los anfitriones de la presentación mundial del Informe sobre Desarrollo Humano 2006 del PNUD. También quisiera agradecer al Príncipe de la Corona de los Países Bajos por acompañarnos hoy en esta presentación. Apreciamos mucho el respaldo que brinda al PNUD, así como el apoyo del Gobierno y del pueblo de los Países Bajos.
Es un verdadero placer estar presente en este evento, aquí en la hermosa Ciudad del Cabo, y no podría haber un lugar mejor que los maravillosos Jardines Botánicos de Kirstenbosch, un sitio dedicado a mejorar la calidad de vida de todos los sudafricanos en un entorno dinámico a través de la conservación y el uso sostenible de la flora autóctona. También quisiera aprovechar esta oportunidad para agradecer a Sudáfrica por el sólido liderazgo que ha ejercido este año en el Grupo de los 77. Ha sido un placer trabajar con ustedes como líderes de este grupo de países en desarrollo.
Sus Excelencias, queridos amigos:
Como ya han formulado muchos amigos y expertos que han desarrollado el concepto y la práctica del desarrollo humano en los últimos quince años (entre ellos puedo mencionar a figuras destacadas como Mahbub ul Haq, un pujante defensor del concepto de desarrollo humano en el decenio de 1990 y al ganador del Premio Nobel Amartya Sen) el desarrollo humano tiene que ver, en primer lugar, con permitir que las personas vivan vidas a través de las cuales puedan desarrollar su potencial como seres humanos. El marco normativo actual del desarrollo humano se refleja en la amplia visión plasmada en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) acordados internacionalmente.
El Informe sobre Desarrollo Humano de este año, Más allá de la escasez: poder, pobreza y crisis mundial del agua, contempla un tema que afecta profundamente el avance hacia la consecución de los ODM y el potencial humano de manera más general. El agua es una necesidad básica y un derecho fundamental de los seres humanos. El acceso al agua, un recurso básico que muchas personas en los países ricos dan por sentado, tiene impacto en las oportunidades de vida, en la ampliación de las elecciones y en el ejercicio de las libertades humanas fundamentales. El agua como fuente de vida en los hogares y como medio de subsistencia a través de la producción son dos de los pilares que sustentan el desarrollo humano.
La crisis del agua como fuente de vida es una violación flagrante del derecho humano fundamental de acceso al agua. Una de cada seis personas en el mundo están privadas del derecho al agua limpia, accesible y asequible. Dos mil seiscientos millones de personas carecen de medios de saneamiento elementales. Esa privación provoca casi dos millones de muertes infantiles al año, que podrían evitarse. Como el gran escritor Víctor Hugo escribió en Los Miserables: “Las cloacas son la conciencia de la ciudad”. El mensaje central del Informe de este año sostiene que la crisis mundial del agua no se refiere a la escasez física, sino a una crisis que tiene sus raíces en la pobreza y en la desigualdad.
El acceso al agua es un factor inherente al desarrollo humano, pero también repercute en muchas otras metas que la comunidad internacional ha establecido en el marco de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. El costo humano se pone de manifiesto en la falta de oportunidades de educación y en las enormes desigualdades basadas en el género. En todo el mundo, se pierden 443 millones de días de clase anualmente porque los niños están muy débiles a causa de la diarrea y otras enfermedades relacionadas con el agua.
A medida que observamos el continente africano, y aún más allá de sus fronteras, vemos con claridad que la imposibilidad del mundo de satisfacer estas necesidades fundamentales trae aparejadas reacciones en cadena que repercuten en la económica mundial. Los países en desarrollo pierden miles de millones de dólares al año por las pérdidas de productividad asociadas con el suministro y el manejo del agua. Al debilitarse el crecimiento económico, los hogares quedan atrapados en círculos de pobreza caracterizados por la falta de agua y servicios de saneamiento y, en consecuencia, las desigualdades dentro de los países y entre países se profundizan.
Por lo tanto, ¿cómo hacemos para que se respete el derecho humano al agua? Para analizar las causas del problema, el Informe planea varios temas. En primer lugar, pocos países consideran el agua una prioridad política. En segundo lugar, la limitada cobertura de los servicios públicos de agua en tugurios y asentamientos informales significa que los más pobres son los que generalmente pagan más dinero por el agua. Por último, la comunidad internacional no ha logrado dar prioridad al agua ni a los servicios de saneamiento en las alianzas que se han conformado en torno a los ODM.
Lo que subyace tras estos problemas es el hecho de que los más afectados por la crisis del agua y los servicios de saneamiento (los pobres, las mujeres y los niños) son también quienes tiene menos poder para exigir que sus reclamos sean atendidos. Con frecuencia, los debates sobre el suministro público o privado de agua han desviado la atención del hecho de que los pobres siguen careciendo del servicio, indistintamente de quién sea el propietario de la empresa de servicio público.
En consecuencia, debemos centrarnos en la legislación, las instituciones y la potestad reglamentaria que se necesitan para combatir las desigualdades en términos de acceso al agua y a los servicios de saneamiento. Muchos países han logrado avances extraordinarios a través de la promulgación de leyes que contemplan el derecho al agua, y varias comunidades de tugurios y aldeas han mostrado su capacidad de liderazgo para movilizar recursos con el fin de mejorar las condiciones sanitarias. Aquí en Sudáfrica, el gobierno ha podido proteger y fomentar el derecho al agua de cada individuo al amparo de los derechos constitucionales. Esto ha quedado ampliamente demostrado por los marcos políticos y legislativos, las asignaciones de recursos y los logros que se han obtenido hasta el presente en cuanto a este tema crucial. Sin embargo, los desafíos persisten. El acceso al agua potable en Sudáfrica no es universal y los índices de cobertura entre los pobres continúan variando notablemente. Además, los buenos resultados obtenidos en Sudáfrica en términos de mayor acceso y reducción de las desigualdades en la provisión de agua no logran equipararse con los resultados logrados en materia de saneamiento. El desafío que el gobierno de Sudáfrica ha reconocido y ha decidido afrontar consiste en incrementar el acceso al agua y lograr el compromiso de las comunidades para que formulen y pongan en práctica soluciones apropiadas y sostenibles que respondan a las limitaciones ambientales y de recursos. Como siempre, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo brinda su respaldo al gobierno de Sudáfrica compartiendo la experiencia adquirida en todo el mundo y trabajando conjuntamente para obtener mayores progresos en un área en la cual Sudáfrica ya se ha consagrado como líder.
En términos generales, hay varios pasos que los gobiernos pueden seguir para abordar la crisis del agua. Estos pasos implican establecer objetivos claramente definidos para que las empresas prestadoras de servicios públicos de agua permitan a los pobres obtener un mayor acceso al agua; asegurarse de que todos los grupos de interés comprendan perfectamente las políticas nacionales —y sus objetivos— y que se exija a los prestadores de servicios el cumplimiento de esos objetivos; utilizar una combinación de subvenciones cruzadas y fondos provenientes de bonos municipales para financiar los costos iniciales de conexión de los hogares a la red de suministro de agua y garantizar una cantidad mínima para todos los ciudadanos, en forma gratuita para quienes no pueden pagarla. Asimismo, los gobiernos internacionales deben respaldar un Plan de Acción Mundial para resaltar la importancia del agua y de los servicios de saneamiento, reunir recursos adicionales y observar el desempeño tanto de los países donantes como de los beneficiarios.
La segunda dimensión de la crisis del agua tal como se aborda en este Informe es la crisis del agua como medio de subsistencia. Esta crisis comprende el estrés crónico por falta de agua que afecta a casi 800 millones de personas en el planeta y amenaza con colapsar los sistemas ecológicos, lo que intensificaría la competencia por el agua y las tensiones entre los países. El planeta no se está quedando sin agua de manera absoluta, pero para millones de personas, el acceso a los recursos hídricos se está reduciendo. Además, ha quedado claro que el calentamiento global puede tener un efecto devastador en unos pocos decenios que podría provocar graves sequías en algunas áreas e inundaciones en otras y aumentar la intensidad de las tormentas tropicales. Recomiendo ampliamente el trabajo de Sir Nicholas Stern, Jefe del Government Economic Service del Reino Unido, quien ha puesto en marcha métodos de análisis económico realistas y rigurosos sobre estos temas.
La agricultura es el principal usuario de agua. La disminución del caudal en los ríos, la reducción del volumen de los lagos y el descenso de las capas freáticas son síntomas del uso no sostenible del agua en algunas regiones. Algunas regiones de China e India, ambos países con economías de rápido crecimiento, están sufriendo estrés por falta de agua que ocasiona grandes pérdidas en la productividad agrícola. A medida que se intensifica la competencia por el agua de riego, las desigualdades entre los pequeños y grandes agricultores pasarán a primer plano y adquirirán mayor importancia. La agricultura también debe enfrentarse a la mayor competencia por el agua que plantean las industrias y la rápida urbanización.
Esta crisis ya se ha instalado y afectará a las futuras generaciones. El calentamiento global ya es una realidad y cada vez tiene mayor influencia en los patrones que determinan la disponibilidad del agua en todo el mundo. Mientras que el derretimiento acelerado de los glaciares a corto o mediano plazo provoca un incremento en los cursos de agua, en el largo plazo esto resultará en una menor disponibilidad de agua, ya que los casquetes polares retrocederán y liberarán menos agua durante los meses de verano, afectando negativamente la disponibilidad de agua. Esta realidad, sumada a los patrones climáticos extremos, añade un nuevo aspecto a la competencia por los recursos hídricos. Hay una necesidad apremiante de concentrarse no sólo en la mitigación del cambio climático, sino también en el fomento de estrategias de adaptación.
El agua también es el recurso efímero por excelencia. Dos quintos de la población mundial viven en cuencas fluviales y lacustres compartidas por dos o más países. Conectadas por una red de interdependencia, estas sociedades pueden sufrir a causa de los conflictos políticos en aumento o pueden beneficiarse de la cooperación. El manejo conjunto de las cuencas fluviales puede generar notables beneficios en términos de cantidad, calidad y previsibilidad de los cursos de agua. La falta de cooperación, por otro lado, aumenta la probabilidad de conflictos entre países en aquellas zonas que sufren escasez de agua.
Como primera respuesta frente a la mayor competencia es preciso reconocer que el medio ambiente también es un usuario de agua. El precio del agua debe reflejar la magnitud de la escasez, en lugar de estar subvencionado como modo de asegurar el suministro a los grandes agricultores o las grandes industrias a expensas de los pobres. Asimismo, el desafío conjunto que deben afrontar los países consiste en abordar las necesidades en materia de desarrollo humano de las comunidades que comparten el mismo recurso hídrico.
La crisis mundial del agua es una negación de los derechos humanos agravada por la creciente escasez inducida por las políticas públicas. Sabemos que contamos con los recursos técnicos y financieros para afrontar esta crisis, como las naciones actualmente ricas lo hicieron en sus propios países un siglo atrás.
Si bien es cierto que la voluntad política a nivel nacional es importante, el agua debe ocupar un lugar mucho más importante en la agenda internacional para que podamos pasar de la retórica a la acción. Los miembros de las Naciones Unidas también debemos trabajar en forma correcta, comenzando por mejorar la coordinación entre los organismos de la ONU dedicados a la cuestión del agua. Estos esfuerzos también deben suponer un mayor nivel de compromiso para abordar esta crisis por parte de los países donantes. Si las naciones ricas realmente desean ayudar a los países en desarrollo a alcanzar los ODM, entonces deberán pensar que una forma de utilizar la ayuda financiera más eficazmente es dar prioridad a la cuestión del agua y los servicios de saneamiento.
Sus Excelencias, queridos amigos:
El Plan de Acción Mundial enunciado en este Informe es la guía que necesitamos seguir, no sólo para incrementar los fondos destinados a la ayuda, sino también para crear capacidades, aprovechar los recursos y medir nuestro progreso conforme a las metas que nos hemos fijado. Necesitamos ser racionales y compasivos al mismo tiempo, una combinación simbolizada en la figura del gran líder Nelson Mandela y que el Presidente Mbeki y muchos líderes sudafricanos destacados continúan honrando en la actualidad.
La pobreza, el poder y la desigualdad no son causas naturales de la escasez del agua. Deben confrontarse con una respuesta basada en medidas políticas. Espero que el debate que estamos planteando con la publicación del Informe sobre Desarrollo Humano de este año promueva la mayor participación de toda la comunidad internacional.
Gracias.
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