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Informe sobre desarrollo humano - Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

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Informe 2013

El ascenso del Sur: Progreso humano en un mundo diverso
está disponible para su descarga gratuita

Discurso de Ad Melkert, Secretario General Adjunto de las Naciones Unidas y Administrador Asociado del PNUD

Presentación del Informe sobre Desarrollo Humano 2006

El agua es una necesidad básica y un derecho fundamental de los seres humanos. Cuando abrimos el grifo en Berlín, damos por sentado que podremos beber un vaso de agua limpia o tomar una ducha. Para una de cada seis personas en el mundo (es decir, 1100 millones de personas) esto no es así, ya que se le niega el derecho al agua limpia, accesible y asequible. Esta violación se traduce en alrededor de 1,8 millones de muertes infantiles al año que podrían evitarse.

Si bien hacemos esfuerzos por incrementar el acceso al agua potable, seguimos siendo demasiado decorosos respecto al problema de saneamiento: 2600 millones de personas no tienen siquiera acceso a formas rudimentarias de saneamiento. Nuestro decoro al no hablar sobre la gestión segura e higiénica de los excrementos humanos y de su separación del agua potable nos está costando vidas debido a la transmisión de enfermedades tales como el tracoma causante de ceguera. La mejora de las condiciones sanitarias tiene un efecto drástico en la reducción del riesgo de muerte antes del año de vida, que es de aproximadamente el 60% en Egipto y Perú. El tabú que plagaba los debates sobre VIH/SIDA un decenio atrás amenaza con repetirse en el presente en las discusiones sobre saneamiento, y debe ser eliminado en forma urgente. Es hora de que nos atrevamos a hablar abiertamente de la ‘mierda’.

El acceso al agua y a los servicios sanitarios contribuye a la mejora de las oportunidades de vida, la ampliación de las opciones de las personas y el ejercicio de las libertades humanas fundamentales. La crisis mundial del agua no radica en una escasez física, sino que tiene su origen en la pobreza y la desigualdad. El Informe sobre Desarrollo Humano de este año, Más allá de la escasez: poder, pobreza y la crisis mundial del agua, aborda dos temas diferentes que constituyen la base del desarrollo humano: ‘el agua para la vida’ y ‘el agua para la subsistencia’.

La crisis del agua para la vida

El acceso al agua es un derecho humano fundamental. Esta violación flagrante influye en varias otras metas que la comunidad internacional se ha propuesto en los Objetivos de Desarrollo del Milenio. El costo humano se manifiesta en la pérdida de oportunidades de educación y en la enorme discriminación hacia las mujeres. Alrededor de 443 millones de días de clase se pierden anualmente porque los niños están muy débiles a causa de la diarrea y de otras enfermedades provocadas por el agua. En África subsahariana, casi la mitad de las niñas abandonan la escuela primaria por la falta de agua limpia y de instalaciones sanitarias.

Si se mantienen las tendencias actuales, faltarán 234 millones de personas para llegar al objetivo de reducir a la mitad el porcentaje de personas que carecen de acceso al agua y 430 millones para alcanzar los objetivos relativos a los servicios de saneamiento. ¿Cómo podemos aceptar que 1800 millones de personas sigan careciendo de servicios sanitarios dignos? Para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio relativos al agua y saneamiento, se necesitan al menos diez mil millones de dólares estadounidenses anuales para poder proporcionar soluciones sostenibles de baja tecnología. Para poder lograrlo en los países más pobres, se requiere más ayuda para el desarrollo. La ayuda destinada al agua y el saneamiento se ha ido estancando desde mediados del decenio de 1990. Deberían aumentar aproximadamente entre 3600 y 4000 millones de dólares estadounidenses al año para cubrir el déficit resultante de lo que podría y debería recaudarse a partir de los recursos nacionales.

Esta cuestión no implica sólo compasión social, sino también decisiones económicas inteligentes. África subsahariana pierde anualmente 5% de su PIB (US$28.400 millones) por pérdidas de producción relacionadas con el suministro y la gestión del agua, una cifra que supera el total de flujos de ayuda y alivio de la deuda destinados a la región en 2003. Si actuamos ahora, no sólo podremos salvar millones de vidas en el próximo decenio, sino que también generaremos ganancias por US$38.000 millones.

¿Cómo hacemos para que el agua sea un derecho humano y que esto sea una realidad? Durante la búsqueda de los orígenes del problema, surgieron varios temas en el Informe. En primer lugar, pocos países consideran el agua una prioridad política. En segundo lugar, la limitada cobertura de las compañías públicas de agua en barrios de casas precarias y asentamientos informales significa que los más pobres tienden a pagar las cifras más altas por el agua. En tercer lugar, la comunidad internacional no ha logrado priorizar el agua y el saneamiento en las alianzas que se han forjado en torno a los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

A estos problemas subyace el hecho de que aquellos más afectados por la crisis del agua y los servicios de saneamiento (los pobres, las mujeres y los niños) son también quienes tiene menos poder para hacer que sus reclamos acerca del agua sean oídos.

En realidad, el debate acerca del suministro público o privado de agua ha desviado la atención del hecho de que los pobres siguen careciendo del servicio, indistintamente de quién sea el propietario de la empresa que suministra el agua.

En cambio, hay una necesidad de enfocarse en la legislación, las instituciones y la capacidad de regulación necesarias para tratar las desigualdades en materia de agua y servicios de saneamiento. Las naciones que constituyen el mundo desarrollado del presente lo hicieron un siglo atrás, y financiaron obras de infraestructura de agua y saneamiento principalmente mediante la inversión pública. En la actualidad, muchas naciones han progresado de manera extraordinaria gracias a la introducción de leyes sobre el derecho al agua, por ejemplo, Sudáfrica. En Porto Alegre, Brasil, una empresa suministradora de agua municipal, con autonomía e independencia financiera, logró brindar acceso casi universal a este recurso. En Chile, si bien los proveedores son privados, las subvenciones se han invertido en los hogares de bajos ingresos. En India y Pakistán, las comunidades que viven en tugurios y aldeas han mostrado su liderazgo al movilizar recursos para mejorar las condiciones sanitarias.

A nivel nacional, debemos instar a los gobiernos a que establezcan objetivos claramente definidos para que las empresas que suministran agua incrementen el acceso de los pobres al agua, asegurarnos de que las políticas nacionales (y sus objetivos) sean perfectamente comprendidas por todos los involucrados y que aquellos que suministran agua se hagan responsables por el logro de esos objetivos, utilizar una combinación de subvenciones cruzadas y fondos provenientes de bonos municipales controlados para financiar los costos iniciales que representa conectar a los hogares a la red de suministro de agua y asegurar una cuantía de agua mínima para todos los ciudadanos, de manera gratuita para quienes no pueden pagarla.

A escala internacional, debemos instar a los gobiernos a respaldar el Plan de Acción Mundial para elevar la importancia del agua y los servicios de saneamiento, acumular recursos adicionales, mejorar la coherencia y coordinación de los donantes, sustentar la capacidad y la planificación nacional, y observar el desempeño tanto de los países donantes como de los países beneficiarios. Si bien algunas naciones aportan una porción significativa de la ayuda destinada al agua y el saneamiento, lamentablemente no muchos países siguen esta línea. En 2003 y 2004, la ayuda al agua y el saneamiento proveniente de los Países Bajos era de unos 103 millones de Euros. Debemos elevar el perfil de las cuestiones relacionadas con el agua y el saneamiento siguiendo el ejemplo del Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria. La presidencia del Grupo de los Ocho brinda la oportunidad de recalcar la necesidad apremiante de un Plan de Acción Mundial en un contexto donde África es una prioridad.

La crisis del agua para la subsistencia

El mundo actual enfrenta un estrés crónico por falta de agua que afecta a casi 800 millones de personas en el planeta y amenaza con colapsar los sistemas ecológicos, lo cual intensificaría la competencia por el agua y las tensiones entre países. No todo el planeta se está quedando sin agua, pero para millones de personas, el acceso a los recursos de agua se está reduciendo.

La agricultura es el principal usuario de agua y su uso representa más del 70% del total utilizado. La disminución del caudal de los ríos, la reducción del volumen de los lagos y el descenso de las capas freáticas son síntomas del uso no sostenible del agua en algunas regiones. El norte de China ya se encuentra afectado por un grave estrés por falta de agua: el Río Amarillo se secó en sus cuencas bajas durante el decenio de 1990, lo que originó una caída en la producción agrícola con pérdidas de miles de millones de dólares. A medida que se intensifica la competencia por el agua de riego, las desigualdades entre los pequeños y grandes agricultores pasarán a primer plano y adquirirán mayor importancia. La Ley del Agua en Sudáfrica, la iniciativa de la Comunidad de África Meridional para el Desarrollo, que propicia la gestión conjunta de los recursos hídricos, y las inversiones en microrriego en la India son sólo algunos ejemplos de lo que una voluntad política sólida puede lograr.

El calentamiento global ya está ocurriendo y ejercerá mayor presión sobre los patrones que determinan la disponibilidad del agua en todo el mundo. La tendencia indica que la producción agrícola se verá afectada en África subsahariana y Asia Meridional, lo que intensificará el desafío que plantea la desnutrición. El aumento del nivel del mar amenaza con la intrusión de agua salada en las reservas de agua dulce de países con tierras bajas, ya sean naciones ricas, como los Países Bajos, o pobres, como Bangladesh. La acción multilateral para mitigar el cambio climático es una parte de la respuesta política. La otra parte comprende un enfoque de desarrollo de estrategias de adaptación mucho más intenso.

Dos quintos de la humanidad viven en cuencas fluviales y lacustres compartidas por dos o más países. Estas sociedades pueden sufrir el incremento de los conflictos políticos o beneficiarse de la cooperación. El manejo conjunto de las cuencas fluviales puede generar beneficios significativos en cuanto a la cantidad, la calidad y la previsibilidad de los cursos de agua. La limpieza del Rin, que representaba un interés vital para Alemania y los Países Bajos, es un ejemplo del tiempo que lleva lograr un acuerdo de cooperación respecto a los recursos hídricos compartidos y de los beneficios que pueden generarse.

La crisis mundial del agua es una crisis de negación de derechos humanos exacerbada por decisiones políticas equivocadas. Sabemos que contamos con los recursos técnicos y financieros para abordar esta crisis El poder, la pobreza y la desigualdad no son causas naturales de la escasez del agua. Deben confrontarse con una respuesta basada en medidas políticas. Espero que el debate que estamos planteando con la publicación del Informe sobre Desarrollo Humano promueva la mayor participación de los gobiernos.

Ahora, lo que más se necesita es voluntad política, siguiendo la lógica del pensamiento racional y la motivación de la compasión social. El Informe sobre Desarrollo Humano simplemente afirma que el desarrollo humano no debería ser un privilegio de unos pocos, sino un derecho de todos.

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