Informe 2009
disponible ahora
Este informe rompe esquemas al aplicar un enfoque de desarrollo humano al estudio de la migración
Mas información

Reciba actualizaciones mensuales sobre investigaciónes, presentaciónes y eventos.
Mas información
Secretaría de Prensa de la Presidencia de la República
Estimado compatriota Patrus Ananias, Ministro de Desarrollo Social y Combate al Hambre,
estimado compatriota Sérgio Machado Rezende, Ministro de Ciencia y Tecnología,
estimada compatriota Marina Silva, Ministra de Medio Ambiente,
estimado compatriota Geddel Vieira Lima, Ministro de Integración Nacional,
estimada compatriota Marisa Letícia,
estimada Señora Kim Bolduc, Representante Residente del PNUD,
Señor Kemal Derviş, Administrador del PNUD,
Señores diputados federales Cleber Verde, Daniel Almeida, Laurez Moreira y Nelson Marquezelli,
Señor Kevin Watkins, Director de Desarrollo del PNUD,
Señora Leire Pajín, Secretaria de Estado de Cooperación Internacional de España,
señoras y señores miembros del cuerpo diplomático,
señoras y señores,
compañeros y compañeras,
La verdad es que el protocolo debería definir que cuando personas tan importantes tratan temas tan importantes como el Informe del PNUD y la cuestión climática, el presidente debería ser apenas un espectador en un acto de esta magnitud. Sin embargo, tengo que pronunciar un discurso y ya pensé en cinco discursos diferentes que ya eliminé de mi cabeza. Quiero decirles que es un honor ser anfitrión del lanzamiento mundial del Informe sobre Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. Me gustaría comenzar planteando un desafío al PNUD. El informe que ustedes están publicando hoy está basado en un estudio realizado durante el año 2005. Posiblemente el Informe de 2009/2010 se presente más o menos en el 2012, 2011. En ese momento, yo ya no seré presidente de mi país porque mi mandato finaliza el 31 de enero de 2010, pero me llenaría de satisfacción que el PNUD aceptase el desafío, o prefiero decir la invitación, a regresar a Brasil en el año 2012 y presentar aquí el Informe sobre Desarrollo Humano de ese año. Voy a hablar con el Secretario General de la ONU para incluir esto en nuestras agendas. Esto se debe a que estoy completamente convencido de que cuando el PNUD presente el informe de 2006, el índice de crecimiento de Brasil habrá subido un punto. Cuando el PNUD presente el Informe de 2007, el índice de crecimiento de Brasil habrá subido otro punto; cuando presente el de 2008, Brasil habrá crecido otro punto más; cuando presente el de 2009, Brasil habrá crecido otro punto; cuando presente el de 2010, el índice de crecimiento de Brasil habrá subido otro punto más. Asimismo, estoy convencido de que a partir de ese momento, todos los gobiernos siguientes se sentirán en la obligación de hacer que el índice de crecimiento de Brasil suba un punto más para la presentación del siguiente Informe.
Mis palabras reflejan la convicción de un presidente que coordina un grupo de ministros quienes, sin distinción alguna, tienen la convicción y el compromiso de que Brasil vive un momento muy especial de su breve historia de 500 años y de que vive un momento muy especial de su breve historia como República y, además, que podemos permitirnos el lujo de decir que estamos bendecidos por Dios por poder gobernar Brasil en este momento que estamos viviendo. Por eso siento tranquilidad al decir al PNUD que estaré aquí como espectador, si soy invitado por el futuro presidente, para asistir a la presentación del Informe, porque para mí, mi querido Patrus Ananias, sería muy gratificante conocer el resultado de lo que estamos planteando para nuestro país.
La segunda cosa que quiero decirles, especialmente a nuestro Administrador Kemal Derviş, es que el Informe es ambicioso y audaz. De hecho, es un informe a la altura de la tarea que tenemos por delante. Básicamente, los discursos que hemos escuchado hoy aquí, Marina, son un poco la reanudación de los debates que se realizaron en 1992 durante la reunión de Río de Janeiro conocida aquí en Brasil como Eco-92. En esa ocasión, la comunidad internacional reconoció que el futuro del planeta dependía de la participación y de la cooperación solidaria de todos sus habitantes. El Informe demuestra que hoy esas conclusiones son dramáticamente ciertas.
Necesitamos cambiar el modelo de desarrollo mundial, ya que de otro modo sufriremos una catástrofe ambiental y humana. La preservación de nuestro patrimonio común exige redefinir nuestra forma de generar y distribuir la riqueza entre los países y entre nuestras sociedades. Ése fue el mensaje que expresé en la Asamblea General de las Naciones Unidas el pasado mes de septiembre. ¿Cómo reducir los patrones de consumo no sostenibles y al mismo tiempo satisfacer las aspiraciones de bienestar y desarrollo de los pueblos? ¿Cómo garantizar la seguridad energética sin provocar desequilibrios ambientales?
En este sentido, me gustaría llamar su atención en cuanto al aspecto político. La diferencia entre una decisión tomada y una decisión puesta en práctica es muy grande. Cuando centenares de países se reúnen en Roma y deciden aprobar los Objetivos del Milenio, debería aprobarse conjuntamente la responsabilidad de cada uno de los signatarios, no sólo con respecto a las naciones pobres que deben mejorar la calidad de vida de sus pueblos, sino también en cuanto a la disponibilidad de recursos de las naciones ricas para ayudar a los países pobres. De lo contrario, en los foros internacionales se toman decisiones que después se adaptan con relación a la fuerza, la política interna y el deseo electoral de cada país, pero nunca se llevan a cabo.
Me gustaría citar el ejemplo de Haití. Todo el mundo sabe que Haití es uno de los países más pobres del mundo; todo el mundo sabe que Haití prácticamente no tiene más árboles, porque las personas se han visto obligadas a talarlos para quemarlos y poder cocinar. Mientras tanto, los países denominados donantes, continúan diciendo desde hace más de un año que destinarán mil millones para ayudar a Haití, pero casi siempre ese dinero demora demasiado en llegar. He manifestado a las Naciones Unidas y también a mis colegas presidentes que es imposible sostener la democracia en Haití si el pueblo haitiano no puede desayunar, almorzar y cenar todos los días y si no tiene perspectivas de trabajo. Por lo tanto, debemos ser más responsables.
No pedimos mucho; sólo queremos que hoy el mundo haga con las naciones pobres lo que la Unión Europea hizo cuando decidió apostar todas sus fichas a la caída del Muro de Berlín. Los países ricos de Europa invirtieron dinero para ayudar a España, invirtieron para ayudar a Portugal, para ayudar a Grecia, para ayudar a Alemania Oriental, para ayudar a todos los países de Europa Oriental; nosotros queremos que ese mismo esfuerzo se lleve adelante para ayudar al continente africano, para ayudar a América Latina. Entonces sí estaremos construyendo la posibilidad de que los seres humanos que viven en las naciones pobres sobrevivan con dignidad. Esto es algo muy importante y nosotros podemos dar ejemplos.
Cuando lanzamos aquí el Programa Bolsa Familia en 2003, se trataba sólo del proyecto Hambre Cero; cuando finalizó la etapa de elaboración del programa y se aprobó en octubre, nosotros éramos conscientes de que estábamos plantando una semilla, y que necesitaríamos fertilizarla para que pudiese germinar y transformarse en un árbol frondoso y fuerte que diese buenos frutos. Los más apresurados querían que el Programa diera resultados antes de que se pusiera en práctica, es decir, no es posible comer una fruta antes de plantar un árbol. El árbol fue plantado. Después de tres años y medio puedo decir, sin temor a equivocarme, que no creo que exista en ninguna otra parte del mundo un programa de transferencia de ingresos que tenga la seriedad de la Bolsa Familia, sobre todo la seriedad del sistema de registro, que era el gran problema que surgió cuando debimos garantizar que el dinero llegase al pueblo brasileño más pobre.
Pienso que la Bolsa Familia contribuye a mejorar la calidad de vida de las personas, aporta alimentos a los hogares, garantiza que las personas asuman el compromiso de asistir a la escuela, que las mujeres asuman el compromiso de cuidar mejor su salud y la de sus hijos.
Pero nosotros no queremos conformarnos sólo con eso. Sabemos que en Brasil hay mucho por hacer, porque lo que vivimos hoy en el siglo XXI representa un descanso de todo lo que vivimos en el siglo XX, con la mitad de la población brasileña. Rescatar esto no es algo simple. En toda America Latina existen ejemplos de países que hace diez años crecieron un 6% o 7% anual pero no pudieron construir políticas sociales para acompañar ese mayor desarrollo económico porque, en los países pobres, siempre que algún gobierno tiene la intención de destinar dinero en ayuda para los pobres, el FMI dice que primero se debe cuidar el ajuste fiscal, el equilibrio fiscal, porque nada puede hacerse sin equilibrio fiscal.
Aquí en Brasil también hemos comprobado lo contrario. Hemos comprobado que es posible tener una política fiscal seria, hemos comprobado que es posible combinar distribución de la riqueza para los más pobres con crecimiento económico, hemos podido comprobar que es posible hacer crecer el mercado interno junto con el mercado externo. Y hoy estamos cosechando parte de lo que sembramos. Debemos sembrar mucho, pero pienso que ya hemos realizado una buena siembra y que somos conscientes de que precisamos trabajar mucho más porque tenemos más experiencia, más conciencia, ya no debemos cometer ninguno de los errores que cometimos al principio. La sociedad ya está más habituada porque también la sociedad comenzó a aprender que cuando los más pobres ascienden en la vida, que van logrando un nuevo estándar y que se convierten en consumidores, estudiantes, trabajadores, personas que gozan de salud, gente de clase media, hay menos gente en la calle y menos gente abandonada, menos delincuencia y menos prostitución. Ese es el resultado de un ciclo combinado de sacrificio entre el crecimiento económico, la distribución del ingreso y la justicia social.
Quisiera decir a los compañeros del PNUD que soy consciente de que la actitud individual de un solo país no resuelve un problema. Hoy, el problema es más complicado. Hay casos novedosos en el mundo económico mundial. Tenemos a China, que tiene mil trescientos millones de habitantes pero hay mil millones de personas que aún precisan integrarse como ciudadanos. Tenemos el caso de la India, que tiene mil millones de habitantes y setecientos millones de personas que no están integradas en la ciudadanía. Obtener empleo, educación, alimentos, todo eso es un desafío que no estaba previsto en el siglo XX y que se presenta ahora, en el siglo XXI.
¿Cuál es la gran oportunidad que tenemos por delante? Es la oportunidad de no cometer los mismos errores que los países desarrollados cometieron para lograr su desarrollo el siglo pasado. Ya tenemos experiencia, ya conocemos las consecuencias.
Es necesario que las naciones ricas sepan que ahora, en Bali, vamos a discutir muy seriamente sobre el precio que deben pagar para que las naciones más pobres puedan preservar sus recursos forestales. Porque no es posible convencer a los pobres de ningún país del mundo de que no pueden cortar árboles si no tienen, por otro lado, derecho a trabajar y a alimentarse. Es la contrapartida de quien es responsable del 70% de las emisiones de gases de efecto invernadero, la gran responsabilidad de quien no tiene una matriz energética limpia como la que nosotros tenemos hoy. El 85% de la energía brasileña es renovable y limpia, el 45% de toda la energía brasileña es limpia, por lo que nosotros tampoco estamos dispuestos a aceptar lecciones. Estamos dispuestos a dialogar, pero no a aceptar imposiciones sin discutir concretamente lo que es preciso hacer en este momento específico en que Brasil cuenta con tecnología aprobada desde hace 30 años y que utiliza desde hace mucho tiempo un 25% de etanol en el combustible.
Ahora, en enero, comenzaremos a incorporar un 2% de biodiesel en el gasóleo. Estamos diciendo al mundo —que hace 50 años anunciaba el motor de hidrógeno pero que aún no anunció nada porque no consigue separar las partículas de hidrógeno— que nosotros, más humildemente, estamos ofreciendo nuestros biocombustibles. En lugar de excavar un pozo de petróleo a siete mil metros de profundidad a través de un agujero de 30 centímetros, con una semilla, un poco de agua y un poco de sol, obtendremos el combustible del siglo XXI y así generaremos empleos, distribuiremos el ingreso y descontaminaremos el planeta que los demás contaminaron durante el siglo pasado. Por tanto, se trata de un debate político y no sólo de un debate ambiental o económico. Es un debate político y social.
¿Qué responsabilidad tendrá cada nación? Dependerá de cada nación tomar las decisiones a partir de sus necesidades internas; los Estados Unidos continuarán produciendo etanol de maíz porque los que votan en los Estados Unidos son los productores de maíz, y por eso son importantes los subsidios, en detrimento de otras cosas a partir de las que se puede producir alcohol con mucha más eficacia.
Aquí en Brasil, nuestra intención es simplemente contribuir. No pretendemos que ningún país del mundo haga lo que nosotros estamos haciendo, pero no aceptamos ser tratados en ese debate como ciudadanos de segunda clase. Es necesario que la gente sepa que es posible fabricar automóviles pequeños y más económicos. En algunos países del mundo, hay coches que ni siquiera pueden doblar en una esquina por su gran tamaño. Con un coche como ese se podrían fabricar tres coches populares aquí en Brasil. Brasil está vendiendo el 85% de sus automóviles flex fuel en el mercado interno, con un éxito extraordinario. Ahora bien, vean qué absurdo: para que Brasil exporte su etanol a algún país del mundo, debe pagar una sobretasa enorme que casi duplica el precio de nuestro alcohol. Por otro lado, el petróleo comprado en los países petroleros no paga ninguna tasa. ¿Dónde está el equilibrio comercial? ¿Dónde está la voluntad de descontaminar el planeta? ¿Dónde está la voluntad de disminuir las emisiones de gases de efecto invernadero? Podría empezar gravando al petróleo. Europa ya decidió que en 2020 va a introducir un 10% de etanol en los combustibles para automóviles. Yo quiero ver si en Brasil no lo hacemos más rápido. Portugal pretende llegar en 2010; por lo tanto, pienso que nosotros estamos muy bien encaminados.
Quiero felicitar al PNUD porque considero que cuando se realiza un informe de la categoría del Informe que ellos han elaborado, no deben preocuparse por agradar a un gobierno, a un país o a alguna personalidad en particular. El Informe es un hijo de nuestras entrañas, ya sea feo o bonito. Debemos disfrutarlo y cuidarlo con mucho cariño. El Informe es una fotografía que puede servir como pauta de conducta, de aquí en adelante, para el mundo entero. Nuestra compatriota Marina y el Ministro Celso Amorim irán a Bali, igual que lo haremos nosotros, con la intención de mantener un diálogo profundo y serio para ver si vamos más allá de los meros documentos y de las meras intenciones e implementamos alguna acción, al menos una que represente una toma de decisiones concreta por parte de los países preocupados por las cuestiones relativas a nuestro planeta.
Estoy convencido de que es necesario que comencemos a trabajar también en lograr que la sociedad tome consciencia porque, obviamente, el cambio del modelo productivo de un país está subordinado al cambio de patrón de consumo de su sociedad. Sería tan bueno que nos conformásemos con dos pares de zapatos, dos vestidos, dos pantalones, dos trajes... pero queremos más. Vivimos en un país tropical, construimos un edificio con vidrios ahumados y después pasamos el día entero con las luces encendidas, ¿no es cierto?, cuando podríamos construir los edificios con vidrios transparentes y cortinas blancas. Aislamos un edificio entero para después comprar acondicionadores de aire.
Entonces, cambiamos el modelo de desarrollo y el patrón de consumo. Ese es el gran problema porque es fácil que un pobre quiera ser rico. Ahora, querer que alguien disminuya su patrón de consumo es lo que provoca las revoluciones y las guerras que nos cansamos de ver, tanto en la vida real como en las películas.
Estimados compañeros,
quisiera pedir a mis compañeros del PNUD que regresen a su país con la certeza de que aquí hemos aprendido que ya no tenemos políticas propias de cada ministro. La política que mi compañera Marina ejecuta en el Ministerio de Medio Ambiente no es una política de su propiedad; es una política de gobierno. El programa que presentó nuestro compañero Sérgio Rezende de Ciencia y Tecnología, no es un programa del ministro Sérgio Rezende, porque si fuese suyo, finalizaría junto con su mandato. En realidad, es un programa del gobierno y de la sociedad.
La semana próxima presentaremos un programa de salud. Y vamos a llevar salud a las familias de las escuelas brasileñas. Los niños, las escuelas, tendrán que realizar exámenes al menos dos veces por año para comprobar si recuperamos el estándar que alguna vez hemos tenido.
Quisiera pedir a los compañeros del PNUD que nos ayuden con las experiencias adquiridas en otros países, para podamos tener más aciertos y cometer cada vez menos errores. Esperamos que las naciones ricas cumplan con su parte. Que no permitamos que los países pobres crezcan con desaciertos, como los ricos lo hicieron en el pasado, y que podamos obtener los recursos necesarios para contribuir al desarrollo de los más necesitados.
Estoy convencido de que a Brasil le quedan muchas lecciones por aprender; estoy convencido de que Brasil tiene lecciones para dar y estoy convencido de que si todos los gobernantes somos humildes, pensamos en el planeta y tomamos la decisión conjunta de salvarlo, lo lograremos. Si cada país continúa defendiendo sólo sus intereses económicos o sus intereses políticos, pienso que las catástrofes ya han sido anunciadas, ya son más que evidentes para todos nosotros y seremos víctimas de ellas.
Por eso, mis compañeros del PNUD, reciban mis felicitaciones. El desafío está planteado: anunciar en 2012 el nuevo Informe del PNUD aquí en Brasil. Marisa y yo seguramente estaremos vivos para ser testigos de lo que suceda en este país. Pueden estar seguros de que van a ocurrir muchas cosas. Ya se prepararon las bases; ahora es tiempo de cosecha y, sin duda, vamos a cosechar lo que sembramos.
Un abrazo, felicitaciones y muchas gracias.
Vovler a la lista <<<<<