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En la medida en que al
país vuelven los días azules de diciembre, empieza a conocerse también
el balance de una de las más fuertes temporadas invernales, con miles
de damnificados como saldo. Así, los colombianos han vuelto a
experimentar en carne propia los trastornos climáticos, que afectan de
manera cada vez más evidente a los habitantes de un planeta que sigue
sin escuchar las voces de alerta sobre las peligrosas consecuencias del
calentamiento global. Y es que a pesar del escepticismo de algunos, la
evidencia científica confirma que el llamado efecto invernadero, nacido
de la acumulación de ciertos gases en la atmósfera, ha producido una
elevación de 0,7 grados centígrados en las temperaturas promedio de la
Tierra. Aunque ese aumento puede parecer irrisorio, en el caso de
Colombia se expresa en la pérdida de nieve de las cumbres más altas y
en fenómenos cada vez más extremos de sequía o lluvias. No obstante, tales variaciones palidecen frente a lo
que puede pasar en el resto del siglo. Así está consignado en el
Informe anual del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo,
que trata el tema, y fue dado a conocer la semana pasada. Según el
estudio, con la tasa actual de crecimiento de las emisiones de dióxido
de carbono, existe el peligro de que para el año 2100, la temperatura
promedio en el globo aumente hasta cinco grados centígrados, una
variación similar a la que ocurrió durante la última era glacial,
cuando parte de Europa y América del Norte estaban cubiertas por una
capa de hielo de más de un kilómetro de espesor. Un alza de ese tenor tendría efectos claros sobre la
producción agrícola, tanto por los cambios en las precipitaciones
pluviales, como por los efectos sobre zonas vulnerables. Por ejemplo,
el PNUD calcula que las áreas propensas a la sequía en el África
Subsahariana pasarían de 60 a 90 millones de hectáreas. Como resultado
de esa situación en ese y otros puntos del globo, el número de personas
afectadas por la desnutrición podría aumentar en 600 millones para el
2080. Por su parte, la mayor escasez de agua podría afectar a 1.800
millones de habitantes del planeta. Las noticias no son mejores en las zonas costeras,
puesto que el aumento en el nivel del mar debido al deshielo en los
polos puede desembocar en el desplazamiento permanente o transitorio de
330 millones de personas a causa de inundaciones, sin hablar de la
aparición de tormentas tropicales de mayor intensidad. Esa nueva
realidad también impactaría sobre ecosistemas y diversidad, pues hasta
una tercera parte de las especies terrestres podría enfrentar la
extinción. Y en el caso de los seres humanos, habría secuelas debido a
los cambios extremos de temperatura, con el posible aumento de mayores
epidemias, ya que entre 220 y 400 millones de personas podrían verse
expuestas a enfermedades como el paludismo. Semejante letanía de desastres previsibles busca
sacudir a los líderes de un planeta en donde es necesario el acuerdo de
todos. En ese sentido, el PNUD propone una serie de medidas que
castigarían a los mayores emisores de gases, con el propósito de
estimular el desarrollo de tecnologías limpias. De lo contrario, es
evidente que los grandes perdedores serán los pobres. Tal como lo anota
el Informe, si en los países ricos uno de cada 1.500 habitantes ha sido
afectado por un desastre climático, en los menos desarrollados la
proporción es de 1 a 19. En este panorama, Colombia tiene un papel para
jugar, ya que mientras aporta apenas el 0,3 por ciento de los gases que
causan el efecto invernadero en el mundo, alberga ya el 0,8 por ciento
de los proyectos de mitigación, aceptados por la ONU. En este sentido,
las riquezas naturales y la biodiversidad del país son una inmensa
oportunidad, a pesar de las amenazas que tiene en sus zonas costeras,
en sus áreas de riesgo o en el avance de enfermedades tropicales. Hasta
la fecha, las autoridades han hecho un trabajo juicioso, pero será
necesario redoblar esfuerzos para manejar un tema que parece tan
inevitable como la noche o el día. Las evidencias crecientes sobre el calentamiento
global son un campanazo de alerta tanto para el mundo como para
Colombia, que tiene un papel para jugar en el tema".
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