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Informe sobre desarrollo humano - Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

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Catástrofe en ciernes

Inforpress Centroamericana

Inforpress Centroamericana.  28 Feb, 2008

Informe advierte que cambio climático aumentará vulnerabilidad de región a desastres

El Informe sobre Desarrollo Humano (IDH) 2007-2008, publicado a fines del año pasado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), analiza el impacto del cambio climático y advierte que sus efectos serán catastróficos si los gobiernos del mundo no actúan con celeridad para reducir drásticamente sus emisiones de carbono.

Los efectos del cambio climático, entre ellos, huracanes devastadores que ocurrirán cada vez con mayor frecuencia, serán particularmente desastrosos para regiones como América Central, donde tales fenómenos se ven agravados por la desigualdad.

El informe advierte claramente que urge replantear un modelo económico que impulsa el consumo desenfrenado y que es insostenible en términos ecológicos.

Sin embargo, la Cumbre Sobre Cambio Climático realizada en Bali, Indonesia, del 3 al 14 de diciembre del 2007, reveló que muchos países desarrollados carecen de la voluntad política para resistir la presión de los poderosos lobbys energéticos y automovilísticos y dar pasos decisivos para frenar el calentamiento global.

Los efectos del cambio climático se sufrirán en todo el planeta pero afectarán con particular intensidad a los países en desarrollo, ya que éstos carecen de los recursos adecuados para mitigar el impacto de los desastres naturales. Como señala el informe, el cambio climático es “una tragedia humana en ciernes”.

América Central, de por sí vulnerable a desastres climáticos como los huracanes, podría experimentar una intensificación de estos fenómenos ya que reúnen su fuerza del calor de los océanos y éstos se están calentando a consecuencia del cambio climático.

Amenaza para el desarrollo
Una de las conclusiones principales del IDH es que el cambio climático exacerbará la desigualdad y la pobreza en una región del mundo que ya tiene uno de los índices más grandes de inequidad.

A nivel global, también aumentará la brecha entre países desarrollados y países en desarrollo.

Según el informe, las disparidades en el desarrollo humano en el interior de un país constituyen un factor de vulnerabilidad ante los desastres que traerá el cambio climático.

Como ejemplo se cita el paso del huracán Stan en Guatemala a principios de octubre del 2005 y la manera en que la desigualdad, sobre todo entre la población indígena y no indígena, “actuó como una barrera para la pronta recuperación”.

El huracán Mitch, que azotó Honduras en 1998, es otro ejemplo. Tras el huracán, los hogares rurales pobres perdieron entre 30% y 40% de los ingresos provenientes de sus cosechas.

La pobreza aumentó 8% a nivel nacional, de 69% a 77%. Además, estos hogares perdieron entre 15% y 20% de sus activos productivos.

Honduras es uno de los países más desiguales del mundo, con un Coeficiente de Gini de distribución del ingreso (0=igualdad perfecta y 100=desigualdad perfecta) de 54, lo cual quiere decir que el 20% más pobre de la población se queda apenas con el 3% del ingreso nacional.

Esto significa que la pérdida de activos entre los pobres se traducirá en menos oportunidades de inversión, más vulnerabilidad y mayor desigualdad de ingresos en el futuro.

Mecanismos de autoseguro
Otro informe, “Cambio Climático en América Latina y el Caribe 2006”, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), señala que la región no se encuentra preparada para afrontar el problema del calentamiento global.

Advierte que se ha avanzado en cuanto a las medidas para mitigar el impacto de los desastres pero no en la adaptación a las nuevas condiciones climáticas.

Sin embargo, el IDH también señala que los países pobres no son víctimas pasivas ante los desastres y que ante la falta de acceso a seguros formales, muchas poblaciones desarrollan sus propios mecanismos de autoseguro.

Uno de ellos es acumular activos, como ganado, durante épocas normales para venderlos en tiempos de crisis. Otros son la inversión de recursos familiares en la prevención de desastres o la diversificación de la producción y de las fuentes de ingreso.

El informe cita el caso de El Salvador, donde encuestas realizadas en asentamientos urbanos bajo riesgo de inundación, revelan que las familias invierten hasta el 9% de sus ingresos en proteger sus hogares contra inundaciones y utilizan la mano de obra familiar para construir muros de retención y mantener canales de drenaje.

Los pueblos indígenas, que se verán particularmente afectados por los efectos del cambio climático, pero han sido excluidos de la mayoría de los debates sobre el tema, han practicado durante cientos de años muchos de estos mecanismos de autoseguro para adaptarse a las variaciones en los patrones climáticos.

El informe concluye que los países desarrollados, donde vive el 15 % de la población mundial pero donde se generan casi la mitad de las emisiones de CO2, debe asumir sus responsabilidades frente a los países en desarrollo, reduciendo sus emisiones en por lo menos 80% con reducciones de 30% de aquí al 2020, e invirtiendo mayores fondos para prevenir y mitigar los desastres naturales en los países en desarrollo.

Aunque es justo que aquellos países que contaminan más se hagan responsables por los efectos del calentamiento global, podría argumentarse que los gobiernos del istmo también deberían replantear el impacto ambiental de sus políticas energéticas.

En vez de protegerse contra el cambio climático, muchas de las políticas de los gobiernos del istmo tienden a exacerbar el problema.

El investigador Gian Carlo Delgado Ramos, de la Universidad Autónoma Metropolitana de Azcapotzalco, México, argumenta que los proyectos hidroeléctricos que han sido impulsados en toda Mesoamérica como parte del Plan Puebla Panamá (PPP), han sido erróneamente etiquetados como amigables para el ambiente.

Según el investigador, los embalses contribuyen al calentamiento global ya que la vegetación y demás materia orgánica inundada se descompone generando grandes cantidades de dióxido de carbono y metano.

El Informe sobre Desarrollo Humano (IDH) 2007-2008, publicado a fines del año pasado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), analiza el impacto del cambio climático y advierte que sus efectos serán catastróficos si los gobiernos del mundo no actúan con celeridad para reducir drásticamente sus emisiones de carbono.

Los efectos del cambio climático, entre ellos, huracanes devastadores que ocurrirán cada vez con mayor frecuencia, serán particularmente desastrosos para regiones como América Central, donde tales fenómenos se ven agravados por la desigualdad.

El informe advierte claramente que urge replantear un modelo económico que impulsa el consumo desenfrenado y que es insostenible en términos ecológicos.

Sin embargo, la Cumbre Sobre Cambio Climático realizada en Bali, Indonesia, del 3 al 14 de diciembre del 2007, reveló que muchos países desarrollados carecen de la voluntad política para resistir la presión de los poderosos lobbys energéticos y automovilísticos y dar pasos decisivos para frenar el calentamiento global.

Los efectos del cambio climático se sufrirán en todo el planeta pero afectarán con particular intensidad a los países en desarrollo, ya que éstos carecen de los recursos adecuados para mitigar el impacto de los desastres naturales. Como señala el informe, el cambio climático es “una tragedia humana en ciernes”.

América Central, de por sí vulnerable a desastres climáticos como los huracanes, podría experimentar una intensificación de estos fenómenos ya que reúnen su fuerza del calor de los océanos y éstos se están calentando a consecuencia del cambio climático.

Amenaza para el desarrollo
Una de las conclusiones principales del IDH es que el cambio climático exacerbará la desigualdad y la pobreza en una región del mundo que ya tiene uno de los índices más grandes de inequidad.

A nivel global, también aumentará la brecha entre países desarrollados y países en desarrollo.

Según el informe, las disparidades en el desarrollo humano en el interior de un país constituyen un factor de vulnerabilidad ante los desastres que traerá el cambio climático.

Como ejemplo se cita el paso del huracán Stan en Guatemala a principios de octubre del 2005 y la manera en que la desigualdad, sobre todo entre la población indígena y no indígena, “actuó como una barrera para la pronta recuperación”.

El huracán Mitch, que azotó Honduras en 1998, es otro ejemplo. Tras el huracán, los hogares rurales pobres perdieron entre 30% y 40% de los ingresos provenientes de sus cosechas.

La pobreza aumentó 8% a nivel nacional, de 69% a 77%. Además, estos hogares perdieron entre 15% y 20% de sus activos productivos.

Honduras es uno de los países más desiguales del mundo, con un Coeficiente de Gini de distribución del ingreso (0=igualdad perfecta y 100=desigualdad perfecta) de 54, lo cual quiere decir que el 20% más pobre de la población se queda apenas con el 3% del ingreso nacional.

Esto significa que la pérdida de activos entre los pobres se traducirá en menos oportunidades de inversión, más vulnerabilidad y mayor desigualdad de ingresos en el futuro.

Mecanismos de autoseguro
Otro informe, “Cambio Climático en América Latina y el Caribe 2006”, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), señala que la región no se encuentra preparada para afrontar el problema del calentamiento global.

Advierte que se ha avanzado en cuanto a las medidas para mitigar el impacto de los desastres pero no en la adaptación a las nuevas condiciones climáticas.

Sin embargo, el IDH también señala que los países pobres no son víctimas pasivas ante los desastres y que ante la falta de acceso a seguros formales, muchas poblaciones desarrollan sus propios mecanismos de autoseguro.

Uno de ellos es acumular activos, como ganado, durante épocas normales para venderlos en tiempos de crisis. Otros son la inversión de recursos familiares en la prevención de desastres o la diversificación de la producción y de las fuentes de ingreso.

El informe cita el caso de El Salvador, donde encuestas realizadas en asentamientos urbanos bajo riesgo de inundación, revelan que las familias invierten hasta el 9% de sus ingresos en proteger sus hogares contra inundaciones y utilizan la mano de obra familiar para construir muros de retención y mantener canales de drenaje.

Los pueblos indígenas, que se verán particularmente afectados por los efectos del cambio climático, pero han sido excluidos de la mayoría de los debates sobre el tema, han practicado durante cientos de años muchos de estos mecanismos de autoseguro para adaptarse a las variaciones en los patrones climáticos.

El informe concluye que los países desarrollados, donde vive el 15 % de la población mundial pero donde se generan casi la mitad de las emisiones de CO2, debe asumir sus responsabilidades frente a los países en desarrollo, reduciendo sus emisiones en por lo menos 80% con reducciones de 30% de aquí al 2020, e invirtiendo mayores fondos para prevenir y mitigar los desastres naturales en los países en desarrollo.

Aunque es justo que aquellos países que contaminan más se hagan responsables por los efectos del calentamiento global, podría argumentarse que los gobiernos del istmo también deberían replantear el impacto ambiental de sus políticas energéticas.

En vez de protegerse contra el cambio climático, muchas de las políticas de los gobiernos del istmo tienden a exacerbar el problema.

El investigador Gian Carlo Delgado Ramos, de la Universidad Autónoma Metropolitana de Azcapotzalco, México, argumenta que los proyectos hidroeléctricos que han sido impulsados en toda Mesoamérica como parte del Plan Puebla Panamá (PPP), han sido erróneamente etiquetados como amigables para el ambiente.

Según el investigador, los embalses contribuyen al calentamiento global ya que la vegetación y demás materia orgánica inundada se descompone generando grandes cantidades de dióxido de carbono y metano.

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