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Informe sobre desarrollo humano - Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

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Informe 2013

El ascenso del Sur: Progreso humano en un mundo diverso
está disponible para su descarga gratuita

Discurso de Kemal Derviş
Administrator of the United Nations Development Programme

UNDP

Su Excelencia, Sr. Presidente Lula da Silva; Sr. Celso Amorim, Ministro de Asuntos Exteriores; Sr. Patras Ananias, Ministro de Desarrollo Social; Sra. Leire Pajín, Secretaria de Estado; Sr. Sergio Rezende, Ministro de Ciencia y Tecnología; Sra. Marina Silva, Ministra de Medio Ambiente; Sr. Kevin Watkins, Director de la Oficina encargada del Informe sobre Desarrollo Humano, distinguidos invitados, señoras y señores.

Es un verdadero honor estar aquí en Brasilia para la presentación mundial del Informe sobre Desarrollo Humano 2007/2008 titulado “La lucha contra el cambio climático: solidaridad frente a un mundo dividido”. Me gustaría comenzar por agradecer sinceramente al Presidente Lula y al Gobierno de Brasil por ser los corteses anfitriones de este evento. Éste es sólo otro ejemplo del compromiso que ha contraído Brasil para contribuir a hacer frente a uno de los desafíos más apremiantes de nuestros tiempos: el cambio climático y sus implicaciones para el desarrollo humano.

I. La ciencia en el cambio climático

Como todos sabemos, el cambio climático es un hecho con fundamentos científicos. Y como la comisión del Premio Nobel de la Paz reconoció en octubre, el trabajo del Grupo Intergubernamental de expertos sobre Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de las Naciones Unidas ha sido muy importante en los dos últimos decenios —como se indica en su Informe de síntesis— para crear un consenso mucho más amplio sobre la magnitud de los cambios ocurridos en el clima mundial, la conexión entre las actividades humanas y el cambio climático y los efectos de este cambio.

Si bien no es fácil predecir el impacto exacto de la emisión de gases de efecto invernadero, hoy sabemos lo suficiente como para reconocer que existen grandes riesgos y que algunos son potencialmente catastróficos. Entre estos riesgos se incluyen el derretimiento de los mantos de hielo de Groenlandia y de la Antártida Occidental (lo que podría dejar a varios países debajo del agua), la pérdida masiva de la biodiversidad y cambios en el curso de la corriente del Golfo que podría alterar seriamente la pautas meteorológicas y constituir un riesgo para toda la humanidad.

Tal como aclara el Informe sobre Desarrollo Humano 2007/2008, las acciones humanas que tienen un efecto sobre el cambio climático traen consecuencias que perdurarán un siglo o más. Los gases termoactivos que enviamos a la atmósfera en 2008 permanecerán allí hasta 2108 y aun más tiempo. La parte de ese cambio causada por las emisiones de gases de efecto invernadero no puede revertirse en el futuro inmediato. Por lo tanto, las decisiones que hoy nosotros tomamos como comunidad global que comparte un único planeta afectarán nuestras vidas pero aún más la de nuestros hijos y sus descendientes.

La verdadera preocupación por los efectos del cambio climático en las generaciones futuras nos obliga a actuar inmediatamente. Sabemos que el peligro existe. Sabemos que el daño ocasionado por las emisiones de gases de efecto invernadero será irreversible a largo plazo. Y sabemos que el daño aumenta con cada día de inacción. Hacer algo ahora es una forma de implementar un plan de previsión contra posibles pérdidas masivas. Aunque es cierto que no sabemos con certeza la probabilidad total de esas pérdidas ni tenemos precisiones sobre cuándo ocurrirán, esto no debe ser un argumento para no implementar ese plan de previsión.

II. Riesgos y vulnerabilidad para las personas más pobres

Si estas amenazas a largo plazo no fueran una razón suficiente para actuar y para hacerlo rápidamente, la realidad indica que el cambio climático ya ha comenzado a afectar a algunas de las comunidades más pobres y vulnerables del mundo. Un aumento promedio de tres grados centígrados de la temperatura mundial (en comparación con las temperaturas de la era preindustrial) en los próximos decenios resultarán en un rango de aumentos localizados que podrían ser doblemente superiores en algunos lugares. El efecto de los aumentos de las sequías, los fenómenos meteorológicos extremos, las tormentas tropicales y los incrementos del nivel del mar en grandes zonas de África, en pequeños estados insulares y en las zonas costeras durarán toda nuestra vida. La mayor exposición a las sequías, inundaciones y tormentas ya está destruyendo las oportunidades y profundizando las desigualdades. Por eso, si bien el cambio climático es un desafío para todos, lo es de manera primordial e inmediata para los países en desarrollo de las latitudes inferiores que tendrán que hacer frente al impacto del calentamiento global, ya no dentro de algunos siglos, sino dentro de algunos decenios.

Mientras que muchos países en desarrollo han avanzado significativamente en materia de desarrollo humano, con millones de personas que emergen de la pobreza cada año, los conflictos violentos, la falta de recursos, la coordinación insuficiente y las políticas ineficaces continuarán ralentizando el progreso, en particular en África. Es cada vez más evidente que el desafío que plantea el cambio climático también obstaculizará el desarrollo. Debemos, por lo tanto, concebir la lucha contra la pobreza y contra los efectos del cambio climático como iniciativas interrelacionadas que se fortalecen mutuamente y en las que es preciso lograr la victoria, en forma conjunta, desde ambos frentes.

III. Estrategias para la adaptación al cambio climático y la mitigación de sus efectos

Afrontar con eficacia los retos que plantea el cambio climático dependerá, por tanto, de la adaptación a los efectos del calentamiento global ya que afectará a los países más pobres de manera significativa aunque los esfuerzos por reducir las emisiones comiencen de inmediato. Los países tendrán que desarrollar sus propios planes de adaptación, pero la comunidad internacional deberá asistirlos.

Mientras luchamos por la adaptación, debemos también comenzar a reducir las emisiones y tomar otras medidas de mitigación para que los cambios irreversibles que ya están en proceso no se exacerben aún más durante los próximos decenios. Si las acciones de mitigación no se implementan ahora, el costo de la adaptación en veinte o treinta años será prohibitivo para los países más pobres. Estabilizar las emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el cambio climático es, por lo tanto, una estrategia de prevención que vale la pena para todo el mundo, incluidas las naciones más ricas. También constituye un camino esencial en nuestra lucha global contra la pobreza y para lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Por lo tanto, convoco a todos los líderes del mundo a dar prioridad a las políticas climáticas con el doble propósito de limitar el cambio climático futuro y ayudar a los más vulnerables a adaptarse a lo que ya es inevitable.

Existen algunas políticas concretas que pueden ponerse en práctica para lograr esos objetivos.

IV. Acción a nivel nacional y cooperación internacional

En primer lugar, no hay dudas de que necesitamos grandes cambios y nuevas políticas ambiciosas. En segundo lugar, si bien con el tiempo habrá grandes beneficios como resultado de la puesta en marcha de acciones relativas al cambio climático, al comienzo, como en toda inversión, habrá costos considerables a corto plazo. Esto requerirá un tipo de liderazgo que trascienda los ciclos electorales, mediante el cual las sociedades deberán acordar afrontar los costos tempranamente para poder cosechar las ganancias a largo plazo, incluidos los cambios de elecciones relacionados con el estilo de vida. Un cambio de estilo de vida tiene que ver con los medios de transporte personales que requieren un consumo de petróleo mayor que el de cualquier otra actividad y es la fuente de emisión de CO2 que crece más rápidamente. Como pone de manifiesto el Informe, tanto los países desarrollados como aquellos en desarrollo necesitan cambiar las mezclas de combustibles utilizados en el sector de transporte para alinear las políticas con los presupuestos de carbono. Tengo el placer de comentarles que Brasil constituye uno de los ejemplos más exitosos de esta política, ya que un tercio del sector de transporte del país funciona hoy con un combustible de etanol basado en el azúcar, el biocombustible más limpio y más barato desarrollado en los últimos decenios.

Quisiera también agregar que aunque la transición hacia las energías y los estilos de vida que protegen el clima tendrán esos costos a corto plazo, también habrá beneficios económicos más allá de lo que se logre mediante la estabilización de las temperaturas. Me gustaría referirme a los beneficios que probablemente se logren a través de mecanismos keynesianos y schumpeterianos en los que los nuevos incentivos a la inversión masiva estimulan la demanda general y traen aparejada mayor innovación y productividad en una amplia gama de sectores. Si bien no podemos predecir totalmente la magnitud de esos efectos, el hecho de tenerlos en cuenta permitiría lograr una mayor relación costo-beneficio en la implementación de políticas climáticas efectivas.

Tercero, existe un mayor consenso de que para formular políticas efectivas es preciso tener en cuenta los peligros que ocasiona la excesiva dependencia de los controles burocráticos. Mientras que el liderazgo de los gobiernos será esencial para corregir la gran externalidad que supone el cambio climático, los mercados y los precios deberán ponerse en acción para que las decisiones del sector privado se orienten de manera más natural hacia la toma de decisiones eficaces en materia de inversión y producción. La utilización de mecanismos de fijación de precios es mucho más eficaz que tratar de utilizar controles burocráticos. Por ejemplo, el precio de lo que debería ser la esencia de las políticas de mitigación (el carbono y los gases equivalentes al carbono) deberá establecerse conforme al costo social que su uso implique.

El reto más difícil en materia de políticas públicas está relacionado con el desafío que supone la distribución. Aquellos que han sido los mayores causantes del problema, es decir, las naciones ricas, no serán los que más sufrirán en el corto plazo. Los más vulnerables son los pobres, quienes no contribuyeron ni contribuyen significativamente en la actualidad a la emisión de gases de efecto invernadero. Las naciones pobres que no han sido históricamente responsables de las emisiones de carbono, no obstante, deben lidiar con los mayores impactos del cambio climático por su cuenta. En los países en desarrollo, una de cada 19 personas han sido afectadas por desastres naturales entre 2000 y 2004. Por el contrario, en las naciones ricas, sólo una de cada 1500 personas se han visto afectadas. La diferencia principal es que los países desarrollados tienen los medios y los recursos suficientes para procurarse infraestructura a prueba de fenómenos climáticos. Entre las sociedades más ricas y las más pobres hay muchos países de medianos ingresos se están transformando en emisores significativos en términos agregados, pero que no han contraído la misma deuda de carbono con el mundo que la que han acumulado los países ricos; además, en términos per cápita, aún siguen siendo países con bajas emisiones. Las naciones ricas deben asumir sus responsabilidades y contribuir al aumento de los costos que implica movilizar a los países de medianos ingresos hacia la senda del crecimiento con energía limpia.

Finalmente, aquellos que se benefician de un bien público mundial deben contribuir a su financiación. Como alberga la mayor selva pluvial amazónica, Brasil es consciente del gran tesoro que posee y que beneficia a toda la humanidad. Los bosques de todo el mundo proporcionan una amplia gama de bienes públicos mundiales, entre los cuales está el clima. Los países desarrollados podrían brindar su apoyo a través de fuertes incentivos para la conservación mediante contribuciones financieras destinadas a la preservación y el mantenimiento de estos bienes. Los mecanismos multilaterales para implementar esas transferencias deben desarrollarse como parte de una estrategia amplia para la provisión de bienes públicos mundiales. Es por ello que he abogado por añadir un componente de ayuda concesionaria por parte de instituciones financieras como el Banco Mundial o los bancos regionales de desarrollo a los recursos financieros públicos disponibles para los países de medianos ingresos como Brasil.

Como subraya el Informe, tenemos la gran oportunidad de evitar los impactos más nocivos del cambio climático, pero esta oportunidad no estará vigente por mucho tiempo. Las acciones que se tomen o que se omitan en los años próximos repercutirán profundamente en el rumbo futuro del desarrollo humano.

Si no se aprovecha esta oportunidad, como consecuencia de los aumentos de temperatura superiores a dos grados centígrados, las Bahamas podrían quedar debajo del agua, se perdería hasta un sesenta por ciento de la producción de los cultivos de maíz de secano en México de los cuales dependen dos millones de granjeros pobres, desaparecerían los glaciares que proporcionan el ochenta por ciento del agua potable de muchas ciudades peruanas y aumentarían los casos de dengue en zonas de Latinoamérica donde esta epidemia ya se ha erradicado.

Al mundo no le faltan ni los recursos económicos ni las capacidades para desarrollar la tecnología necesaria para actuar. Lo que falta es un sentido de apremio, de solidaridad humana y de interés colectivo.

La conferencia sobre el cambio climático de las Naciones Unidas que comenzará la semana próxima en Bali, Indonesia, es una oportunidad única para situar las preocupaciones de las personas más pobres y más vulnerables del mundo en el centro de la lucha contra el cambio climático. Es posible que no se llegue a un acuerdo inmediato en todos los temas. Pero es muy importante lograr el consenso suficiente para tomar algunas medidas políticas decisivas que son necesarias.

Aunque aún vivimos en un mundo donde existen enormes brechas de riqueza y oportunidad entre las personas, aprovechemos la oportunidad que existe de proteger lo que tenemos en común: el planeta Tierra. Porque, a fin de cuentas, nuestros destinos están inextricablemente entrelazados.

Muchas gracias.

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