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Este informe rompe esquemas al aplicar un enfoque de desarrollo humano al estudio de la migración

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1992: Un mundo desigual

OIDH

El IDH 1992 se lanzó el 23 de abril en Río de Janeiro bajo el título  Una nueva visión sobre desarrollo humano internacional, justo antes de la Cumbre de la Tierra que se celebró en junio de 1992. Fue uno de los primeros ejemplos de los IDH publicados justo antes de un evento trascendente. Una de las principales cuestiones que trató el informe vinculadas con la Cumbre de la Tierra fue la importancia de lograr un desarrollo sostenible.

“El clamor por un desarrollo sostenible no es simplemente un llamado a la protección ambiental. El desarrollo sostenible implica un nuevo concepto de crecimiento económico, que provee justicia y oportunidades para toda la gente del mundo, y no sólo para unos pocos privilegiados, sin destruir aún más los recursos naturales finitos del mundo ni poner en entredicho la capacidad de sostenimiento de la Tierra.”

El informe dejó constancia de las desigualdades existentes en desarrollo humano, por ejemplo, poniendo sobre la mesa que el 20% de la población más pudiente percibía unos ingresos 150 veces superiores que el 20% más pobre. El informe demostró que el crecimiento económico global raramente llega a los más pobres y que los diez  países con más del 70% de los pobres del mundo sólo recibían el 25% de la ayuda global. Al adentrarse más en la cuestión, sacó a la luz que sólo el 6,5% de la Ayuda Internacional al Desarrollo tenía como objetivo cubrir las necesidades humanas prioritarias como educación, asistencia sanitaria primaria, agua potable, planificación familiar y alimentación.

El informe sugirió que “finalizada la guerra fría, con un descenso en los gastos militares, con la expansión de la libertad económica y política y con una concientización cada vez mayor de la opinión pública en lo referente a los temas ambientales, el mundo tiene ahora una oportunidad única de romper en gran parte con el pasado.” Básicamente, lo que sugirió fue que se debería sacar provecho de lo que el  IDH de 1992 y los anteriores vinieron a denominar ‘dividendo de la paz’.

El IDH 1992 hizo un llamamiento para realizar inversiones masivas en las personas y fortalecer las capacidades tecnológicas nacionales. Asimismo abogó por lograr un ‘pacto internacional’ entre los países ricos y pobres para así reducir las desigualdades antes de 2000.

El informe propuso crear Honestidad Internacional, siguiendo la línea de Amnistía Internacional. A pesar de que el proyecto no llegó a materializarse, un año más tarde se fundó Transparencia Internacional para luchar contra la corrupción.

Se creó un Índice de Libertad Política (ILP) agregado a modo de compromiso con el controvertido Índice de Libertad Humana (ILH) del IDH 1991. El ILP no clasificó a los países, sino que agrupó las libertades políticas por niveles de desarrollo humano, como bajo, medio y alto. Sin embargo, esta medida también encontró trabas, por lo que se decidió abandonarlo poco después.

El informe tuvo más éxito al presentar una clasificación sobre las cuestiones de género. Se denominó Índice de Desarrollo ajustado por Género (IDG) y demostró las disparidades existentes en el HDI entre varones y mujeres en los 33 países para los que se disponía de datos. Fue el precursor de lo que luego se llamaría Índice de Desarrollo ajustado por Género (IDG) y que fue presentado en el IDH 1995.

A pesar de que no resulte fácil acceder a los archivos de noticias de la época, un vistazo a los ejemplos sobre la cobertura dada por los medios permite hacerse una idea de la acogida que tuvo el informe.

Un artículo de The Guardian que analizaba el informe en profundidad indicó:

“Los mercados son el medio. El desarrollo humano el fin. Todos aquellos que abogan por el libre mercado y crean que el comercio mundial es la respuesta mágica a la desigualdad Norte-Sur deberían llevar un letrero con  estas afirmaciones incluidas en el reciente Informe sobre Desarrollo Humano. Una vez más, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo ha utilizado su informe anual para recordarnos una verdad evidente. Cuando los mercados mundiales se vuelven completamente libres y abiertos, trabajan en beneficio del más fuerte. ‘Los países en desarrollo ingresan al mercado en calidad de socios desiguales y salen con recompensas iguales’. Esperemos que nadie bostece de aburrimiento al repetir estos datos esenciales y estremecedores.”

The San Francisco Chronicle afirmó que “el informe ha culpado a la diferencia de ingresos de las políticas de los países en desarrollo, incluyendo las restricciones sobre las exportaciones y el desplazamiento de la mano de obra, la ayuda internacional inadecuada y mal asignada, la carga de la deuda y la impotencia del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional para solucionar el problema.”

Cada vez más, los medios mencionaban el Índice de Desarrollo Humano (HDI) e, incluso, le dedicaban artículos al propio índice, tal y como lo hicieron The Financial Times, The Globe and Mail y The Guardian. En cierto sentido, el HDI adquirió una mayor relevancia y estos artículos optaron por incluir clasificaciones de los países sin definir lo que era el HDI. El índice se convirtió  una herramienta con la que los diarios criticaban la actuación de un gobierno. The Times (Reino Unido), por ejemplo, simplificó sobremanera el HDI en el artículo titulado “These Happy Isles” ("Estas islas felices"), en el que se debatía sobre la "calidad de vida".

En relación a la libertad política y la eliminación del ILH, The Straits Times apuntó:

“El Informe sobre Desarrollo Humano del año pasado incluyó una  clasificación en la que muchas naciones en desarrollo recibieron una puntuación baja debido a criterios como la posibilidad de celebrar elecciones libres, lo justo de los sistemas jurídicos y la igualdad para todos, incluyendo mujeres y homosexuales. La mayoría de las naciones en desarrollo quisieron deshacerse de este índice apoyado por occidente y, por el momento, lo han conseguido. El informe de este año ha incluido un debate sobre 'libertad política y desarrollo humano", pero se ha preferido omitir cualquier clasificación, hecho que se argumenta diciendo que 'evidentemente, hace falta investigar mucho antes de elaborar un índice de libertades políticas que sea aceptado por todos'.” 

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