El Índice de Desarrollo Humano (IDH) de 2012 muestra un importante progreso. En las últimas décadas, países de todo el mundo se han encaminado hacia niveles más altos de desarrollo humano. El ritmo de progreso del IDH ha sido más rápido en países ubicados en las categorías inferiores y centrales de desarrollo humano. Se trata de una buena noticia. No obstante, para progresar se necesita más que una mejora promedio en el IDH. No es deseable ni sostenible que el crecimiento del IDH esté acompañado por una creciente desigualdad en los ingresos, patrones insostenibles de consumo, elevado gasto en defensa y escasa cohesión social.
La equidad es un elemento fundamental para el desarrollo humano. Todas las personas tienen derecho a vivir una vida gratificante, acorde a sus propios valores y aspiraciones. Nadie debería estar condenado a vivir una vida breve o miserable por ser de una clase social o país “equivocado”, pertenecer a una raza o a un grupo étnico “equivocado”, o ser del sexo “equivocado”. La desigualdad reduce el progreso en desarrollo humano y, en algunos casos, podría impedirlo por completo. En las últimas dos décadas, a nivel mundial se han producido reducciones mucho más grandes en la desigualdad en salud y educación que en ingresos (figura 4). En casi todos los estudios, se advierte que la desigualdad en ingresos a nivel mundial es alta, aunque no hay consenso respecto de tendencias recientes.