La Republica
Por Fernando Eguren
Director ejecutivo de Cepes
En
marzo pasado se celebró en Estambul el quinto Foro Mundial del Agua.
Reunió a 33 mil participantes de 182 países. La importancia de este
evento ha ido creciendo paralelamente a la toma de conciencia y a la
mayor información sobre lo que ya se llama “la crisis del agua”.
La
preocupación no es para menos. Según el informe anual de The World
Watch Institute (State of the World 2008), dentro de apenas 15 años
tres cuartas partes de la población mundial se enfrentarán a una
situación de escasez de agua. Actualmente, el 40% de la población
mundial vive en esa situación.
La agricultura es una usuaria
primara del agua –80% en el Perú–y está en el corazón del desafío de la
gestión del recurso. Según dicho informe mientras que la persona
promedio requiere de dos a cinco litros de agua para beber, la huella
hídrica promedio del consumo personal diario de alimentos es de unos 3
000 litros. Una hamburguesa – tan sólo una – requiere 2300 litros de
agua, tomando en cuenta lo que se usa para producir maíz y alimentar al
ganado; un vaso de leche tiene detrás 200 litros y una camiseta de
algodón, 4100 litros. Estudios en profundidad sugieren que si no hay
cambios reales en la manera en la que el mundo produce alimentos y
gestiona el medio ambiente, hacia el 2050 podría no haber suficiente
agua para producir los alimentos que se necesiten.
En el Perú
la preocupación por la disponibilidad del agua también es creciente.
Una expresión de ello fue el Foro Nacional “Agua: Políticas, Conflictos
y Consensos” organizado por IPROGA, la PUCP y otras entidades, los días
7 y 8 de septiembre. No por conocida deja de ser impactante la
información difundida en el foro de que el 98% del agua superficial
está en la vertiente del Atlántico, en donde solamente vive un tercio
de la población, mientras que el 2% del agua en la vertiente del
Pacífico debe satisfacer las necesidades de los otros dos tercios. Es
también impactante la velocidad de deglaciación actual en nuestras
cordilleras, que alimentan varios ríos importantes. Es particularmente
preocupante el caso del río Santa, alimentado por los glaciares de la
Cordillera Blanca, del cual dependen tanto las decenas de miles de
hectáreas de las tierras de cultivo irrigadas por el proyecto
Chavimochic –casi en su totalidad destinadas a la exportación– como la
generación de hidroenergía.
A diferencia de otros países que
se enfrentan a la escasez física del agua, el Perú es considerado como
país en una situación de escasez económica del agua. Es decir, hay
cantidad suficiente de agua (1) para satisfacer las necesidades
humanas, pero hay limitaciones humanas, institucionales,
infraestructurales o financieras que previenen a la población de
acceder a ella.
Pero quién accede al agua y quién no, depende
de muchos factores. El Informe sobre Desarrollo Humano del PNUD de 2006
subrayó el hecho de que la crisis del agua es un desafío a la pobreza,
la desigualdad y a las relaciones de poder desiguales, y no sólo a su
disponibilidad física (2). El 13.3% de las viviendas urbanas y el
64.9% de las viviendas rurales no tienen acceso al servicio público del
agua.
Todo esto hace que la economía política del agua sea compleja y emotiva.
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(1)
En la costa, la región más árida, la disponibilidad de agua por
habitante es 2040 m3/año. Fuente: ANA, 2009, citando a INRENA, 1995.
(2)
El 13.3% de las viviendas urbanas y el 64.9% de las viviendas rurales
no tienen acceso al servicio público del agua. Fuente: ENAHO, Continua,
2007.
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