Las enfermedades de la Tierra, las enfermedades del hombre
La Voz Digital
Hace unos años la Organización
Mundial de la Salud (OMS) estableció un día para llamar la atención
sobre los daños que ocasiona el cambio climático en la salud humana.
Para unos catastrofismo, para otros precaución sensata, lo cierto es
que sus efectos y ya se dejan notar en la salud humana. Enfermedades
respiratorias, de la piel y un incremento de las enfermedades
infecciosas con resistencia a los antibióticos de uso común, son más
que frecuentes. Son las incipientes consecuencias de un grave problema
que depende de forma exclusiva de la mano del hombre.
25.09.08 -
Estas reconsecuencias afectarán de forma desproporcionada a los
colectivos más frágiles, encabezados por la población infantil, las
personas mayores, la población con pocos recursos, los inmigrantes y
las poblaciones aisladas. La vulnerabilidad también es mayor en las
zonas que soportan enfermedades endémicas sensibles al clima, grave
escasez de agua y escasa producción de alimentos, las grandes
megalópolis y las regiones sometidas a grandes flujos migratorios
propiciados por problemas económicos, políticos y bélicos.
El cambio climático amenaza con el retroceso en la lucha contra las
enfermedades de la pobreza y con un aumento de las disparidades de los
resultados sanitarios entre los ricos y los pobres.
Según Marget Chan, responsable de la Organización Mundial de la
Salud para el cambio climático «sabemos lo que significa para la salud
un clima inestable y cambiante. Olas de calor, tormentas, inundaciones
y sequías que matan a decenas de miles de personas por año.
Enfermedades sensibles al clima como las diarreas, el paludismo y la
malnutrición proteinoenergética causan ya más de tres millones de
defunciones en el mundo. Ni siquiera estas cifras impresionantes
reflejan las devastadoras repercusiones sanitarias indirectas previstas
como consecuencia de los efectos del cambio climático en las cosechas y
la disponibilidad de agua potable en extensas zonas del planeta».
La OMS establece vínculos entre el cambio climático y la salud y
otras esferas del desarrollo, tales como el medio ambiente, la
alimentación, la energía o los transportes.
Los más pesimistas nos auguran que las repercusiones sanitarias del
cambio climático serán raramente reversibles en los próximos decenios.
El control de los vectores de enfermedades, la reducción de la
contaminación producida por los medios de transportes, fundamentalmente
los de uso privado; así como el uso eficiente de la tierra, la energía
y el agua, se han manifestado como elementos necesarios para un control
eficiente del posible desastre que se nos avecina.
En los países industrializados el uso de la bicicleta como medio de
transporte, la inercia de los sistemas de climatización y un manejo
responsable de las fuentes energéticas, bajaría la emisión de los gases
invernaderos, se mejoraría la calidad del aire y, con ello, la salud
respiratoria, y se reduciría el número de muertes prematuras
atribuibles a los problemas cardiovasculares.
Las modificaciones producidas en nuestra alimentación, unida al
patrón sedentario de comportamiento de nuestra sociedad han propiciado
que todas las enfermedades relacionas con la malnutrición cualitativa
se pongan de manifiesto sobre todo en los países del, mal llamado,
primer mundo. Medidas dirigidas a fomentar la actividad física diaria
beneficiarían, no sólo, desde el punto de vista medioambiental, sino
que reduciría la prevalencia de obesidad, una de las peores epidemias
con la que se enfrenta nuestra sociedad del bienestar. Su posible
repercusión en le gasto sanitario de aquí a unos años hace plantear
serios problemas de financiación del sistema sanitario público.
Durante el siglo XX el hombre ha liberado a la atmósfera más
anhídrido carbónico que en los últimos 500.000 años. Toda la reserva de
combustibles fósiles, carbón, petróleo, etc, que se ha ido acumulando
durante miles de años la estamos consumiendo en unas cuantas décadas.
Según el Informe sobre Desarrollo Humano 2007-2008 publicado por el
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, firmado por Pelma
Dervi y Achim Steiner, los países desarrollados ya están preparando sus
sistemas de salud pública para enfrentarse a futuras crisis climáticas,
los mayores impactos para la salud se harán sentir en los países en
desarrollo debido a los altos niveles de pobreza y a su poca capacidad
de respuesta.
La simple contaminación en lugares cerrados producida por la
utilización de combustibles sólidos, carbón, leña, excrementos de
animales, etc, provocan al año más de un millón de muertes.
La ONU alerta de que las sequías y las inundaciones son, en
general, un catalizador de problemas sanitarios amplios, incluido el
aumento de diarreas entre la población infantil, el cólera, diversos
problemas dermatológicos y la desnutrición aguda.